Con el náhuatl en la sangre,
el chorotega en el alma
el guerrero al frente
el poeta en la calma,
insaciable y no de poder el hambre
simplemente de la gloria divina,
y con ansias impaciente
resonante el guerrero,
lleva clavada en el pecho, una punzante espina
de derribar al enemigo
de un golpe certero,
de rescatar a su musa, para llevarla consigo.
Está llorando la tierra
nuestro guerrero ha caído,
nunca se dio por vencido, no quiso ser conquistado,
mas su musa de tierra, en el cielo le espera,
¿será este el final, acaso?
preguntan del valiente, quienes han sobrevivido
¿habrá muerto el guerrero?, del poeta el ocaso;
quien siempre miró al cielo, con los pies en la tierra
contemplando las nubes, luchando cual fiera,
fue su vida gloriosa, jamás será olvidado.
Está llorando la tierra,
el guerrero ha caído
el poeta poco a poco, nos fue arrebatado
nuestro amigo gueguense, ¿de nuestro lado se ha ido?.
Orgulloso a muerto, pero no fue conquistado
y en la historia a su lado, eterna gloria le espera.
El poeta guerrero vive, nos dejó su coraje,
el poeta guerrero no ha muerto, nos heredó su pasión,
por eso elevo una plegaria y le doy homenaje
el poeta guerrero vive, en el alma y el corazón.
No ha muerto el guerrero, sólo nos fue arrebatado
pero por nosotros sus hijos, con orgullo siempre será recordado.
El poeta guerrero aún vive y jamás, jamás será conquistado.