Sueño

Renato J. Morales Amanecía en Matagalpa, un lindo día me alisté para irme a mi trabajo y en el camino noté algo extraño, en los rostros de las personas que iba viendo reflejaban alegría. Compré LA PRENSA y comencé a leer, para mi sorpresa a ocho columnas, decía que el Dr. Arnoldo Alemán y Daniel […]

Renato J. Morales

Amanecía en Matagalpa, un lindo día me alisté para irme a mi trabajo y en el camino noté algo extraño, en los rostros de las personas que iba viendo reflejaban alegría.

Compré LA PRENSA y comencé a leer, para mi sorpresa a ocho columnas, decía que el Dr. Arnoldo Alemán y Daniel Ortega renunciaban a sus inmunidades, el primero lo hacía para enfrentar todos los juicios contra él por desviación de fondos de las arcas del Estado, por enriquecimiento ilícito, fraude, etc. El segundo lo hacía también para enfrentar el juicio que Zoila América tenía en contra de él, que devolvía la casa que ocupaba, y los dos pedían perdón al pueblo de Nicaragua por los crímenes que se cometieron en la década de los ochenta durante el gobierno de Daniel, mientras el Dr. Alemán resarcía al Estado todo lo mal habido bajo la sombra del poder que ejerció y se retiraban de la política.

La alegría era inmensa, a continuación se leía que los dueños del transporte colectivo no volverían a amenazar ni hacer huelgas, que iban a ser respetuosos y educados con los usuarios e iban a comprar unidades nuevas para un mejor servicio.

Saltaba del asombro a la incredulidad, el gobierno anunciaba que teníamos un superávit en la economía en general, que el 95 por ciento de la población adulta tenía empleo, que todos los niños iban a la escuela y no había mendigos ni en las calles ni en los semáforos, la Policía informaba 0 índice de criminalidad, y que los corruptos, ladrones, asesinos estaban detrás la reja.

El Minsa informaba que el índice de muertes por falta de atención y medicamentos había descendido, y que los médicos prestaban sus servicios gratis en los hospitales.

Y para colmar la dicha, era que las inversiones extranjeras estaban a más del 100 por ciento; que los cafetaleros además del café sembraban granos básicos, verduras, frutas etc., y que no faltaba nada, y cuando iba a continuar leyendo la emoción, la felicidad fue demasiada, me desperté.  

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