- Intelectuales coinciden en que no existen patrones ni criterios de selección ni de calidad, para llevar a cabo una subasta de obras de arte
Emilio ZambranaEspecial para LA PRENSA [email protected]
Cualquier persona que piense que en una subasta de obras de arte priva la calidad y el rigor plástico, está prácticamente equivocada. Sí, se trata de una venta de un producto calificado de comercial y como tal es subastado partiendo de criterios mercantiles, de acuerdo a observaciones de especialistas nicaragüenses en artes plásticas.
“Una subasta no es sinónimo de calidad sino de comercialización”, dice categóricamente el escritor y crítico de arte, Julio Valle-Castillo al ser consultado sobre si en una subasta de artes plásticas necesariamente la calidad de las obras de arte es una condición sine qua non para efectuar una venta.
Valle-Castillo sostiene, sin embargo, que el problema se plantea cuando no es sólo una obra de arte subastada, sino que una colección de éstas. Allí se vislumbra un conflicto, de acuerdo al escritor y crítico de arte, cuando surgen obras significativas que no están en el comercio de las artes plásticas.
SUBASTA ES COMERCIAL Y NO “ARTÍSTICA”
“Como es una actividad estrictamente comercial, una subasta no requiere de pormenores que nos induzcan que las obras de arte que son subastadas, tienen la calidad requerida”, dice sin ambages Valle-Castillo.
Sin embargo, sobre el conflicto que puede surgir en cuanto se registra una subasta de una colección de varios artistas, el crítico señala que esto puede menospreciar aún más los precios de las obras.
Al referirse a la recientemente malograda subasta de 360 obras de arte por parte de la Junta Liquidadora del Banco Nicaragüense (Banic), Valle-Castillo sostiene que el hecho de que en el año de 1999 éstas fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Nación, no significa que toda la colección tiene calidad. En este sentido, agrega que posiblemente la colección fue declarada Patrimonio por razones de preservación y no por calidad.
Aunque afirma que la realización de una subasta de obras de arte no es una novedad en nuestro país, ya que en los años 80 se llevaron a cabo varias, lo cierto es que la convocada por el Banic es algo nuevo, porque los artistas exigen el cinco por ciento sobre la venta y además, porque la subasta responde a la recuperación de activos de una institución financiera en liquidación, lo cual no ocurrió en la década de los 80 cuando las subastas de obras de arte se dieron como aportes solidarios a proyectos culturales del extinto régimen sandinista.
VENTAS NADA MÁS
Por su parte el artista plástico y museólogo Luis Morales Alonso sostiene que no existe ningún criterio de selección en asuntos atingentes a la calidad de una obra de arte subastada. “La subasta es un negocio, una transacción financiera”.
No obstante, Morales Alonso señala que una subasta de obras de arte, en términos mercantiles, tiene otra connotación, pues es “un negocio caro porque tenés que invertir en publicidad para poder interesar a los posibles compradores”, afirma.
El pintor puso como ejemplo la famosa casa de subastas de Londres llamada Christie’s, en la cual se llevan a cabo subastas de obras de arte, donde uno de los pocos criterios de venta de una obra de arte es su antigüedad y si perteneció a algún período importante en la historia de la cultura universal. “De allí su importancia y el precio de una obra de arte”, señala Morales Alonso.
BUSCAR ESPECIALISTAS EN MERCADOTECNIA
Tras insistir en que una subasta es nada más que una venta pública que se adjudica al mejor postor, el museólogo propone que para la realización de otra subasta, los vendedores deben buscar especialistas en mercadeo, porque es una acción de compra-venta.
Señala que no puede un “simple administrador decidir qué es arte y qué no lo es”, refiriéndose específicamente al caso de la subasta del Banic. “El problema en todo esto es la ignorancia, porque creen que una subasta de obras de arte es una venta de remate o una especie de garaje self”, dice con ironía el artista.
ARELLANO: MERCADO NACIONAL ES DESIGUAL
El destacado intelectual Jorge Eduardo Arellano, presidente de la Academia de la Lengua, dijo a LA PRENSA que una subasta de obras de arte es un evento comercial y que el reconocimiento internacional depende del mercado artístico que en Nicaragua es “muy desigual”, dice.
Arellano coincide con los especialistas en el sentido de que una subasta no es otra cosa que la comercialización de un producto, en este caso una obra de arte, y que los artistas con calidad no “pasan de media docena”, asegura, tras mencionar entre éstos a Armando Morales, Alejandro Aróstegui, Bernard Dreyfus y Omar De León.
Al referirse a la adquisición de obras de arte por parte de una institución financiera, “éstas —dice—, lo hacen con un sentido figurativo y no con criterio artístico. Menos cuando se da una subasta para recuperar dinero de una institución quebrada”, agrega.
Vistas así las cosas, los expertos en crítica de arte coinciden en señalar que no existen patrones ni criterios de selección ni de calidad, para llevar a cabo una subasta de obras de arte en nuestro país. Todo se remite a lo comercial, que es la finalidad de la institución que convoca a una subasta.