Otto Alexei González Casco
El día martes 23 de julio por la mañana, me impactó mucho la noticia de LA PRENSA sobre la muerte del niño Engel Josué Álvarez Jarquín, cuando vi la foto, antes de leer el encabezado pensé que se trataba de un niño dormido, con su brazo enyesado, después me di cuenta que estaba muerto.
Ahora que soy padre y sé lo que cuesta un hijo, me impacta mucho el sufrimiento de los niños, las condiciones de extrema pobreza en que viven muchas familias en nuestro país, y saber que ellos en su mayoría son los que perciben los mayores estragos de maltrato, miseria y descuido, pero una cosa es hablar de condiciones económicas en quiebra de un país, de cómo educar a nuestros hijos y otra cosa es hablar de pura negligencia médica.
Cómo es posible que un niño que ingresa a un hospital a causa de una fractura de codo, sea operado y que muera a causa de esa operación. Si los médicos no son capaces de atender una intervención quirúrgica de este tipo no deben poner más vidas en peligro, hay padres que han puesto todo su esfuerzo y amor por educar y crear las mejores condiciones de vida para que sus hijos sean hombres de bien.
No es de asustarse, que sigan pasando este tipo de incidentes. Hace 4 años, a una prima mía le sucedió lo mismo, ingresó a un hospital de la capital con una fractura en el brazo, parecía una cosa rutinaria, pero vino la desgracia y la negligencia y le arrebataron la vida, la anestesia que se le inyectó fue puesta en un punto equivocado por un médico irresponsable, la cual entró al torrente sanguíneo a través de la vena carótida que irriga el brazo, al poco tiempo cayó en un coma profundo quedando inconsciente por varios días ya que la anestesia había llegado al cerebro hasta dejarla como vegetal, posteriormente vino un paro cardíaco y después murió.
Los médicos no deben esperar más milagros, sino preocuparse por ser médicos responsables que deben salvar vidas y no quitarlas.