Los restaurantes de las riberas del río Danubio casi fueron tapados por el agua, en Budapest.

Europa Lo que la corriente se llevó

La situación en el norte de Alemania aún es peligrosa, y un nica relata cómo vivió el diluvio en Dresden. Europa central está muy golpeada, y la indómita Praga quedó abatida en su orgullo. Lo preocupante es que, según los expertos, lo que acaban de vivir los europeos son apenas pequeñas señales del futuro cambio […]

  • La situación en el norte de Alemania aún es peligrosa,
    y un nica relata cómo vivió el diluvio en Dresden. Europa central está muy golpeada, y la indómita Praga quedó abatida en su orgullo. Lo preocupante es que, según los expertos, lo que acaban de vivir los europeos son apenas pequeñas señales del futuro cambio climático. Lo que viene será peor.

Luis E. DuarteEspecial para LA [email protected]

Berlín, Alemania.- Hace mes y medio Róger Mena Monjarrez y su esposa Anke, decidieron alquilar el apartamento en la zona alta de Dresden, y no el que estaba a la orilla del río. Su hijita de doce años, Sara María, tenía que cambiarse a la escuela secundaria, y le gustó más la que quedaba en las cercanías del aeropuerto y por eso decidieron trasladarse a esa zona.

La otra vivienda estaba junto al río que hace una semana se desbordó en Dresden. Fue una suerte tejida en los más secretos rincones del destino. Mena cuenta que el apartamento que pensaban alquilar en las cercanías del río estaba en la planta baja.

“Lo hubiéramos perdido todo, porque precisamente ahí se inundó también”, exclama feliz por la buena fortuna que le trajo su pequeña.

Dresden, Dessau y Wittenberg fueron las ciudades más importantes de Alemania que resultaron dañadas por las crecidas en los ríos, entre ellos el más importante es el Elba.

Capital del estado de Sajonia, donde los daños se calculan en unos 14 mil millones de dólares, la ciudad logró salvaguardar su más importante riqueza: las obras de arte y monumentos históricos, como la famosa Ópera Semper.

Mena relató el temor que sintieron los pobladores de las zonas altas ante la posibilidad de que la ciudad perdiera las obras y monumentos por las que recibe miles de turistas al año. La gente tenía gran interés por conservar intacto su patrimonio de ciudad.

Otro caso interesante fue la fortaleza emocional que tuvieron los damnificados de seguir trabajando para construir diques con sacos de arena, para evitar la inundación en las calles.

Durante el temporal, Mena fue parte de las brigadas voluntarias que realizaron tareas preventivas contra la corriente, ayudó a llenar sacos con arena y transportarlos hacia las riberas para detener las crecidas.

Fue un poco frustrante todo ese trabajo, porque la gran tarea que se dieron miles de voluntarios como él, no sirvió de mucho, pues la corriente llevaba tanta fuerza que derribó las barricadas de sacos.

En esos días los servicios básicos se interrumpieron. ¿Se imagina una de las ciudades europeas sin luz, agua, teléfono y vías de comunicación?

Los puentes fueron bloqueados, cuatro hospitales se inundaron y tuvieron que ser evacuados, miles de familias de pueblos aledaños fueron a refugiarse a escuelas y centros comerciales. Mena había vivido el huracán Fifí en Managua en 1973, luego, algunas inundaciones en Río San Juan, pero esta vez, en daños y proporciones, no se puede comparar, quizá si hubiera vivido el Mitch, pudiera hacer una comparación.

—¿Qué es lo primero que se te viene a la mente después de todo esto?

—Me resulta admirable la manera en que los alemanes, quienes aparentemente son muy cerrados, se abrieron hacia los demás y ayudaron masivamente en esta ocasión. Había veces que los voluntarios debían ser reubicados, porque había mucha gente; a mí me pasó que varias veces llegaba a ayudar y me mandaban a otro lugar porque había suficientes hombres y mujeres.

