Pilar Oporta Rodríguez, coordinadora comunitaria de Acción Médica Cristiana.

Pilar Oporta: Servidora social por vocación

Claudia Neira Pasa su vida entre caminos viejos y descuidados o navegando en pangas. No está más de una semana en la misma comunidad. Pilar Oporta Rodríguez es la coordinadora comunitaria de Acción Médica Cristiana, un organismo no gubernamental, y también es una de las personas más conocidas y apreciadas en Waspam, en la Región […]

Claudia Neira

Pasa su vida entre caminos viejos y descuidados o navegando en pangas. No está más de una semana en la misma comunidad. Pilar Oporta Rodríguez es la coordinadora comunitaria de Acción Médica Cristiana, un organismo no gubernamental, y también es una de las personas más conocidas y apreciadas en Waspam, en la Región Autónoma del Atlántico Norte nicaragüense.

La misión de Acción Médica Cristiana es facilitar atención en el área de salud. Sin embargo, dadas las condiciones en que viven las personas de esa zona es sumamente difícil dedicarse solamente a ese tema. “Nuestro trabajo va mucho más allá de la salud”, dice Oporta. “A la gente le damos las herramientas para su supervivencia y los capacitamos en el uso de las mismas. Hemos construido letrinas, enseñado cómo y dónde sembrar árboles; hemos capacitado en minas antipersonales, preparado maestros, alfabetizado adultos, hecho pequeñas cosas todos los días”, explica.

El Atlántico Norte en Nicaragua, a pesar de representar más del 46 por ciento del territorio nacional, y poseer una población de más de medio millón de habitantes, es un mundo aparte. Sus habitantes tienen otra cultura y no hablan únicamente el español.

Según el último mapa de pobreza de Nicaragua, 12 de los 25 municipios más pobres del país están en el Atlántico.

CAPACITACIÓN ES LA CLAVE

Con este escenario, Oporta se ha propuesto mejorar las condiciones de su comunidad mediante un trabajo arduo donde, a su juicio, la capacitación es la clave principal. Oporta nació en Waspam hace 40 años.

Trabajó anteriormente en programas de apoyo al Triángulo Minero, en “Hijas del Río Coco”, un programa de derechos humanos de mujeres, y en la dirección de programas de radio proyectados a la sociedad. “Recuerdo que en una ocasión muchos jóvenes se estaban suicidando, y entonces tocamos ese tema por muchos días en el programa. Había que hacer algo por ellos. Si no ayudábamos nosotros, ¿quién lo iba a hacer?”, se pregunta Oporta.

“Hay mucha necesidad, y conociendo los problemas, ¿qué mejor que ayudar?”, se pregunta.

MOMENTOS DE TRISTEZA

Oporta admite que a veces siente ganas de llorar, sobre todo cuando no hay alternativas de mejorar las formas de vida de sus hermanos. Pero mantiene la esperanza de generar cambio con su trabajo, de crear mejores condiciones de vida.

Desde los 12 ó 13 años Pilar trabaja por la comunidad, y piensa hacerlo hasta llegar a una edad avanzada o cuando ellos estén listos para la autogestión.

Hoy la vida de Pilar transcurre entre traducciones de español y mískito, la planificación del futuro programa de alfabetización o la clasificación de información sobre el desminado, siempre robando tiempo para dedicarlo a su esposo y cuatro hijos, quienes, al igual que los habitantes de las comunidades en donde Pilar trabaja, tienen guardado un “Tinki Pali” —“gracias”, en mískito— para ella.

Tomado de BID América.  

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