- Cooperativa de Henequeros de Madriz logró rescatar 250 manzanas que producen anualmente unos 4,000 quintales
- La fibra del henequén se aprovecha para fabricar alfombras, tapices, tapetes para pared, hamacas, alforjas y muchos artículos
Adolfo Olivas OlivasCORRESPONSAL/ESTELÍ[email protected]
El restablecimiento del cultivo del henequén en comunidades rurales de San Lucas y Somoto, ha permitido el florecimiento de la artesanía, creando importantes fuentes de trabajo, principalmente para jóvenes y mujeres que carecen de empleo.
Entre 1956 a 1990 el cultivo de henequén tuvo gran auge, gracias a la fertilidad de los terrenos, especialmente en los poblados de Unile, Los Canales, Santa Isabel, El Porcal y Santa Rosa.
El derrumbe de la producción del henequén ocurrió a principios de la década de 1990, por la falta de financiamiento y la ausencia de una estrategia de comercialización.
La introducción de las fibras sintéticas y la apertura del mercado interno para la exportación de productos como sacos y mecates, contribuyeron al decaimiento del henequén en Somoto, donde se cultivaban hasta más de 600 manzanas anuales.
Sin embargo, en la actualidad es evidente el repunte de los cultivos de esta planta, por el impulso de la Cooperativa de Henequeros de Madriz, que ha logrado el rescate de 250 manzanas que producen anualmente unos 4,000 quintales para abastecer el mercado nacional. La meta es establecer unas 450 manzanas para producir tan valiosa y útil fibra natural.
EL HENEQUÉN Y LA ARTESANÍA
La fibra del henequén —que se usa para fabricar sacos, mecates, cuerdas para barcos, entre otros —también se utiliza para obras de artesanía como alfombras, tapices, tapetes para pared y hamacas.
Con la reactivación del henequén en Somoto, varios artesanos se han preparado en Masaya para mejorar la calidad de la artesanía y capacitar a jóvenes de las comunidades que producen la fibra.
Santos Gutiérrez Sánchez, de la comunidad Los Canales, es uno de los artesanos que recibieron capacitación en Masaya y ahora se desempeña como instructor de niños, adolescentes y jóvenes campesinos.
“La capacitación que recibí me ha ayudado y ahora soy el técnico y enseño a los muchachos a que elaboren todo tipo de artículos como hamacas, tapices, alfombras y muchos más”, explica Gutiérrez Sánchez.
Relata Gutiérrez Sánchez, que los jóvenes que capacitan en las labores de artesanía son hijos de productores, a fin de explotar al máximo la fibra del henequén y obtener ingresos para mejorar las condiciones de vida de los campesinos.
“Estos jóvenes, así como mujeres ya saben desfibrar, secar y escoger la fibra que se utiliza para cada uno de los productos y eso demuestra que con las capacitaciones han aprendido mucho”, indica Santos Gutiérrez Sánchez, que tiene su taller en la comunidad Los Canales, municipio de San Lucas.
LOS ARTESANOS DE UNILE
Entre estas tierras fértiles se destacan las de Unile, a unos cinco kilómetros al sur de Somoto y ahí se encuentra el instructor Rafael Antonio Hernández Tercero, que también tiene a su cargo a varios jóvenes hijos de pequeños productores que cultivan el henequén.
“Nosotros queremos avanzar en el proceso de artesanía para que estos jóvenes con sus valiosas manos puedan trabajar la fibra del henequén y mitigar la pobreza en las comunidades”, sostiene Hernández Tercero.
Rafael Antonio cuando niño era un limpiabotas en las calles de Somoto y ahora se ha convertido en un insigne artesano del henequén, transmitiendo sus conocimientos a los hijos e hijas de productores de esa planta, para crear fuentes de empleos, ya que las perspectivas de este cultivo son halagadoras.