René Cárdenas [email protected]
Con respecto a los Dodgers, varios periódicos de Los Ángeles, California, reportaron que están comprometidos a pagar mediante contratos garantizados, más de $89 millones de dólares a 12 peloteros en 2003. Se cree que no requerirán de nuevo los servicios de Marquis Grissom, al son de $5 millones anuales. Grissom, en el año final de su contrato de cinco años, quiere jugar todos los días.
Los beisbolistas de Grandes Ligas bailan al son de la plata, y si no es así, que lo diga Samuelito Sosa. “Siempre he dicho que quisiera terminar mi carrera con los Cachorros”, comentó Sosa. “Pero he estado aquí por una vida y sigue siendo lo mismo todo el tiempo. Estoy en busca de un anillo (Serie Mundial) antes de retirarme. Si esto no cambia el próximo año, después de la temporada podría ser agente libre. Examinaré mis opciones con seriedad y veré que hay en el horizonte”.
Sosa puede optar por la agencia libre después de la temporada 2003, aunque sería abandonar —a los 35 años— un contrato garantizado de $37.5 millones. Supuestamente, el dominicano recibiría $16 millones en 2004, $17 millones en 2005, y en 2006, ya sea $18 millones o 4.5 millones por terminación de contrato.
Samuel, en el camino de convertirse en el primer pelotero en registrar una cadena de cinco temporadas de por lo menos 50 cuadrangulares, podría recuperar la mayor parte o quizá todo el dinero, si los Yankees, Mets, Dodgers o Rockies se interesaran por sus servicios.
Los negociadores del béisbol regresaron a la mesa de discusiones el lunes, pero evitaron tratar los temas significativos y difíciles que causaron una ruptura en las pláticas, y que la Unión de Jugadores estableciera la fecha tope (30 de agosto) para declararse en huelga.
De seguro las pláticas intensificarán el paso entre más se aproxime la fecha, pero por el momento, ambas partes acordaron observar un período de calma de quizás solamente un día.
Todos los tópicos que trataron el lunes fueron considerados de poca importancia. Por el momento, los dos grupos están aferrados sobre el impuesto a planillas de pago o “impuesto de lujo”.
No se ha logrado alcanzar un acuerdo con respecto a compartir utilidades, pero los dos bandos lograron progresar lo suficiente como para decir que las diferencias están a la vuelta de la esquina.
Los peloteros dicen que el “impuesto de lujo” es una especie de tope salarial y, por ende, se oponen rotundamente. Propusieron un impuesto más bajo, pero los propietarios quieren uno que limite a los equipos ricos la facilidad de invertir en salarios extravagantes.
Es columnista independiente, contratado por los Astros.