Otro amor que se vá

En una fiesta con un grupo de 20 amigos el 6 de junio, Jennifer López y su esposo por nueve meses, Cris Judd, se comportaban como la pareja de recién casados que aún están disfrutando su primer año de matrimonio. “Se veían muy unidos”, dice uno de los invitados a la cena que se celebró […]

En una fiesta con un grupo de 20 amigos el 6 de junio, Jennifer López y su esposo por nueve meses, Cris Judd, se comportaban como la pareja de recién casados que aún están disfrutando su primer año de matrimonio. “Se veían muy unidos”, dice uno de los invitados a la cena que se celebró en el restaurante Thom, en Manhattan, Nueva York. “Afectuosos y cariñosos. Nadie se podía imaginar que algo andaba mal”.

Por lo visto a estos recién casados hay que otorgarles dos premios Oscar a la mejor actuación porque al día siguiente de la cena salió a la luz pública que un mes antes López y Judd, ambos de 32 años, le habían dicho adiós a su matrimonio de manera privada y amigable.

Si consideramos que desde entonces ambos se mostraban afectuosos a los ojos del mundo —incluso caminando de brazos por las calles de Nueva York donde López estaba filmando; y en un café al aire libre en Miami Beach, donde recientemente se compró una mansión de 9.5 millonesde dólares— la noticia tomó a muchos de sus amigos desprevenidos.

“Hablé con ella hace dos días y parecían estar bien”, dijo en junio una de las amigas de la actriz, cantante y empresaria. Inclusive el padre de Judd, Larry, un dueño de restaurante, de 58 años, de Niceville, Florida, el pueblo natal de Cris, se sintió como en una emboscada cuando se le preguntó sobre la ruptura.

“No lo voy a creer hasta que lo oiga del propio Cris”, dijo. “No he visto ninguna señal de problema alguno”.

Aunque cueste trabajo creerlo, ahora Judd es para López, cosa del pasado. De alguna manera algo fácil de entender si uno se acerca al imperio que poco a poco ha ido creando J.Lo. En los últimos tres años ha grabado dos álbumes multiplatino, producido una línea de ropa con ventas estimadas en los 100 millones de dólares y abierto Madre’s, un restaurante en Pasadena, California.

Estrenó recientemente Enough, mientras filma una nueva superproducción en las calles de Nueva York; y hay un perfume en camino para este otoño. “Ella se ha convertido en una marca y lo puede hacer todo: cantar, bailar, hacer películas, ropa”, dice el analista de taquilla Robert Bucksbaum.

“Es una estrella integrada verticalmente: J.Lo Inc”.

Este nivel de actividad hizo difícil que López tuviera tiempo para compartir con Judd —y mucho menos hacer planes para tener un hijo—. Los frecuentes rumores de que estaba embarazada, no solamente eran infundados —“No, no y no”, decía ella cuando le preguntaban— sino que aumentaron el nivel de estrés y agotamiento que la obligaron a ver a un médico durante la filmación de Enough la primavera pasada.

“Le dije: ¿Me puede escribir una nota que diga que tengo que parar?”, dijo la diva, quien se sintió consumida por su papel de esposa abusada. “Y el doctor me dijo: ‘No, estás bien. Tienes que descansar, eso es todo’. Guardé reposo todo el fin de semana, y vino gente a cocinar para mí. Regresé a trabajar el lunes de lo más bien”.

Sin duda, Judd fue el enfermero encargado. Los amigos dicen que el bailarín trataba de enseñarle a su superactiva y perfeccionista esposa a tomar las cosas con más calma. “Pueden descansar juntos”, dijo en una ocasión la coreógrafa Tina Landon, quien conoce a López desde hace 10 años.

“Y cuando estás con Jennifer, eso es sorprendente, porque nunca pensé que ella pudiera descansar alguna vez”.

Por lo visto para algunos la pareja comenzó bien desde un principio. No obstante para otros, desde el inicio la relación parecía algo precipitada. Los dos se conocieron durante los premios de música MTV Europe, en noviembre del 2000, sólo tres meses después que López terminara su tumultuoso romance de tres años con el empresario de rap y cantante Sean “Puffy” Combs, de 32.

“No creo que [López y Judd] deberían haberse casado”, dice alguien muy cercano a J.Lo. “Ellos aún deberían estar saliendo”.

Entonces, ¿por qué hicieron lo contrario? Sus amigos dicen que después del revuelo causado con su vestido verde de Versace y de su relación con el extravagante Combs, López quería asentarse en una relación más calmada.

“Pienso que ella necesitaba salir de Puffy y [Judd] fue una sólida base para hacerlo”, aclaró la fuente, quien añadió que los fuertes sentimientos de Combs hacia López aceleraron el matrimonio. “Ella se casó como un modo de decir [a Combs]: ‘Déjame libre’. Fue la negativa de Combs de aceptar la realidad lo que la llevó a [Judd]”.

A pesar de que sus padres están divorciados, López creció en la estabilidad de un hogar católico. La segunda de las tres hijas de David, especialista en computación, de 60 años, y Guadalupe, maestra en una guardería, de 56, López pasó su infancia en una modesta casa de cuatro dormitorios en el barrio de Castle Hill, en El Bronx.

Católicos inmigrantes de Puerto Rico, los padres de López —en especial su mamá— estimularon los talentos de sus hijas a la vez que las vigilaban muy de cerca. “Ella siempre decía: ‘Yo quiero que puedan valerse por sí mismas’”, recuerda López.