La solidaridad fue tan grande que, incluso, personas que habían perdido todo llegaban a ayudar para que otros no corrieran la misma suerte, relató el informático nicaragüense originario de Managua y residente en Dresden desde 1986.

Ningún nicaragüense ni sus familias sufrieron pérdidas materiales.

En Sajonia se calcula que participaron unos 15 mil voluntarios, y además contaron con parte del mayor despliegue militar de emergencia de la historia alemana, unos 25 mil efectivos en todo el país.

En otros estados, como Baja Sajonia, unos 13 mil voluntarios participaron en las labores de limpieza y prevención.

En materia de donaciones se registró la mayor marca de todos los tiempos. Los alemanes particulares donaron la increíble suma de 110 millones de dólares, según el Instituto Central Alemán para Asuntos Sociales.

Junto a las donaciones de los estados federados y la industria, el dinero recolectado hasta hoy llega a los 300 millones de dólares.

En Dresden viven ahora pocos nicaragüenses, muchos llegaron durante los ochenta para estudiar, pero la mayoría trabaja en otras ciudades y estados, pasan el fin de semana en la ciudad y regresan.

Otros se han mudado definitivamente a Frankfurt, Munchen o Berlín. Algunos habitaban casas junto a los ríos, pero fueron desocupando la zona con el transcurso del tiempo. De los nicaragüenses no hay ningún damnificado.

Ramón Espinoza Castillo, neurocirujano originario de Granada, regresó a Dresden como todos los fines de semana. En esa ocasión sólo podían pasar vehículos por un puente y quería visitar a su familia, su esposa y su hija.

“Lo primero que uno piensa es en las pérdidas económicas, aquí son enormes”. Por fortuna Espinoza sabía que su casa está en una parte alta de la ciudad, muy lejos de los ríos.

En Europa ser un damnificado significa la ruina para el resto de la vida, y por fortuna el Estado ayuda directamente a las personas.

En una sociedad acostumbrada a la seguridad económica, perder casa, enseres y sobre todo cargar con la deuda de lo que se va a reconstruir, más lo que fue destruido, significa casi lo mismo que perder la vida.

Estados del norte en peligro

Aunque lo peor parece haber pasado, las cosas en Alemania continúan siendo críticas. Junto a la alerta en los estados de Baja Sajonia y el norte del país, se teme un brote epidemiológico por la contaminación de las aguas.

Los primeros análisis del Elba revelan que hay demasiado plomo y bacterias. Se considera que insectos y ratas se puedan criar en los fangos.

Hasta hoy se teme en los estados del norte alemán, una nueva ola de refugiados de las zonas aledañas al Elba, se constata, mientras tanto, que los diques y canales que protegen las carreteras y ciudades están en pésimas condiciones.

Praga después de la catástrofe

“Sólo vi las fotos de Praga inundada, ya que nada funciona aquí y el televisor nos lo destruyó el agua y casi me pongo a llorar. Los enormes daños en el casco histórico de la ciudad causados por el desbordado Río Vltava son difíciles de determinar ni calcular en términos de dinero. Estoy convencido de que la catástrofe hirió los sentimientos de todos los praguenses”, relató un jubilado de Bohemia Sur en Chequia, llamado sólo como Estanislao en Radio Praga.

Tristemente, las ciudades más hermosas de Europa Central fueron abatidas por el mal tiempo. Para los checos, ver cómo el agua destruía la ciudad fue un dolor que ni los rusos les causaron durante su intervención al final de la primavera de 1968.

Siguiendo el ejemplo de Alemania y Austria, el gobierno checo de coalición, integrado por socialdemócratas, democristianos y liberales, anunció que no aplicará un impuesto especial con motivo de las inundaciones, pero que posiblemente a partir del año entrante suban los impuestos de algunos productos y servicios.

