Líderes para la paz

Educar es sacar desde dentro, es decir, habituar a ver dentro de nosotros, a escucharnos, porque dentro del corazón del hombre está más presente la verdad que en el habla. Educar, por lo tanto, es lo mismo que filosofar o especular y esto es ya educación de la buena, fecunda en frutos de nueva vida”. […]

Educar es sacar desde dentro, es decir, habituar a ver dentro de nosotros, a escucharnos, porque dentro del corazón del hombre está más presente la verdad que en el habla. Educar, por lo tanto, es lo mismo que filosofar o especular y esto es ya educación de la buena, fecunda en frutos de nueva vida”. ¡Educar es pues conducir a la plenitud, a la felicidad, a la perfección…, a la excelencia! Así se forman los líderes.

Habrá pues que avivar la inteligencia y fortalecer la voluntad. Estas son las potencias específicamente humanas. Porque a un animal se le amaestra, se le entrena, se le adiestra, sólo al ser racional se le puede educar… ¡Si él quiere…! dar motivos entonces para que el ser humano quiera realizarse a sí mismo, quiera ser lo que es capaz de ser y por esto se vea obligado a conocerse cada vez mejor, a descubrir cuáles son sus fuerzas más íntimas, a advertir las aptitudes y posibilidades que lo constituyen y ¡por consiguiente a realizar lo que siente que puede y debe ser…!

El padre de familia, la madre y el maestro serán entonces causa eficiente de la educación, de la formación de la personalidad, del desarrollo integral del hombre. Y digo causa eficiente remota, porque la causa eficiente próxima, es la voluntad del educando. Habrá entonces que dar motivos, saber motivar, antojar, entusiasmar, para que; él quiera crecer en su talla de hombre.

¿Y cómo se logra tan ardua tarea? Viviendo el educador, los valores y las virtudes que lo llenan de gozo y de alegría sinceramente, este será el mejor motivo para que los que están a su cargo quieran seguirlo. Porque la esencia de la educación es preparar al hombre para la búsqueda de los valores. Que se enamore pues de los valores, que viva las virtudes, que quiera querer, este es el principal papel del educador, lograr que así sea.

El amor y la verdad se juntaron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y las bendiciones vinieron del cielo. Estas palabras del Libro de los Salmos, están hablando de valores que deberá encarnar el hombre o cuando menos aspirar a ello. Echemos un vistazo a los valores esos de los que tanto se habla y muchas veces quedan en el aire, como algo incomprensible o inalcanzable. La empresa, y aquí vemos que la familia y la escuela son las empresas más importantes del hombre, es esencialmente comunicación… y precisamente se comunican valores o no hay comunicación: la verdadera comunicación es estar en el otro, sembrando, fecundando su alma de bien y verdad principalmente.

La vida tiene grandes valores, si los cuidamos y los incrementamos, conservaremos nuestra existencia y la mejoraremos. Valores vitales: el aire, alimento, agua, vestido, casa, el sueño, ejercicio, trabajo, dinero… y aquí es donde meditamos, en donde nos enfrentamos a la palabra: orden… que es, según Santo Tomás, la armonía, el ser conducido a sus fines, y, según San Agustín, la paz sosegada…, orden es la palabra mágica en la vida del ser humano…

Valores psicológicos: “mejoran la vida de la persona e incrementan la individualidad original del ser humano”, seguridad (principia en la familia, la dan los padres con sus actitudes y relación); pertenencia, que también empieza en la familia (sentirse útil en su pequeña comunidad), convivencia, enseñanza, estima, reconocimiento.

Valores Sociales: encaminados al bien común. (Comunidad, vuelta a la comunidad, no individualismo, no egoísmo), el altruismo como el secreto del éxito del ser humano, responsabilidad, honradez, libertad (decisión y compromiso), derechos humanos, la vida como lo primero, solidaridad, servicio, sinceridad, justicia.

Valores espirituales: “perfeccionan más profundamente la calidad de vida. Lo más excelente de la existencia humana”. La paz: armonía en el orden, el orden sosegado. La alegría —el distintivo de los cristianos, como decía Chesterton— alegría de vivir, que se ve en el rostro y actitudes. La alegría, privilegio de los grandes que tienen alma sencilla, bondad, belleza, amor como el más sublime, la mayor jerarquía; plenitud, excelencia, sentido de la vida.

*Revista on Line Instituto de la Excelencia de Nicaragua.  

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