Daysi Bustos Alemán, junto a su hijo discapacitado (al centro)confecciona piñatas para sostener la economía familiar.

Fabricando “alegría” para sobrevivir

La mejor piñata es la que lleva olla, asegura experta María Antonia López M. [email protected] “¡Arriba, abajo!” se escucha en cada fiesta infantil cuando los niños en algarabía absoluta buscan cómo obtener un poco de caramelos que parecieran lloverles del cielo. Pero ninguno de esos inocentes corazones conoce la difícil situación a la que cada […]

  • La mejor piñata es la que lleva olla, asegura experta

María Antonia López M. [email protected]

“¡Arriba, abajo!” se escucha en cada fiesta infantil cuando los niños en algarabía absoluta buscan cómo obtener un poco de caramelos que parecieran lloverles del cielo. Pero ninguno de esos inocentes corazones conoce la difícil situación a la que cada mañana se enfrenta Daysi del Carmen Bustos Alemán, para complacer el gusto de padres exigentes y acomodarse a esas cosas de la modernidad.

Daysi no retrocede cuando le piden que haga imitaciones de los variados personajes de las caricaturas y otros que son copiados de tarjetas de invitación, recortes de envolturas para regalos, y demás. Su improvisado catálogo es un cuaderno de 100 páginas.

Uno de sus hijos nació con problemas auditivos, alguien le comentó sobre la organización llamada Los Pipitos, donde se acercó para que atendieran al fruto de su vientre, la suerte la acompañó en aquellos momentos cuando tuvo oportunidad de ingresar a un grupo de madres que fueron instruidas para la fabricación de piñatas como un medio de obtener recursos y solventar la estrecha situación económica de su hogar.

Relata que no le costó aprender, la primera experiencia cuando no se conoce el oficio cuesta “pero después ya no, todo era hacer el marco de la piñata y sacar hasta más de 20 variaciones”.

Pero el oficio le gustó tanto que decidió tiempo después, pagar un curso extra donde aprendió nuevas formas y diseños, de ahí en adelante todo ha sido fruto de su imaginación.

Para Daysi la calidad es fundamental, una piñata sin olla de barro como base, no sirve, “a veces sólo les ponen cartulina o papel porque no les gusta gastar en los materiales, pero no sirven, en el primer golpe se rompen”.

Sabe que cada día los materiales suben de precio, pero aún así no desiste de hacer una piñata con todas las de ley, colocándoles la mayor cantidad de elementos posibles, aunque eso le implique tener ganancias solamente de 10 ó 15 córdobas por cada una.

No sólo dinero, creatividad y material se invierte en la confección de las piñatas, sino tiempo. El proceso es a veces muy lento, y está en dependencia de las bonanzas que prodiga la naturaleza.

Una vez que ha hecho el esqueleto, y rellenado con papel periódico, el “muñeco” es forrado con papel de envolver para que no “fondeen” las letras de las noticias. Una vez concluido el proceso, es tendido en el pequeño patio donde se procede el secado al sol, lo cual permite el endurecimiento. Esa parte del proceso es trabajada con su hijo discapacitado, quien le ayuda al volver de clases.

Pero ante tanto relato, preguntamos ¿Y usted puede vivir con lo que gana haciendo piñatas? Daysi respondió: “yo me acomodo, compro el material cada vez que voy a hacer una… ahorita estoy trabajando con un banco comunal, pero no siempre tengo, a veces me ayudo haciendo oficios por día donde una muchacha que me viene a buscar”.

“A veces paso días que no trabajo, hay temporadas buenas como diciembre, cuando hago piñatas para las iglesias, o cuando vienen por encargo para las escuelas, pero casi todo el año es malo, a pesar de todo ayudo a la gente, les acomodo el precio, para que puedan hacer sus fiestas, pero siempre le pongo olla, porque en el mercado las pueden comprar más baratas, pero no sirven”.  

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