Entre los sitios históricos dañados en Praga se encuentran el Teatro Nacional, un símbolo cultural del siglo XIX y todos los bulevares cercanos al cauce, y de los restaurantes con vista a las cuatro islas del Moldava apenas quedaba rastro.

Dresden, Dessau y Wittenberg son ciudades alemanas Patrimonio de la Humanidad. La primera es considerada por muchos como la ciudad más bella de Alemania, la segunda es la cuna de la arquitectura germana de los siglos XIX y XX, y la última es la ciudad de la Reforma luterana.

Europa: muertos y pérdidas materiales

Los gobiernos federales de Alemania han calculado los daños en unos 18 mil millones de dólares. En total hay 18 muertos en este país, y la situación de emergencia se ha extendido a dos estados del norte.

En Rusia se registra el mayor número de víctimas humanas. Fallecieron 104 personas por las inundaciones del Mar Negro durante la primera semana de agosto. Cerca de 100 mil personas fueron evacuadas, y los daños se calculan en 400 millones de dólares.

En Austria hubo siete muertos en regiones rurales. En total resultaron diez mil casas dañadas. El gobierno estima gastar 900 millones de dólares para reconstruir las viviendas afectadas.

En la República Checa trece personas perecieron, y la capital, Praga, fue muy afectada, especialmente en los barrios históricos. Las consecuencias materiales no han sido calculadas, pero se estiman en tres mil millones de dólares, sin incluir la reducción del turismo que representa uno de los mayores ingresos del país. Unas 200 mil personas fueron evacuadas durante las inundaciones, aunque la gran mayoría han regresado a sus hogares o lo que queda de ellos.

En Rumania las lluvias son constantes desde mediados de julio, y hasta hoy han provocado 12 muertes. El mal tiempo causó daños a más de la mitad de las localidades rumanas y dejó sin techo a unas tres mil personas, según datos del Ministerio para el Agua y la Protección del Medio Ambiente de ese país. Desde mediados de julio, unas 500 personas debieron ser evacuadas, y 250 kilómetros de calles, 100 puentes y más de 18 mil hectáreas de terreno cultivados resultaron dañados en todo el país. Según estimaciones de las autoridades rumanas, el balance de los daños alcanza los 55 millones de dólares.

El fin de semana antepasado en Italia, la región de Toscana padeció iguales inundaciones, y las vías de comunicación quedaron destrozadas, provocando pérdidas a la agricultura por 280 millones de dólares.

En Hungría, aunque no hubo daños, el Danubio creció hasta alcanzar más de ocho metros, pero los diques y canales llegan en esa ciudad hasta los diez metros. Sin embargo, 27 mil personas trabajaron en labores preventivas durante la subida de la corriente en Budapest.

En el este suizo se presentaron el martes fuertes tormentas que provocaron inundaciones, rupturas en la tierra y bloqueos en las líneas de tránsito.

La Unión Europea ha prometido ayudar a los países centroeuropeos, independientemente de su afiliación o no, como es el caso de Hungría, Rumania, Eslovenia y Chequia. Según el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, la cifra se acerca a los 14 mil millones de dólares.

No sólo de malos humos vienen las aguas

El tema del efecto invernadero y el calentamiento global ha sido el más discutido entre las causantes de tales catástrofes, nunca vistas en el centro del viejo continente. Se habían vivido desastres como las inundaciones de Hamburgo en 1967, pero nunca antes un fenómeno natural había alcanzado magnitudes continentales.

Culpables son las poluciones, porque desde inicios del siglo la temperatura ha aumentado entre 0.3 y 0.6 grados centígrados. Se cree que de continuar la industria su labor contaminante, para el año 2100 el incremento será de 2 grados.

“Tenemos a toda costa que evitar que el clima aumente dos grados más, pero será difícil lograrlo”, dijo el investigador alemán de fenómenos climáticos, Joachim Schellnhuber al responder a un diario sobre una medida para evitar un empeoramiento del ambiente.

