José Leñero G.*
En artículos anteriores había explicado que ya no basta hablar de Recursos Humanos, para referirse a todos los que forman el personal de la empresa, sino que hay que distinguir entre los que se limitan a hacer lo que se les ordena y los que tienen iniciativa para proponer y aplicar nuevas formas de elaborar sus productos (bienes y servicios) y aún, para crear nuevos que den mayor valor a sus clientes, a los que llamé “Recursos Humanos Valiosos”.
El Dr. José Joaquín Seco, un excelente analista de los temas gerenciales, me convenció que la palabra recurso tiene una acepción muy ligada a cosas materiales, por lo que es mejor buscar otra denominación. Así, he adoptado la palabra personal, que ya se usaba hace tiempo, para el grupo humano sin las calificaciones de valiosos, y capital humano para éstos.
A propósito del bestseller Embracing Excellence, de Franklin Ashby y Arthur Pell, 2001, dedicado a cómo mantener y desarrollar a ese grupo especial de empleados en quienes reside el potencial de innovación y, por tanto, el posicionamiento futuro de la empresa, me pregunté ¿cuánto estarán haciendo nuestras empresas para mantener y desarrollar a los que merecen ese calificativo?
Este tema ya es muy importante en las empresas líderes del primer mundo que saben que su posicionamiento actual será efímero si no preparan el reemplazo de los productos que hoy ofrecen por otros que tengan más valor para los clientes y también más valor que las innovaciones que les ofrezca la competencia.
Por otra parte, ya pasó la época en que los buenos empleados permanecían en una empresa. Ahora están constantemente buscando mejores oportunidades, de modo que quién los tenga debe tener especial cuidado de que sigan allí.
Ashby y Pell dicen en este libro que el capital humano prefiere las empresas creativas a las obsesionadas por la productividad y lo que los hace decidir si se quedan o buscan mejores horizontes, es la cultura organizacional que perciben.
Como los hechos hablan más alto que las palabras, he aquí algunas características de la cultura organizacional que, según esos autores, el capital humano aprecia:
– Celo misionero: Cultura llena de expectativas y de entusiasmo.
– Orgullo, sinceridad y cooperación: Ser conocidas por su dedicación a los clientes.
– Descontento creativo: Búsqueda permanente de cómo mejorar todo lo que hacen.
– Integridad: Actuar en consecuencia con sus valores.
– Creatividad e innovación: Mantener presupuesto y programas de búsqueda de novedades.
– Foco en elaborar sistemas y procesos: No se basan sólo en la capacidad de sus líderes, sino en la sistematización del trabajo.
– Altas expectativas profesionales: Buscan siempre la calidad y la innovación.
– Remuneración adecuada y programas de incentivos: Algunos incluyen acciones.
– Celebración de los éxitos: Hábito de reconocimiento que inspiran a buscarlos.
– Regla de Oro: Aplican a todos lo que usted desea que hagan con sus éxitos.
Creo que esta lista es una excelente guía para verificar cómo estamos preparando a nuestra empresa, para seguir teniendo éxito en los próximos años.
* Consultor Internacional.