Lupe, como la llaman familiares y amigos, también inculcó en sus hijas el amor por la música. (Leslie, la hermana mayor, de 34 años, es maestra de música; Lynda, la menor, de 30, es reportera de farándula para la cadena NBC en Nueva York.) “Su mamá me dijo que en su casa siempre escuchaban música, desde Broadway hasta latina”, dice Harold Maldonado Jr. del Boys & Girls Club de Kips Bay, donde la adolescente Jennifer lució sus atributos por primera vez en lecciones de baile.

“Después de la clase ella se quedaba y hacía preguntas”, recuerda Maldonado. “Ella quería más”.

Tras graduarse de la secundaria Preston en 1987, López fue brevemente a Baruch College en Manhattan antes de abandonar los estudios para dedicarse al mundo del espectáculo. Su gran oportunidad llegó en 1990 cuando logró ser una de las Fly Girls del programa In Living Color, de la cadena FOX. Ya en ese entonces su potencial era evidente.

“Uno sabía que ella no iba a estar en el coro por mucho tiempo”, dice Landon, quien hizo que López participara como bailarina en un vídeo de Janet Jackson en 1993. “Ella destilaba la actitud de alguien que iba a estar al frente”.

Para 1997 lo estaba. Su extraordinaria actuación en Selena, basada en la vida de la fallecida cantante del género tejano, estableció a López tanto como un talento naciente y como un ejemplo en una industria en la que pocos hispanos han triunfado. Pero aún cuando su carrera cinematográfica iba en ascenso en ese entonces —con papeles protagónicos en Out of Sight, The Cell y The Wedding Planner—su vida amorosa fracasó con su divorcio de Noa.

López le ha atribuido el rompimiento a la juventud de la pareja y hoy se llevan tan bien que él es uno de los gerentes de Madre’s.

Si se tiene en cuenta el récord de sus nada común buenas relaciones con sus “ex” —algo poco frecuente— no hay dudas de que ella aprecia la partidas pacíficas. Lo que significa, contrario a lo que se ha dicho, nada de peleas escandalosas, no hablar mal el uno del otro, ni traición.

“Su separación no envuelve a una tercera persona, punto”, asegura un amigo de la pareja. “Jennifer es muy monógama”.

De acuerdo a eso sus allegados desmienten las habladurías de un supuesto vínculo amoroso con Ben Affleck, su co-protagonista en el recién realizado filme Gigli. El actor despertó sospechas en marzo cuando publicó un anuncio en la revista Variety para resaltar “la gracia de espíritu, belleza y coraje, gran empatía, asombroso talento, real serenidad y verdadera gracia” de la diva. Pero, aclara alguien cercano a ella: “hicieron una película juntos. No están saliendo”.

Lo mismo aplicaría a Combs y López. Aunque la nueva canción de Combs “I Need a Girl”, ha sido interpretada por algunos como una oda a su famosa ex (“Te amo y tú vas a ser la única que voy a extrañar”), el rapero insistió en todo lo contrario. “No, no, no”, dijo a Howard Stern en mayo. En un comunicado de prensa el 10 de junio, Combs incluso declaró que todos aquéllos que dicen que él está saliendo con López están perdiendo el tiempo. Sin embargo, él le desea lo mejor en estos tiempos difíciles.

Aunque López restó importancia a lo que se decía de ella y Affleck, algunos aseguran que sí se molestó por las insinuaciones de un posible regreso con Combs.

“Lo de Puffy le duele más porque ella siente que eso puede herir a Cris”, dice un amigo.

Es ese sentido de protección lo que explica por qué López y Judd esperaron un mes para hacer pública la ruptura, incluso cuando ella hablaba de manera efusiva a todo el mundo, desde Oprah hasta Diane Sawyer, sobre las virtudes del matrimonio.

Por su parte, amigos de Judd dicen que para él la ruptura ha sido muy difícil. “Él quería que funcionara”, dice uno de sus amigos. “Estoy seguro que él pensó que ésta era la definitiva. El matrimonio es algo muy sagrado para él. Él no lo tomó a la ligera porque si no, no se hubiera casado”.

Chuck Gibson, de 30, un amigo que conoció a Judd por primera vez en 1994 cuando ambos eran bailarines en Pleasure Island, en Walt Disney World, recuerda a Judd como “no el que dejaba, sino al que dejaban. Pienso que él detesta las confrontaciones”.

Ahora, en su nuevo apartamento de 16,000 dólares al mes que alquila en Nueva York mientras filma una historia a lo Cenicienta, The Chambermaid, con Ralph Finnes, la actriz trata de mantenerse tranquila.

Pasa la mayor parte del tiempo en el set y en los estudios de grabación, donde prepara un nuevo disco. Aunque Judd ha sido un visitante esporádico al set de filmación, se les vio allí juntos, tan recientemente como el 30 de mayo.

“Estaba parada con Cris”, dijo alguien allí presente. “Él tenía la mano alrededor de su cintura. Le ponía la mano debajo del brazo para hacerle cosquillas”. Hasta fue visto en el apartamento de cuatro habitaciones de López en Greenwich Village hace poco.

“He visto a Cris varias veces”, dice una vecina. “Se ve muy amable”.

En mayo también, la pareja fue a Miami Beach, donde los vieron bebiendo en el bar de la piscina del famoso hotel Delano. Aún así, López parece que estuvo sola durante su estancia en su bungalow dúplex, del hotel, de 2,000 dólares la noche.

Aunque la reconciliación es una de las posibilidades, aquellos cercanos a López dicen que el divorcio ya se perfila en el horizonte. Aún si ellos no tienen un acuerdo prenupcial, es muy remoto que Judd consiga un acuerdo ampliamente beneficioso, dice Sorrell Trope, el veterano abogado de Beverly Hills, que manejó el divorcio de Nicole Kidman y Tom Cruise.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí