Masaya y el mercado global

Mario Davide Parrilli ¡Masaya va para arriba! Esta es la conclusión preliminar de una investigación que estamos llevando a cabo en la cuna de la artesanía nicaragüense. Nuestros estudios de hace 3-4 años dieron resultados menos positivos, porque evidenciaron la existencia de un gran grupo de artesanos de subsistencia que se encontraba muy lejos de […]

Mario Davide Parrilli

¡Masaya va para arriba! Esta es la conclusión preliminar de una investigación que estamos llevando a cabo en la cuna de la artesanía nicaragüense. Nuestros estudios de hace 3-4 años dieron resultados menos positivos, porque evidenciaron la existencia de un gran grupo de artesanos de subsistencia que se encontraba muy lejos de una verdadera industrialización. También evidenciaron la existencia de una variedad de talleres con diferentes capacidades y, entre ellos de un pequeño grupo de talleres dinámicos. Pero es solamente hoy que Masaya aparece bajo una nueva luz como una ciudad en crecimiento productivo y con una considerable cantidad de talleres competitivos.

Este resultado nos permite abandonar el pesimismo pasado y asumir un punto de vista más frío y consecuente, que es lo que el mercado de hoy exige en el nombre de la reconocida ley de la competitividad. Ésa ya no deja tiempo para esperar los procesos de desarrollo individuales, sino presiona a cualquiera mediante la globalización de la producción, comercio e inversiones.

En los últimos años, una buena cantidad de productores de Masaya ha pasado de producciones por encargos de clientes particulares, a producir volúmenes de producción para comerciantes. En varios casos éstos son comerciantes del Mercado Oriental y otros mercados populares; sin embargo, también han crecido las ventas a otros comerciantes, más interesados en vender productos de mayor estética y calidad a consumidores que pagan mejores precios. De esta forma, ha ido creciendo también la exportación indirecta de muebles a Estados Unidos, Costa Rica, Puerto Rico y El Salvador.

La creciente capacidad de producir altos volúmenes muestra los primeros pasos hacia el traspaso fundamental de una economía artesanal a una industrial. En general, el artesano/a produce unidades de producto para clientes particulares de la misma ciudad. Sus productos son todos diferentes, porque produce manualmente o con maquinaria imperfecta. Al contrario, la industria produce volúmenes de bienes estandarizados gracias a maquinarias y procesos industriales especializados. Aunque en el mercado hay muchos segmentos de consumidores que reclaman una variedad infinita de productos, la pequeña industria tiende a delimitar su ámbito de trabajo, lo que le permite alcanzar ulteriores economías de especialización. El hecho que varios artesanos han sabido pasar de la primera lógica a la segunda, indica que Masaya está atravesando una importante transición hacia nuevos estilos productivos.

Razonar sobre los modelos de desarrollo socioeconómico es importante, porque permite aclarar el marco de las políticas y estrategias nacionales y locales de crecimiento. En este sentido, es básico considerar que la experiencia internacional muestra que “la pequeña empresa” no representa ningún modelo de desarrollo. Para serlo hay que considerar “las pequeñas empresas” como aglomerados que trabajan con acciones conjuntas y externalidades económicas, que se refieren a acciones conjuntas de mercadeo, producción, crédito y a los beneficios indirectos del vivir y trabajar al lado de cantidad de otros talleres y empresas”.

En Masaya parece que las acciones conjuntas hayan perdido fuerza en esta última década y que los artesanos prefieran trabajar individualmente, sin tener problemas grupales ni decisiones conflictivas. Sin embargo, en el mercado global las Pymes no pueden competir individualmente con empresas multinacionales que aprovechan economías de escalas brutales en la producción, el crédito, y la comercialización.

La acción conjunta constituye la única solución viable para las pequeñas empresas ante el mercado global. No importa que sean consorcios de crédito o exportación, cooperativas de producción, asociaciones o cámaras empresariales; lo que cuenta es que los artesanos colaboren para objetivos comunes. Esa es la gran enseñanza de los distritos industriales italianos. Sin cooperación todo su dinamismo en vestuario, muebles, calzado, azulejos, metalmecánica no hubiesen sido posibles.

Por el lado de las externalidades, Estado, gobierno local y agencias de cooperación podrían invertir para incrementarlas. Por ejemplo, la existencia de una cantidad de trabajadores con conocimientos en muebles es una externalidad. Pero a ellos les falta una preparación técnica y la creación de un instituto técnico tendría esta función. En Masaya, hace dos años surgió esa Escuela. Mas los artesanos no parecen conocerla. Quizás la Escuela misma podría recoger y valorar constantemente los comentarios de los artesanos para ver cómo reorientar el proceso de aprendizaje de los jóvenes. El mismo razonamiento se puede hacer para otras externalidades, creando y mejorando instituciones en ámbito de innovación, información, etc.

Los resultados preliminares de la investigación indican que la mayoría de los artesanos enfrenta dos problemas fundamentales: crédito escaso y demanda baja. El primero es muy caro y de corto plazo. No hay forma de levantar un taller cuando los créditos son de 5,000 córdobas a un plazo de cuatro meses. Para salir de la artesanía se requieren maquinarias industriales. Y éstas no cuestan 5,000 córdobas, sino 5,000 dólares. Hay que hacer algo al respecto para impulsar los artesanos hacia una verdadera dinámica industrial.

Por el lado de la demanda, los artesanos piden apoyo para buscar mercado y exportar. Sin embargo, un estudio nuestro del 2000 en colaboración con Nicamueble y el Instituto Nicaragüense de Pequeña y Mediana Empresa (Inpyme) indica que en 1999, frente a una producción nacional de tres millones de dólares había una importación de nueve millones. Esto significa que de cada cuatro muebles —suponiendo una teórica paridad de precio entre ellos— consumidos en el territorio nacional, ¡tres vienen de fuera!

Hay artesanos “vivos” que se han dado cuenta que la mera cantidad de producción no apremia. Hay que producir con calidad. Por eso, en vez de vender un juego de sala a 650 córdobas, lo venden a 6,500 córdobas. Así, le pueden poner una mano de obra calificada, agregar más laca y aceite de linaza, comprar madera fina y secarla adecuadamente en hornos, comprar maquinaria que permite un fino acabado y operaciones que las hechizas no logran hacer. La remuneración final de este trabajo es seguramente más apropiada.

En esta misma línea del mercadeo, Alcaldía, organismos de apoyo y artesanos pueden hacer mucho. Por ejemplo, la ciudad de Tonalá, México, produce artesanía en barro para todo el país, Estados Unidos y Canadá. Lo ha logrado tomando un día por semana, el domingo, escogiendo un área de la ciudad, el centro histórico, haciendo que los 500 talleres de la ciudad pongan sus productos en la calle, frente a la casa/taller, o hasta acondicionen un cuarto de su casa como tienda para atender a los clientes. Luego, difundiendo noticias hacia la gran ciudad de Guadalajara y el resto de México que en Tonalá, todos los domingos hay miles de productos diferentes, multicolores, novedosos, para apreciar y, eventualmente, comprar.

Este evento ha convertido la ciudad en una zona de pequeñas y medianas industrias florecientes. ¿Por qué no hacer lo mismo en Masaya y Monimbó? ¿Cuánto le costaría al Estado, Alcaldía y artesanos? Muy poco a todos y sería un gran empuje comercial y turístico.

En conclusión, Masaya ya está entrando seriamente al mercado global. Pasa el tiempo y sigue luchando como todo el mundo para su cuota de mercado y su propio crecimiento. Los artesanos van aprendiendo, así como Alcaldía, Estado y ONG. Aun así, es necesario mantenerse en una ruta de continua mejora, el “kaizen” japonés, avanzando hacia una coordinación más efectiva de los actores, porque no es la pequeña empresa que va a salir adelante, sino “las pequeñas empresas”; y ni las pequeñas empresas solas, sino su sistema local de producción, en vínculo con válidos entes de servicios, el Estado y el gobierno local para que construyan juntos un entorno local y nacional propicio al desarrollo de las pequeñas industrias de Masaya y de toda Nicaragua.

El autor es investigador y académico de la Universidad de Ferrara, Italia y del Instituto Nitlapán, Universidad Centroamericana de Managua.  

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