En cama, en la Policlínica Juan Domingo Perón, en Buenos Aires, bajo tratamiento para el cáncer de útero que a la postre acabaría con su vida a los 33 años de edad. Aquí, deposita su voto en las elecciones de noviembre de 1951.

Paradójica y contradictoria

AP A medio siglo de su muerte, la figura de Eva Perón sigue encendiendo pasiones en Argentina. Sus compatriotas, que no pueden permanecer ajenos a su imagen, se reparten entre la veneración y el rechazo. Nadie olvida a la mujer que enfrentó a la sectores adinerados de la alta sociedad que hasta entonces habían manejado […]

AP

A medio siglo de su muerte, la figura de Eva Perón sigue encendiendo pasiones en Argentina. Sus compatriotas, que no pueden permanecer ajenos a su imagen, se reparten entre la veneración y el rechazo.

Nadie olvida a la mujer que enfrentó a la sectores adinerados de la alta sociedad que hasta entonces habían manejado la Argentina y dedicó su vida a mejorar la situación de los humildes a quienes llamaba “mis descamisados”.

Pero paradójicamente, en una de las contradicciones que marcó su vida pública, Eva nunca renunció a su afición por los lujosos vestuarios de diseñadores famosos ni a sus joyas.

María Eva Duarte de Perón murió el 26 de julio de 1952 a los 33 años víctima del cáncer de útero. Sus restos fueron velados durante 12 días en los que una interminable fila de gente pugnó por darle un último adiós.

Los militares que derrocaron a Juan Perón en 1955 se apoderaron del cadáver embalsamado de Evita y lo ocultaron en un cementerio de Italia, temerosos de que se convirtiera en objeto de veneración de los proscritos peronistas.

El cuerpo de Evita fue devuelto a Perón luego de 15 años, en Madrid. Desde 1976 descansa en la Recoleta.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí