- Las ganancias recurrentes de las casas comercializadoras de café en Estados Unidos se distancian mucho de los pesares que enfrentan los trabajadores agrícolas en las montañas norteñas de Nicaragua.
Ésa es la percepción de un periodista estadounidense.
Peter FritschRedactor de The Wall Street Journal
LA DALIA, NICARAGUA.- Antonio Luna creyó haber pasado los peores momentos de su vida cuando, en los años 80, su pueblo en las tierras altas de Nicaragua, ricas en café, estaba sumido en la guerra entre los rebeldes de la “contra”, apoyados por Estados Unidos, y el gobierno sandinista.Esto fue hasta que el pasado mes de mayo tuvo que cambiar su casa por una lona de plástico montada al borde de la carretera. Agrupado junto con otros 3,000 recolectores de granos de café sin empleo, Luna es un refugiado del conflicto con mayor potencial de devastación que él haya conocido: una lucha mundial por el mercado del café, valorado en 55,000 millones de dólares. La batalla ha dejado al mundo inundado de la variedad java y ha llevado los precios de los granos ajustados por inflación a sus niveles más bajos en más de un siglo. “No hemos tenido trabajo desde febrero y hemos estado mendigando aquí para vivir”, dice Luna, un apático hombre de 33 años, rodeado de un grupo de niños visiblemente desnutridos y descalzos. Están viviendo de plátanos y de la caridad de la gente. “Al menos durante la guerra había comida”.En las exuberantes regiones donde se cultiva el café desde América Central a África, el derrumbe de los precios está contribuyendo a conflictos sociales que están afectando a 125 millones de personas. En Uganda y Burundi, que obtienen el 70 por ciento de sus ingresos de las exportaciones de café, la profunda caída de los precios ha hecho evaporar las ganancias de la condonación de su deuda internacional. La sobreabundancia de granos, causa de la crisis, no parece terminar rápidamente, porque muchos pequeños agricultores ven pocos cultivos alternativos que sean legales y rentables.
GANADORES Y PERDEDORES
En Estados Unidos y el resto de los países desarrollados ha caído el precio del café en los supermercados, pero mucho menos de lo que cayó para los agricultores.Esto genera ventas y ganancias récord para algunas empresas que procesan y comercializan el café, según los ejecutivos del sector. Cuatro gigantes, Procter & Gamble Co., Kraft Foods Inc. de Philip Morris Co., Sara Lee Corp.y Nestlé SA controlan alrededor del 40 por ciento del mundo del café. Lo compran en grandes cantidades y lo tuestan, lo muelen y lo mezclan en marcas como Maxwell House de Kraft o Folgers de P&G. Los bajos precios del café que acrecientan los beneficios de las empresas están “provocando la desaparición de comunidades rurales y obligando a los campesinos desesperados a caer en el crimen, en cultivos ilícitos o la inmigración ilegal”, dice Néstor Osorio, un colombiano que encabeza la Organización Internacional del Café en Londres, que representa a los países productores. Pronostica más tragedias, como la sucedida a 14 recolectores de café desempleados en el estado mexicano de Veracruz, que murieron deshidratados en Arizona en mayo de 2001 mientras intentaban cruzar a EE.UU. por el desierto de Sonora.
ARMA POLÍTICA
Hasta los 90, el deseo de seguridad internacional llevó al alza los precios del café, un instrumento clave para la política exterior de Estados Unidos en países como Nicaragua, donde el café da empleo a más del 40 por ciento de la fuerza laboral rural. El café, el bien básico más negociado después del petróleo, fue visto durante la Guerra Fría no sólo como un estimulante para empezar el día, sino como un baluarte contra el comunismo. Durante la crisis de los misiles en Cuba de 1962, el senador Hubert Humphrey dijo al Congreso estadounidense que asegurar buenos precios del café a los campesinos latinoamericanos “es una cuestión de vida o muerte… El castrismo se expandirá como una plaga por toda América Latina a menos que se haga algo con los precios de las materias primas que se producen allí”. Ese año, los 66 países importadores y exportadores de café crearon el Acuerdo Internacional del Café, convenio que impuso estrictos límites a las naciones exportadoras y aumentó artificialmente los precios durante casi tres décadas. Pero cuando cayó el muro de Berlín en 1989, cayó el acuerdo del café.En su lugar surgió una nueva ideología de libre comercio, liderada por Estados Unidos. Muchas naciones productoras terminaron los programas de compra y almacenamiento de café que controlaban el abastecimiento. Esto permitió a Procter & Gamble, Nestlé y otros grandes empresas comprar directamente los granos a relativamente pequeños productores, permitiéndoles negociar mejores precios. El resultado fue exportaciones de café para todos y un auge en la producción que sigue generando más grano del que el mundo necesita.
