- Quizás la canonización de Odorico tarde muchos años y hasta siglos, pero para la gente de San Rafael del Norte es ya un santo
Rosario Montenegro Z. [email protected]
“Te doy gracias padre por haberme escuchado las súplicas que te hice y haber curado a mi bebé. Te pido siempre me sigas dando la fuerza necesaria para poder visitarte. Te pido me sigas ayudando y dando fuerza para luchar y enfrentar todo mi mundo. Alabado sea Dios”.
Apenas se está iniciando el proceso de canonización del padre Odorico, pero la gente de San Rafael del Norte y sus alrededores tienen plena convicción de que él es un Santo, tanto es así, que el libro de visitas —que se encuentra en la entrada de su tumba— está lleno de pedimentos y hasta testimonios de los favores concedidos, como el de esta señora con la que iniciamos nuestro trabajo.
Pero doña Bertita Herrera de Úbeda va más allá, y expresa que Odorico desde en vida ya era un Santo. Es por eso que dice que todas sus necesidades se las pone a él.
Cuenta que en tiempos de la guerra, en los años 70, sus hijos eran perseguidos por la Guardia Nacional, ya que eran confundidos con otros familiares que eran guerrilleros, a tal grado que en una ocasión ya los tenían en el cuartel y los iban a matar, cuando en eso el cura se apareció y de rodillas les pidió que no les hicieran nada. “Inmediatamente los guardias los dejaron y no les hicieron nada, fue por el padre Odorico que a mis hijos no me los mataron”. Otro hecho que le indica la santidad del padre es que, siempre en tiempos de la guerra, ella no sabía nada de uno de sus hijos y él la consoló y dijo: “No se preocupe, mañana su hijo estará llegando a las dos de la tarde”, y miré, efectivamente a, esa hora mi hijo se estaba bajando de un bus.
Doña Bertita también tiene plena convicción de que la cura de uno de sus hijos, quien tenía problemas de alcoholismo, se la debe al padre Odorico.
Doña Santitos Osegueda de Úbeda dice que el padre Odorico le hizo un milagro a su marido, quien tenía un problema grave de salud, por lo que debía ser intervenido quirúrgicamente.
“Viera, puso loco al padre, porque no quería operarse, le pidió tanto que el día que lo examinan nuevamente los médicos no le encuentran nada y se curó definitivamente. Los médicos estaban extrañados”, dice doña Santitos.
También relata como otro milagro del padre, el hecho de que en una ocasión uno de sus nietos se cayó de una bicicleta a una altura de unos dos metros, y el niño ni siquiera recibió una raspadura. Dice que después, el pequeño que en esa ocasión tendría unos cinco años, manifestó que el padre Odorico lo había agarrado y que por eso no se golpeó.