“Lo que vivimos ahora son apenas pequeñas señales del futuro cambio climático. Será peor”.

Sin embargo, el Fondo de la Fauna del Mundo (WWF, World Wildlife Fund), una de las organizaciones ecologistas más importantes del mundo, sostiene que en Europa la construcción de diques y canales, junto con la deforestación, son parte de la inestabilidad en la corriente de los ríos y también causa de emergencias de mayores magnitudes.

En Europa han realizado cambios inimaginables en la hidrografía: planes hidroeléctricos, transferencia de aguas, construcción de embalses, vertido de residuos, intensificación de la agricultura, deforestación, urbanización, dragado, obras de ingeniería y variación del curso de los ríos para la prevención de inundaciones, todos factores que dañan el ecosistema.

En Dinamarca se calcula que más del 90 por ciento de la totalidad de la red fluvial ha sido alterada de alguna manera. En Austria, 30,000 kilómetros de ríos han sido regulados en los últimos 50 años.

En España, hasta 1980 construyeron más de 1,200 grandes presas, diez veces más que en la primera mitad del siglo, y en Eurasia, alrededor del 80 por ciento de los ríos se encuentran afectados por presas y otras obras de ingeniería.

En la cuenca del Río Danubio, el área total de las llanuras de inundación que se extendían a lo largo de éste y sus cinco afluentes principales, fue en una época de 41,000 kilómetros cuadrados, pero en la actualidad sólo quedan 7,845 kilómetros cuadrados.

Alrededor del 25 por ciento de los ríos de la Europa del Sur y del Este están profundamente contaminados, y en la actualidad se considera que algunos están incluso “ecológicamente muertos”, como resultado de la contaminación.

Es una lección para todos, que indica de alguna manera que no todo es dinero en este mundo.

Tierra enferma

Sobre las inundaciones, la teoría científica más aceptada es la del efecto invernadero. El profesor Bedrich Moldan, Director del Centro para el Medio Ambiente de la Universidad de Carolina, en la República Checa, dijo a Radio Praga que en el futuro ese país tendrá más lluvias torrenciales, pero a la vez más sequías, porque la tierra pierde su capacidad de retener agua.

Ganancia política

Irónicamente, el ganador de esta catástrofe es el gobierno alemán. Gerhard Schroeder, canciller por el Partido Social Demócrata (SPD), ha estado desde el inicio de las candidaturas muy abajo en las encuestas, ante su rival de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), Edmund Stoiber.

-La última encuesta, divulgada el viernes y promovida por la principal estación televisiva ARD, indica que el canciller Schroeder ha ganado dos puntos en las encuestas, gracias al buen manejo de la crisis.

-Los rivales se han quedado sin argumentos por ahora, cuando la catástrofe se ha convertido en el tema electoral. Las elecciones federales serán el 22 de septiembre, y el primer debate de candidatos será este sábado.

-El SPD es el partido de izquierda, el CDU es el partido conservador. Después de estar hace un par de semanas con casi diez puntos de diferencia, Stoiber podría irse en la corriente que arrasa todo a su paso, si no reacciona a tiempo ante la riada.

-Tarde para las propuestas, el CDU y su candidato se vieron sorprendidos ante un anuncio inesperado para ayudar a los damnificados: el Gobierno Federal detendrá por un año la reforma fiscal, para garantizar casi seis mil millones de dólares que serán destinados a la reconstrucción. Significa que no habrá reducción de impuestos, pero la mayoría de los alemanes (62 por ciento) lo considera necesario y solidario.

-Según las encuestas, el CDU tiene ahora 41 por ciento de la intención de votos, mientras el SPD el 36 por ciento.

-Los Verdes, en cambio, aliados del Gobierno, mantienen una intención de votos estática del siete por ciento, aunque el debate ecológico está también en el tapete, no han sabido sacar ganancia de la coyuntura nacional.

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