Los devotos indígenas serán una parte importante de los 700,000 peregrinos que se esperan a la misa de canonización del Hermano Pedro hoy.

El milagro del Hermano Pedro

Sergio de LeónAP GUATEMALA.- El joven Adalberto González, cuya milagrosa curación de tumores cancerígenos que le invadieron el intestino fue determinante para que el Vaticano aceptara elevar a la santidad al Hermano Pedro de San José Betancur, dijo que él “no es protagonista” sino el misionero que intercedió para que sanara. “El protagonista de esta […]

Sergio de LeónAP

GUATEMALA.- El joven Adalberto González, cuya milagrosa curación de tumores cancerígenos que le invadieron el intestino fue determinante para que el Vaticano aceptara elevar a la santidad al Hermano Pedro de San José Betancur, dijo que él “no es protagonista” sino el misionero que intercedió para que sanara.

“El protagonista de esta historia no soy yo, el protagonista es el Hermano Pedro; hacía falta el último granito de arena y seré yo” dijo el domingo el muchacho, que se mostró agobiado ante decenas de periodistas y cámaras que le apuntaban en la primera vez que se mostraba ante los medios.

Berto, como le llaman sus familiares, tiene 22 años y en 1985 los médicos le encontraron “tumores incontables” en el intestino y ganglios que consumían rápidamente la vitalidad del entonces niño de 5 años.

“¡NO HAY NADA!”

El oncólogo Rafael Ramos Pratt, que trató entonces al niño, descubrió la enfermedad que diagnosticó como linfoma de Burkitt al hacer una exploración en el estómago del niño.

“Tres semanas después hicimos lo que llamábamos una segunda observación y comprobamos que no había nada… nunca había comprobado que en 3 semanas no quedara nada de nada”, aseguró Ramos Pratt en la rueda de prensa.

El médico, que reveló ser católico, expresó que “nosotros nos sorprendimos y nos alegramos” al constatar la curación.

Berto, que confesó sentirse asustado ante las cámaras, afirmó que ahora “se siente bien, perfectamente”.

“Prácticamente no sabía nada, a los 5 años, de esa enfermedad. Me enteré después cuando empecé a ir a la medicación (quimioterapia) y me comentaron lo que tenía”, manifestó.

¿Cómo sanó?; pues su madre y amigos rezaron por su salud, pidieron la intercesión del Hermano Pedro y, la Iglesia le atribuye a él la curación.

“Estaba muy mal… los médicos le trataban y hacían todo lo que estaba en sus manos y nosotros pedíamos la intercesión del Hermano Pedro para que se curara”, manifestó la madre de Berto, María del Carmen Hernández.

El niño tenía una reliquia, que le entregó una superiora betlemita de la localidad en ese entonces, y según Adalberto “me la pasaba por la barriga, cuando sentía los dolores y al pasármela sentía alivio’’.

La reliquia es una medalla que contiene una pequeña fotografía y un pedazo de tela que se supone proviene del hábito que el Hermano Pedro utilizó.

El Vaticano decidió que la curación de Adalberto había sido milagrosa y se convirtió en el requisito que faltaba para que el misionero laico del siglo XVII, originario de las Canarias, fuese considerado un santo.

El Papa Juan Pablo II lo elevará oficialmente a la santidad este martes, en una ceremonia que realizará en esta ciudad.

Sin embargo, el obispo de Tenerife, Felipe Fernández, acotó que no es el milagro de Adalberto la causa de la santidad, sino la virtuosa entrega del Hermano Pedro a las creencias religiosas y la caridad de las obras que desarrolló a favor de los indígenas, pobres, enfermos y desvalidos.  

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