Marcelino Rodríguez Ponce, dirigente comunitario, muestra las casas arruinadas de Motuse y que necesitan urgente reparación para evitar su derrumbe total.

Motuse: ¿la tierra prometida?

Motuse se localiza a 12 kilómetros de Somoto, cabecera departamental de Madriz y cuenta con tierras fértiles y aguas subterráneas en abundancia, pero sus pobladores, en su mayoría desplazados de guerra, viven en extrema pobreza. Con la esperanza de hacer de este valle “la tierra prometida” que pregonaron en su campaña los sandinistas, los pobladores […]

  • Motuse se localiza a 12 kilómetros de Somoto, cabecera departamental de Madriz y cuenta con tierras fértiles y aguas subterráneas en abundancia, pero sus pobladores, en su mayoría desplazados de guerra, viven en extrema pobreza. Con la esperanza de hacer de este valle “la tierra prometida” que pregonaron en su campaña los sandinistas, los pobladores confiaron su voto al alcalde electo, pero las promesas parecen haber quedado en “la cola de un venado”

Adolfo Olivas OlivasCORRESPONSAL/[email protected]

Huyendo de la guerra en el borde fronterizo con Honduras, llegaron en 1983 al poblado de Motuse y aprendieron a convivir como hermanos. Estas familias desplazadas, que sufren las inclemencias de la pobreza, han puesto en marcha iniciativas para convertir el territorio en un “Polo de Desarrollo Productivo”, con características propias de un verdadero destino turístico.

El pintoresco valle de Motuse se localiza a 12 kilómetros de Somoto, cabecera departamental de Madriz y cuenta con una población de unos 500 habitantes que moran en 62 viviendas, rodeadas por los imponentes cerros de Guansapo, Las Canoas y Motuse.

A este atrayente poblado lo invade el frescor de la montaña de Motuse y de la atractiva “Fila de las Peñitas”, que animan al turismo de aventura y observar desde lo alto las planicies de los valles vecinos.

En el corazón de la comunidad, está ubicado un nuevo centro escolar y una vieja escuela, que ahora sirve de casa comunal como punto de encuentro de las familias, que en la década de 1980 salieron desplazadas por la guerra de la localidad de Santa Emilia, fronteriza con Honduras.

Don Luis Felipe Moncada Ramírez, de 74 años, prácticamente se convirtió en el “Moisés” de estas familias y a través de veredas y montañas las condujo hasta Motuse: “La tierra prometida”, donde sus habitantes se han propuesto que fluya leche y miel.

“Nosotros venimos a parar a Motuse por motivo de la guerra que nos desplazó de Santa Emilia, donde en ese entonces se libraban fuertes combates y la contrarrevolución también secuestraba a los campesinos para enrolarlos a sus fuerzas”, relata el señor Moncada Ramírez.

En el peregrinaje de desplazados las 35 familias permanecieron refugiadas seis meses en el lugar conocido como El Tamarindo. “En una misma casa, todos dormíamos amotetados y entonces buscamos ayuda en la ciudad de Somoto para ver qué hacían por nosotros”, recuerda.

Con el apoyo de organizaciones no gubernamentales, los desplazados lograron que el gobierno les otorgara la cantidad de 180 manzanas de tierras. “Aquí vivíamos en esta planicie en casitas de campaña y de zacate, hasta que nos construyeron unas viviendas de tablas”, narra el señor Moncada Ramírez.

Tras las enormes dificultades que les provocó la guerra, los desplazados pudieron asentarse y trabajar la tierra, contando ahora con una digna escuela, una iglesia evangélica y una Casa Base que sirve para la atención médica de los enfermos.

Sin embargo, las casitas que les construyeron están por caerse. “La choza que logré construir casi me cae encima y estoy gestionando ayuda para mejorarla”, refiere don Hipólito Miranda Betanco, de 60 años, que estuvo varios años en el Ejército Popular Sandinista (EPS).

ESPERAN AÚN CUMPLIMIENTO DE PROMESAS DE ALCALDE SANDINISTA

Miranda Betanco, sostiene que el actual alcalde sandinista de Somoto, Douglas Prado, ofreció en su campaña política el mejoramiento de 28 viviendas y la reparación del trayecto del camino entre El Jícaro y El Salamar, pero todo quedó en promesas.

“Nosotros le dimos el voto porque creíamos que nos iba a dar respuesta a nuestros problemas más urgentes y hasta la fecha sólo ofreció la reparación de cinco casas, quedando 23 en pésimo estado”, se queja Marcelino Rodríguez Ponce, dirigente comunitario de Motuse.

El líder comunitario apunta que pobladores de los sectores de Las Peñitas y El Salamar, siempre en Motuse, carecen de agua potable ante la falta de pozos. “Las autoridades municipales de Somoto ya llevan dos años y nada que nos cumplen”, recalca.

LA ALTERNATIVA DE NUEVOS CULTIVOS

Con la ayuda de organismos no gubernamentales las 35 familias aglutinadas en la Cooperativa “Róger Flores López” han potenciado los cultivos de granos básicos y de hortalizas que producen con la utilización del sistema de riego por goteo, gracias a que construyeron dos pozos artesianos.

Estas familias desplazadas de guerra miran con esperanza el futuro para vivir dignamente y valerse por sí mismas para salir de la pobreza extrema en que se encuentran, a pesar que cuentan con tierras fértiles aptas para una gran variedad de cultivos.

“La idea con estos sistemas de riego es cultivar hortalizas y producir semilla certificada de maíz en cualquier época del año, ya que tenemos lo mejor que es el agua y así salir de la pobreza en que nos encontramos”, enfatiza Marcelino Rodríguez Ponce, “alcaldito” de la comunidad.

Rodríguez Ponce, que ahora es el “alcaldito” de la comunidad, expresa que hay disponibles 45 manzanas de terreno sumamente fértiles para la producción de hortalizas y granos básicos como maíz, frijol y sorgo.

LAS MUJERES TAMBIEN PUEDEN

En la producción agrícola y en el desarrollo de la comunidad, las mujeres juegan un importante papel, puesto que se han capacitado para la producción de huertos comunales y familiares para mejorar la dieta alimenticia de sus hijos.

-Las mujeres organizaron la cooperativa “Arlen Siu” integrada por 24 socias y ya produjeron la primera cosecha de remolachas, zanahorias, rábanos y cebollas.

-“Para un segundo ciclo ya tenemos preparado el terreno, porque ya nos dimos cuenta que todo lo que sembramos nos dio resultado y lo hemos utilizado para mejorar los alimentos de nuestros hijos”, manifiesta la señora Olga Marina López Sánchez, presidenta de la cooperativa.

-Además de trabajar en la producción agrícola, las mujeres de Motuse también organizaron un taller de costura para aprender el corte y confección, luego de conseguir cinco máquinas de coser con todos sus accesorios y contribuir a los ingresos económicos de sus hogares, afirma la cooperativista López Sánchez.

-Tanto los hombres como las mujeres, añoran sus lugares de origen, pero ahora que son propietarios de tierras tienen fe en que los momentos críticos pasarán y que Motuse puede convertirse en la tierra prometida que siempre soñaron, con el esfuerzo de todos.

-El objetivo de los agricultores es hacer competitiva la producción y abrir canales para la comercialización de sus productos y para ello necesitan los créditos, asistencia técnica y la capacitación.  

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