“El mercado necesita un policía”

Cree que los nicaragüenses cometen el error de dedicarle más tiempo a la discusión de los problemas que a la observación de las oportunidades. Hans-Rimbert Hemmer es un economista alemán que le ha dado la vuelta al mundo y afirma que los habitantes de Asia actúan con más optimismo que los de Latinoamérica y, por […]

  • Cree que los nicaragüenses cometen el error de dedicarle más tiempo a la discusión de los problemas que a la observación de las oportunidades. Hans-Rimbert Hemmer es un economista alemán que le ha dado la vuelta al mundo y afirma que los habitantes de Asia actúan con más optimismo que los de Latinoamérica y, por eso, aprovechan más la globalización de la economía.

Douglas Carcache [email protected]

Es un economista al que le gusta contar cuentos. Parece que siempre tiene a mano una anécdota o una imagen, para explicar sus tesis; y es lo que ha aprendido como profesor universitario, desde 1971, y de innumerables viajes a los diferentes continentes, en especial a África, Asia y América Latina, desde hace 40 años.

Pasó por Nicaragua, rumbo a Costa Rica, en un periplo de charlas sobre la globalización, auspiciado por la Fundación Konrad Adenauer; y en un receso dijo a LA PRENSA que en la carrera de la globalización hay quienes hacen trampas y todavía nadie los amonesta.

¿A quiénes amenaza la globalización?

La globalización es una carrera internacional, de 10 mil metros, por ejemplo, y hay corredores rápidos y otros que son lentos. Algunos al comienzo son lentos y luego aceleran; en cambio hay otros que comienzan corriendo muy rápido pero después desaceleran. Mientras todos lleguen a la meta, no es tan grave. Hay otros que tienen una estrategia equivocada y nunca llegan a la meta. Nos preguntamos qué podemos hacer para ayudarle a ésos que no alcanzan la meta. Esos corredores tienen que entrenarse más y mejorar su estrategia para llegar a la meta. La otra alternativa es que no sigan corriendo, sino decirles: ‘Mira, una carrera de 10 mil metros no es para vos, así que busca otro tipo de deporte’. Para esto le voy a buscar un entrenador en ese nuevo deporte, para que aprenda a hacerlo bien y a lo mejor allí va a tener éxito. Ese deportista necesita un entrenador y ése es el papel que puede jugar el Estado.

¿Quién es el árbitro de esa competencia?

El mercado. Pero cuando ese corredor no logra llegar a la meta y pierde la carrera, no es culpa del mercado. Es problema del mismo corredor porque no se entrenó adecuadamente. También es cierto que hay corredores que usan métodos no muy correctos y a esos habría que descalificarlos. Allí tenemos un problema porque en el plano mundial todavía no tenemos las condiciones para descalificar a ésos que hacen trampas. A la cabeza de la carrera van tres corredores que van metiendo fouls, metiendo codos, qué sé yo qué más. Pero si yo como corredor tengo una buena estrategia, no voy a tratar de aventajarlos, sino que voy a quedar detrás de ellos y espero a que entre sí se destacen. Entonces, no voy a ser el primero en llegar a la meta, pero sí voy a llegar. A los otros, les puede suceder que se caigan y pierdan.

¿Quién debería regular a los que hacen trampas?

Lo importante es que el mercado debe poder trabajar y funcionar tranquilamente, sin intervención, pero el Estado debe crear las condiciones para que opere correctamente. Por eso a nivel nacional hay numerosas instituciones que pueden intervenir para crear la competencia necesaria, pero a nivel internacional faltan, no existen esas condiciones ni esas instituciones que regulen las políticas. Es muy importante que la comunidad internacional cree esas instituciones. La Organización Mundial de Comercio (OMC) debe ser ampliada para que regule esas políticas internacionales. Mientras eso no suceda, en algunas áreas seguiremos estando como en el salvaje oeste.

¿Falta un policía para el mercado?

Sí. Además, ese policía tiene que tomar medidas contra los fuertes, que probablemente no van a ser muy aceptadas, pero precisamente ésa es la tarea de la policía. No es defender a los fuertes, sino a los débiles.

Todo indica que los débiles son más, cada vez…

Hace diez años que me dedico, de forma intensa, a buscar alternativas para la reducción de la pobreza y lo interesante, cuando hablamos de su erradicación, es que muchas veces ya sabemos qué es lo que hay que hacer y cómo lo tenemos que hacer, pero las élites no nos permiten hacerlo.

¿Qué sugiere hacer con las élites?

Tenemos que convencer a esas élites de que la reducción de la pobreza hay que lograrla para su propio beneficio, porque si no la disminuimos nos va a conducir a un deterioro social, a un desastre, y a lo mejor en algún momento a una revolución. Así que tenemos que despertar en ellos la necesidad o el instinto de supervivencia.

¿Cuál es su conclusión más triste en estos diez años?

Que aquellos países en que el Estado hace transferencias directas a los pobres, a largo plazo son los que se mantienen en la pobreza. A menudo la buena intención se contradice con la buena acción, la acción correcta.

¿Y la conclusión más optimista?

