- Jóvenes transgresores atacan en cualquier lugar de la ciudad
Iván Olivares B. [email protected]
El dolor y la impotencia de una madre fue público el pasado 17 de julio cuando su hijo Carlos José Cruz Vélez, de 15 años, murió de un disparo efectuado por un miembro de la pandilla “Las Mangueras”, en el Barrio La Primavera, de Managua.
Hace casi un año, la joven Xóchitl Gutiérrez recibió un balazo en la cara mientras atendía la venta propiedad de su madre, doña Indiana Zeledón, situada en San Judas, Managua. Más recientemente (el sábado pasado), la familia Mena Largaespada dormía plácidamente, cuando cinco jóvenes la atacaron en su propia casa, dañando el techo y los medidores de electricidad.
Como ellos, centenares de personas son víctimas de pandillas en todo el país, en una espiral delictiva que la Policía Nacional sólo puede registrar parcialmente, porque los afectados prefieren guardar silencio a veces por temor, otras porque buscarán venganza, unas más por desidia, y otras porque están convencidos de que el sistema no funcionará.
En el caso de San Judas, doña Indiana recuerda que su hija cuidaba la Pulpería Esther, que es de su propiedad, cuando de pronto dos balas impactaron en una pared: una de ellas se perdió en el vacío, mientras la otra le penetró a la muchacha en la mejilla derecha y le afectó una muela.
Cuando la señora escuchó el grito de su hija, salió corriendo a ver qué le pasaba, encontrando que manaba sangre del rostro, por lo que se la llevó de emergencia a un hospital.
A pesar del sufrimiento causado, los gastos por más de ocho mil córdobas en que tuvieron que incurrir para sanar a la muchacha e impedir que perdiera su bebé (estaba embarazada), doña Indiana resiente que sus vecinas se enojaran con ella porque se quejó ante las cámaras de televisión por el daño que sufrió.
Según datos policiales, la zona es altamente peligrosa, porque en ella operan dos pandillas: “Los Payos” y “Los Chilamateros”.
A LA FUERZA
En las inmediaciones del Ministerio del Trabajo, la familia de doña Ana Mena Largaespada sufrió un ataque sorpresa la madrugada del sábado, cuando cinco jóvenes de entre 15 y 18 años, pertenecientes a un grupo denominado “Los Cara de Locos”, apedrearon su casa.
Doña Ana cree que todo comenzó unos días antes, cuando los muchachos pidieron dinero o cigarros a Jorge, hermano de ella, y como éste no les diera nada, lo golpearon y le rajaron la cabeza, por lo que un hijo y un sobrino del agredido salieron en su defensa.
El ataque del sábado fue tan cruel, que las mujeres integrantes de la familia (los hombres no estaban esa noche) tuvieron que evacuar a los niños a una casa lejana, junto a doña Olga, de 62 años, madre, tía y abuela de varias de ellas, que está en silla de ruedas.
La familia Largaespada se muestra escéptica de lo que pueda hacer la Policía, porque “esa noche los llamamos tres veces y siempre decían que ya estaban a punto de venir, y cuando llegó una patrulla, dijeron que no podían hacer nada porque no andaban órdenes de captura”, relató Esperanza Calderón, sobrina de doña Olga.
Pasado el susto y los nervios iniciales, la familia teme que “Los Cara de Locos” cumplan su promesa de matar a alguno de los varones miembros de la familia Largaespada.
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