Edgard Rodriguez [email protected]
No es necesario ser científico para percatarse que los disparos de Adonis Rivas no disponen de la potencia necesaria para hacer estragos entre sus oponentes.
Tampoco se necesita ser especialista en asuntos estéticos para descubrir que no tiene dominio de la técnica y que por tanto, difícilmente brindará espectáculo.
El leonés, es más bien un muchacho esforzado, que a base de coraje y agallas, alcanzó niveles que han sido ajenos para púgiles de más y mejor talento.
Sin embargo, este sábado en Argentina, Rivas no sólo perdió el título que lo acreditaba como campeón mundial. Perdió mucho más que eso.
Adonis perdió la oportunidad de continuar sacándole provecho a una corona, que aunque no en abundancia, le ha permitido mejores condiciones a su vida.
Perdió la oportunidad de seguir penetrando en el afecto popular, más allá de las limitaciones que en términos objetivos tiene y que le han sido dispensadas.
Pero sobre todo, perdió la oportunidad de ganarle espacio, a todos aquellos que siempre lo han visto con un sentido lastimero y que jamás han reconocido su entrega.
Y todo eso, por su culpa.
Estamos claros, que se puede discutir en torno al manejo que se le ha hecho. Dicen que él fue el último en saber que pelearía y lo agarraron movido. Eso es grave.
Pero decir que ir a la Argentina a pelear, ha sido un error, no lo creo. ¿Entonces qué clase de campeón tenemos? ¿Uno para tenerlo escondido en casa y sólo sacarlo cuando creemos que va a ganar?
No sé a usted, pero Omar Narváez no parece algo próximo a Joel Luna Zárate. Tuvo una carrera brillante como amateur, pero ¿cuántos estrellas aficionados no han quedado en el camino?
Hay muchos.
Aquí lo que falló fue la preparación de Adonis.
Adonis no es una lumbrera, pero tampoco es tan inútil como se vio en la pelea y ante un púgil rápido pero sin pegada paralizante.
Narváez pude llegar a desarrollarse y sostenerse. Eso no lo sabemos. Pero para vencer a este Adonis del sábado, no se necesitaba mucho talento.
No podemos seguir contando con boxeadores, que siempre los agarran fuera de base, sin la preparación correcta. Ahí está la lección para los demás púgiles.
El año de tres jugadores en las Grandes Ligas y tres campeones mundiales, se nos está diluyendo.
Primero fue la lesión de Marvin Benard, que nos dejó en manos de Padilla y Mairena.
Ahora tropieza Adonis y nuestro orgullo boxístico estará centrado en Rosendo y Mayorga, quienes estarán en acción próximamente.
La historia de Adonis no debe repetirse. Su fuerte ha sido la entrega y su preparación. Por lo visto, ambos factores fueros descuidados y así no es posible el éxito.