Robert Zoellick*
Estados Unidos presentó el jueves pasado un paquete de reformas, amplias y de largo alcance, para la agricultura mundial. Esta semana presentaremos esta iniciativa a otros países en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Ginebra.
En noviembre pasado, en Doha, Estados Unidos, presionó intensamente con el Grupo Cairns de naciones exportadoras de productos agrícolas y muchos países en desarrollo, para establecer un mandato enérgico y liberalizar el comercio agrícola. La nueva propuesta de Estados Unidos proveerá nuevo impulso y añadirá carácter específico a lo que logramos hace ocho meses. Dado que el progreso en la agricultura es la clave de una agenda de Doha exitosa, consideramos que esta energía puede dar ímpetu a las nuevas negociaciones de comercio mundial.
La propuesta de Estados Unidos para la agricultura apunta hacia la próxima etapa de reducir las barreras al comercio agrícola, y finalmente, a eliminarlas. La agricultura, que sólo a principios de 1995 comenzó a ser objeto de amplias disciplinas de libre comercio, se ha quedado muy atrás en relación con la liberación lograda en otros sectores. El acuerdo que por fin incorporó el comercio agrícola a la nueva Organización Mundial del Comercio, mediante la Ronda Uruguay, aceptó muchas de las barreras y subsidios del status-quo. Las restricciones al comercio fueron convertidas en aranceles a los que se fijó límites, junto con los subsidios, a los niveles existentes o muy cerca de ellos, y en consecuencia Estados Unidos quedó aplicando barreras más bajas que las de sus principales socios comerciales.
El paquete de reformas que presentamos ahora iguala el terreno de juego hacia la eliminación total de las barreras. Al negociar recortes importantes en los aranceles y los subsidios que distorsionan el comercio, establece las bases para el crecimiento en la agricultura, precios más bajos para los consumidores e ingresos más altos para todos.
Primero, proponemos desechar todos los subsidios a las exportaciones en el transcurso de cinco años. Esta es una reforma exigida desde hace tiempo por los países en desarrollo, que justamente se resienten por tener que competir no solamente con los apoyos internos a la agricultura, sino también con los generosos subsidios que algunos países desarrollados utilizan para pagar a otros para que compren su alimento.
Segundo, pedimos una drástica reducción de los aranceles agrícolas, reduciendo del 62 al 15 por ciento el arancel agrícola mundial medio permitido. Finalmente, proponemos reducir en más de 100,000 millones de dólares los subsidios autorizados que distorsionan el comercio, estableciendo un límite para cada país de no más del 5 por ciento de la producción agrícola.
Estados Unidos está dispuesto a abordar sus propias políticas que distorsionan el comercio, siempre que los demás acepten hacer lo mismo. Nuestro plan requerirá importantes recortes en los aranceles y los subsidios que distorsionan el comercio en Estados Unidos y recortes aun mayores para los países con aranceles más elevados y más subsidios. Es justo y razonable esperar que los que tienen barreras más elevadas se movilicen más hacia la liberalización. Incluso con estos pronunciados recortes, los niveles de subsidios y aranceles de la Unión Europea seguirían siendo más elevados que los de Estados Unidos, pero habríamos cerrado la brecha de manera importante, y seguiremos insistiendo para eliminarla.
Los países en desarrollo, que no pueden afrontar los altos subsidios y se ven perjudicados por los aranceles a sus exportaciones, particularmente serán los más favorecidos por nuestra propuesta.
La iniciativa de Estados Unidos mejoraría el acceso de los países en desarrollo a los mercados de los países desarrollados, al reducir los aranceles y subsidios que distorsionan el comercio.
Los países en desarrollo también necesitan reducir sus aranceles. No les hacemos ningún favor a esos países al permitirles ser asociados a medias en la OMC y seguir manteniendo aranceles comerciales elevados unos con otros.
Algunos se preguntarán cómo la propuesta agrícola de Estados Unidos es compatible con nuestra reciente ley agrícola. En realidad, la ley agrícola es la base fundamental de nuestra postura decidida en la OMC. Como lo ha señalado la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), la ley agrícola de Estados Unidos “no aumenta el nivel de apoyo general de ninguna manera importante en comparación con lo que ya ocurría antes… y se mantiene muy por debajo de los niveles del apoyo agrícola que concede la Unión Europea”.
Estados Unidos protegerá plenamente sus intereses nacionales dentro de los reglamentos establecidos por la OMC, incluso al trabajar en concierto con otras naciones para negociar nuevos reglamentos que abran aún más los mercados.
Consideramos que el momento para nuestra propuesta es particularmente propicio porque la Comisión Europea acaba de recomendar una propuesta para reformar la Política Agrícola Común de la Unión Europea. Aún cuando la propuesta de la Comisión no recorta los gastos y no se refiere al acceso a mercados o los subsidios a las exportaciones, si busca sacar a Europa de los subsidios que distorsionan el mercado.
Por supuesto que la UE calculará sus políticas agrícolas para que encajen con su mejor interés. Pero la reforma de la Comisión parece admitir que es de interés para la UE reformar sus políticas agrícolas si es que ha de admitir nuevos estados miembros. Europa debe emprender también reformas importantes por su propio bien: para rebajar los precios al consumidor, proteger el medio ambiente y crear prosperidad. Y es de nuestro interés mutuo ayudar a los países en desarrollo al liberar el comercio agrícola. Que quede bien sentado que Estados Unidos está comprometido a dirigir la reforma agrícola mundial. Invitamos a nuestros socios comerciales a que nos acompañen.
* El autor es Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR).