Carmen Ulanova Pineda
Por medio de LA PRENSA quiero alertar a las mujeres conductoras que son acompañadas de niños u otra mujer, y pasan por los semáforos del Mitrab, en ese lugar hay un par de jóvenes (según la Procuraduría son menores de edad), a uno de ellos lo apodan “La Chanchita”, casi siempre están drogados, aparecen de repente detrás de unos árboles y uno de ellos “La Chanchita” pide un peso al lado del conductor, el otro que es un joven blanco de pelo liso enseña el cuchillo a la compañera de viaje y los niños, después pide la cartera o los anillos, pulseras y todo.
Como si fuera poco si en la cartera la victima lleva tarjeta de crédito, en una gasolinera les permiten usar la tarjeta como que si ellos compraran combustibles con montos de hasta C$ 800.00.
Al día siguiente la victima amanece sin un peso.
Si la persona afectada se va a la Policía y está embarazada, asustada, ultrajada y nerviosa, se ríen de verle en tal estado y le ponen a reconocer al ladrón en unos álbumes gigantescos y por mucho que se quiera olvidar el rostro se tiene presente, ya que en todas las fotos se mira al ladrón.
A los 4 días llega un oficial de la Policía a buscar a la victima a su casa y le pide que llegue a la la delegación policial para que reconocer al ladrón, le enseñan a dos chavalos que operan juntos y resulta que uno de ellos, el morenito es “La Chanchita”, los policías alegres porque ya agarraron a dos y te piden el favor que sigas el proceso en los juzgados, pero después de eso no te llaman a reconocer ni nada por el estilo. Pero al mes le llaman del Ministerio Público y una abogada le hace declarar nuevamente y firmar una declaración, y cuando se le pregunta cuál es el proceso que sigue, responde que “ellos son menores de edad y necesitamos su declaración nuevamente porque este caso está en los juzgados y hay que darle sobreseimiento mientras ellos son menores, pero cuando él cumpla su mayoría de edad esto le va servir de antecedente”.
La victima regresa a su casa convencida que sola no va a componer las cosas y con el deseo que Dios quiera que no le vuelva a suceder porque si es así, ya no volverá a perder su tiempo buscando justicia, ¡porque jamás va a recuperar la cartera, los papeles, ni el dinero!