¿Qué será diferente?

Mosley- Forrest, obligada revancha Edgard Tijerino [email protected] Cuando pretendes ser reconocido como “otro Sugar” en el boxeo mundial, es porque tienes bastante semejanza con el estilo, la espectacularidad y las agallas de Robinson y Leonard… Ellos fueron capaces de tomar algún mal momento, para emerger bruscamente, volver a proyectarse hacia la grandiosidad y mostrar sus […]

  • Mosley- Forrest, obligada revancha

Edgard Tijerino [email protected]

Cuando pretendes ser reconocido como “otro Sugar” en el boxeo mundial, es porque tienes bastante semejanza con el estilo, la espectacularidad y las agallas de Robinson y Leonard… Ellos fueron capaces de tomar algún mal momento, para emerger bruscamente, volver a proyectarse hacia la grandiosidad y mostrar sus relucientes dentaduras.

¿Podrá hacerlo Mosley?

Hace seis meses, la reputación de Mosley se estaba moviendo en las más altas esferas del boxeo, hombro a hombro con Barnard Hopkins, puño a puño con Roy Jones, y por encima de Oscar de la Hoya y Tito Trinidad.

Pero, cayó en desgracia al ser derrotado inobjetablemente por el furor, la velocidad, la precisión y la voracidad de Vernon Forrest, una noche tan triste como la que vivió Hernán Cortés en 1520.

Y si fue tan indiscutida la victoria de Forrest aquella noche del mes de enero en una de las salas del Garden, ¿por qué creer que puede cambiar la historia y el desenlace en esta ocasión?.

Porque considero poco probable que Forrest puede conseguir otra descarga tan destructiva muy temprano en la pelea, como ocurrió en aquel tenebroso segundo round… A partir de ese brutal desborde ofensivo de Forrest, vimos a Mosley expuesto imprudentemente a un fiero bombardeo, batallando dramática y escalofriantemente sólo por escapar al nocaut.

Las ventajas de 10 y 9 puntos en dos de las tres tarjetas, lo dicen todo sobre el calvario que atravesó el nuevo “Sugar” en esa pelea rápidamente desequilibrada.Él nunca tuvo, como Fernando Vargas frente a Trinidad, la oportunidad de recuperar oxígeno, y fue sometido a un golpeo violento y sostenido.

Ciertamente, Forrest se vió tan inmenso como un océano, y hoy tratará de reiterar esa impresión, siempre y cuando las diferencias vistas aquella noche, correspondan con exactitud a la comparación de habilidades, resistencia y determinación mostradas en el Garden.

Me resisto a creerlo… Consideré que una revancha, tendríamos mucho que discutir alrededor de lo ocurrido entre un Shane Mosley sorprendentemente derretido, y un Vernon Forrest agigantado hasta el asombro.

Dije en enero, que no podía admitir tranquilamente, que Forrest fue abrumadoramente superior, porque eso equivalía a pensar que Mosley nos logró engañar magistralmente, como producto de un truco de Cooperfield, hasta llegar a calificarlo ingenuamente como “el mejor del mundo libra por libra”.

No amigos, Mosley no fue una estafa… Pienso, que con Mosley en control de su accionar muscular, no peleando destruido, difícilmente podemos encontrar un boxeador en toda la redondez del planeta, capaz de vencerlo tan abrumadoramente.

No voy a subestimar a Forrest, porque nadie puede hacerlo, pero en esta ocasión, para imponerse, tendrá que atravesar el mar de las dificultades, a menos por supuesto, que consiga otra temprana descarga tan devastadora, como esa que le permitió derribar dos veces a Mosley, dejándolo destrozado por dentro y por fuera, listo para el arrastre.

La revancha de esta noche en Indianapolis, debe ofrecer otros ángulos… Estoy seguro.

FUE TERRIBLE

¿Por qué Mosley se vió tan indefenso en la primera pelea?

Sencillo, porque “murió” temprano… En ese segundo asalto, después del choque de cabezas que produjo un corte en la parte izquierda de “Sugar”, Forrest atacó con rapidez aplicando combinaciones destructivas, y Mosley, que cayó dos veces y parecía inminentemente noqueado, colocó su alma encima del desfallecimiento muscular, la oscuridad mental y los gemidos de sus huesos, para sólo buscar cómo mantenerse en pie contra viento y marea, y lo logró, heroica pero inútilmente.

En el décimo asalto, Mosley entró al infierno que nos muestra Dante, a galope tendido impulsado por los golpes de Forrest. No tenía nada más que ofrecer. De hecho anduvo desnudo y enclenque muscularmente desde ese segundo asalto. Careció de ideas. Su velocidad desapareció y se vio más errático que un ciego tratando de abrirse paso en la Quinta Avenida de Nueva York en hora pico.  

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