Silvio González [email protected]
Es asombroso que a la fecha no exista un movimiento de solidaridad para con el Papa Juan Pablo II, a fin de que de alguna manera tenga el descanso que merece. Haciendo a un lado el coraje y la voluntad del pontífice, alguien en la jerarquía de la Iglesia debe comprender que por respeto y caridad hacia su figura, el Papa no resiste los grandes esfuerzos que se ve obligado a asumir. Reflexionemos un poco, si se tratara de nuestro papá, ¿permitiríamos que soportara tan grandes sacrificios o le proporcionaríamos el descanso y cuidados que merece?