Frontera Costa Rica-Nicaragua casi libre de minas antipersonales

ACAN-EFE San José.-Tras años de búsqueda, la Policía de Costa Rica ha logrado desactivar la gran mayoría de las minas antipersonales que fueron enterradas en territorio cercano a la frontera con Nicaragua desde la década de los 80, a causa de la guerra entre el régimen sandinista y la llamada “Contra”. Los cuerpos especiales del […]

ACAN-EFE

San José.-Tras años de búsqueda, la Policía de Costa Rica ha logrado desactivar la gran mayoría de las minas antipersonales que fueron enterradas en territorio cercano a la frontera con Nicaragua desde la década de los 80, a causa de la guerra entre el régimen sandinista y la llamada “Contra”.

Los cuerpos especiales del Ministerio de Seguridad informaron que después de seis años han podido limpiar y recuperar para los campesinos de la zona más de 172 kilómetros de terreno, al desactivar un total de 338 minas que se encontraban escondidas en la tierra.

Freddy Santamaría, jefe de operaciones del Ministerio en ese campo, y el teniente hondureño Erlin Romero, supervisor de la Misión de Asistencia para la Remoción de Minas en América Central de la OEA, afirmaron que su tarea concluirá en septiembre, pues sólo quedan por recuperar seis kilómetros en el borde fronterizo.

Hace algunos años se dijo que en Costa Rica había unas 5,000 minas instaladas bajo tierra, pero un ajuste en la línea divisoria con Nicaragua dejó el 95 por ciento de ellas fuera de territorio costarricense. En ese país el Ejército las dejó inutilizables.

Los artefactos se instalaron sin el consentimiento del gobierno costarricense durante la guerra entre los “contras” y los sandinistas.

“Lo peor es que se colocaron estos artefactos sin planeamiento, por lo que no existen registros que permitan ubicarlos sin exponerse a activarlos por accidente”, expresó Santamaría.

La última muerte causada por una mina en Costa Rica ocurrió en mayo de 1990, cuando dos costarricenses pisaron una, cuando viajaban hacia Nicaragua.

Cifras de las Naciones Unidas indican que estas armas matan o dejan lisiados a unos 20,000 civiles cada año, y desactivarlas cuesta 100 veces más que colocarlas.  

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