Lo positivo es que los países que registran un crecimiento económico son los que participan activamente en la globalización. Se logra reducir la pobreza más en estos países que en aquéllos que se cierran, que cierran sus puertas.

¿Qué le atrajo de la opinión de los nicaragüenses?

Existe una posición similar a la de muchos países latinoamericanos. En los años 1990 estuve en muchas ocasiones en Asia y cuando les hablé de la globalización, me dijeron que estaban al tanto de las oportunidades y preguntaban qué hacer para poner manos a la obra. En cambio en Latinoamérica no me preguntan tanto por las oportunidades, sino sobre los problemas y los riesgos; y empiezan a trabajar hasta que han terminado de discutir sobre todos los problemas.

¿Qué tiene de malo eso?

Que nunca vamos a terminar de discutir los problemas. Me parece que es parte de la cultura latinoamericana discutir mucho acerca de problemas y mantener ese debate vivo en lugar de empezar a actuar. En Asia, lo que hacen es poner manos a la obra para resolver los problemas y salir adelante, sin esperar ni estar discutiendo. Podemos deducir que la visión del mundo de los asiáticos es positiva, mientras la de los latinoamericanos tiende a ser más negativa.

¿Qué han logrado?

De los diez países que en los últimos años han llegado más rápido a la meta, siete de ellos están en Asia.

Pero en la década pasada cayeron en crisis…

Eso ya es historia, la superaron rápido. ¿Cómo? Intentaron mantenerse activos, buscar otras opciones, detectar los errores y aprender de ellos; seguir adelante, ponerse manos a la obra de nuevo. Eso duró cerca de año y medio y después de ese tiempo, países como Corea y Tailandia ya estaban al mismo nivel de antes. La crisis fue provocada en gran medida por un problema de tasa cambiaria y ellos aprendieron la lección, pero los países latinoamericanos no aprendieron de la crisis asiática y las consecuencias las estamos viendo ya en Argentina, Uruguay y es probable que en Brasil.

¿Sirve para algo el FMI en esas circunstancias?

Puede desempeñar un papel positivo, pero tampoco podemos ponerlo en pedestal y verlo como un Dios. Por eso es importante que haya personas en Nicaragua que comprendan los mecanismos del sistema del FMI (Fondo Monetario Internacional) para que puedan discutir en términos de igualdad con él. Cuando eso suceda, podría darse la situación de que algunas recetas del FMI se cambien, porque la cooperación siempre será mejor que la confrontación.

¿De qué hay que cuidarse frente a la globalización?

Lo que muchas personas olvidan es la importancia de la especialización y para poder especializarse se necesita el intercambio de conocimiento, de procesos, saber cómo hacen las cosas en otras partes del mundo. Es importante la apertura. Cualquiera puede producir, pero no todos son capaces de vender. Es necesario aprender cómo vender. Puede ser que los nicaragüenses no se atrevan o no puedan exportar, en cambio los extranjeros sí vienen y funcionan en el mercado nicaragüense y lo que sucede es que hay un déficit en la balanza de pagos.

Centroamérica entera quiere entrar con más productos agrícolas a Europa, pero los agricultores europeos gozan de subsidios y compiten con ventaja. ¿Y…?

La política agraria de la Unión Europea y de los Estados Unidos me parece escandalosa. Ellos le dicen constantemente a los países en vías de desarrollo que liberalicen sus mercados, pero ellos no lo hacen con su propio sector agrario. Pero tienen que considerar otro aspecto. Todos los países de la región centroamericana quieren vender los mismos productos en Europa. Todos quieren vender banano y café; y lo que sucede es que el mercado se satura. Esos productos tienen tanta competencia y tanta presión que será imposible obtener buenos precios. Una posibilidad sería pensar en el procesamiento de esos productos, el banano o el café, y darles un valor agregado para que sean atractivos en otras economías.

Deme un ejemplo

Holanda. Se ha dedicado a darle un valor agregado a los productos. Han utilizado mucho la biotecnología y la genética, de forma que yo puedo comprar un tomate hoy en Holanda, que va a estar en buenas condiciones durante seis semanas, por lo menos. Los productos nicaragüenses son menos elaborados y tienen que darles mayor calidad.

¿Acaso somos malos negociantes?

Quiero contarle una anécdota. Dos vendedores de zapatos estadounidenses fueron a África y la misión era estudiar el mercado para ver si había oportunidad de exportar zapatos. Llegaron a un país africano y vieron que todo el mundo andaba descalzo. El primero dijo: Definitivamente, no hay mercado aquí porque la gente no usa zapatos. En cambio, el segundo dijo: África es el mercado perfecto para nosotros porque la gente todavía no usa zapatos. Temo que en Nicaragua predomina a veces la primera categoría, la del primer vendedor.

¿Qué hacemos con el café? ¿Nos olvidamos de él?

Uno de los problemas en el mercado del café es una sobreoferta y todos sabemos que cuando la oferta aumenta más rápido que la demanda, el precio baja. Con precios bajos, los agricultores que tienen menos productividad y rentabilidad, los que tienen menos capacidad de competir, van a desaparecer del mercado a mediano plazo. En Nicaragua hay quienes tienen más capacidad que otros. Tenemos que esperar a ver cuáles productores van a sobrevivir.  

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