LA LLEGADA DE DOS GIGANTES
Brasil y Vietnam, que surgieron como grandes productores de café en los últimos cinco años, han inundado el mercado con sus granos como parte de la competencia internacional. Esto dejó al mercado global con un exceso anual de casi dos mil millones de libras de café.Para fines de los 80, los países exportadores de café obtuvieron alrededor de entre 10,000 y 30,000 millones de dólares en ventas minoristas. Hoy, el mercado total se ha duplicado, pero con grandes compradores dispuestos a poner a los agricultores unos contra otros, lo que lleva a los países exportadores a recibir menos de 6,000 millones de dólares, según la Organización Internacional del Café. Los precios del café en la bolsa de café, azúcar y cacao de Nueva York, rondan en la actualidad los 0.50 centavos por libra, un 80 por ciento por debajo de máximo valor de 3.15 dólares de mayo de 1997. Pero los costos de producción en América Central son de cerca de 0.80 centavos por libra. Esto supone la insolvencia para muchos agricultores.El impacto social en los países que aún están saliendo de sus crisis de deuda y guerras durante los 80 y 90 es profunda. En América Central y México, donde se cultiva parte del café de mejor calidad del mundo, el Banco Mundial estima que 600,000 trabajadores del café permanentes y temporales han perdido sus empleos tan sólo en los últimos dos años. Organizaciones caritativas y de lucha contra la pobreza estiman que más de 1.5 millones de campesinos de la región carecen de comida.
GRAN “OPORTUNIDAD”
El derrumbe de los precios del café ha sido una gran ayuda para las empresas que procesan los granos y venden el producto final. A pesar de que los precios que se le pagan a los agricultores cayeron un 80 por ciento desde 1997, el precio medio minorista del café tostado en las ciudades de Estados Unidos ha caído tan sólo un 27 por ciento, según la oficina de estadísticas laborales estadounidense.La diferencia de precio entre los precios mayoristas internacionales y el de los supermercados minoristas se disparó a 2.54 dólares en mayo, frente al 1.50 dólares de cinco años atrás. Además, los grandes compradores están sustituyendo al café “robusta” menos caro de Vietnam y Brasil por la variedad “arábica”, de más calidad, cultivada en América Central.Algunos de los líderes de la industria han tomado nota de la brecha cada vez más amplia entre ricos y pobres. En marzo, Howard Schultz, presidente de Starbucks Corp. pidió a otros ejecutivos cafeteros que “compartieran” la prosperidad con los cultivadores.En lugar de pagar el café a precios por encima del mercado, dice la vocera de P&G, Tonia Hyatt, el productor de la marca Folgers prefiere suministrar ayuda a la comunidad. La portavoz dice que las oficinas de la compañía en México, Brasil y Venezuela, contribuyeron de forma combinada con 10 millones de dólares el año pasado para obras como centros de salud comunitarios y escuelas. “Nos importa mucho y queremos que las personas involucradas en el proceso del café tengan un negocio sostenible”, dice. Kraft, Sara Lee y Nestlé dicen también que ayudan a los pequeños cultivadores a su manera.
“BUENAS ACCIONES”
Sara Lee asegura que trata de comprar al menos el 10 por ciento de su café de pequeños agricultores y cooperativas. Nestlé compra el 13 por ciento directamente de los cultivadores “asegurándose de que reciban el valor completo de su cosecha”, dice el vocero François-Xavier Perroud. Pero añade que la creciente demanda de café “es la mejor forma de garantizar un futuro a largo plazo para los agricultores”.Kraft ha ayudado a educar a cultivadores peruanos, entre otros programas, pero también cree que su “contribución más importante” es promover la demanda, dice la vocera Patricia J. Riso.
El consumo de café crece en Estados Unidos a un ritmo del 1 por ciento al año, pero eso no es una panacea. El consumo per cápita es de cerca de 20 galones al año, menos de los cerca de 37 galones anuales en 1970.La división de café y té de Sara Lee tuvo ventas de 2,900 millones de dólares el año pasado e ingresos “después de contabilizar partidas no recurrentes” de 495 millones de dólares, sus mejores resultados financieros en al menos cinco años, dice el vocero Joost J. den Haan.El negocio de café de P&G, con cerca de 1,000 millones de dólares en ventas anuales, tuvo “un año récord” en 2001, de acuerdo con el informe anual de la compañía. P&G declinó comentar sobre la rentabilidad del café, al igual que Nestlé y Kraft. Pero Nestlé dijo que las ventas de café en volumen alcanzaron niveles récord en 2001.
EMIGRACIÓN Y OTRAS OPCIONES
Al no existir otros cultivos competitivos, “la única diversificación viable para los cultivadores es la emigración masiva”, dice Eric Ponçon, director en Nicaragua del grupo ECOM, comercializador de café.
Se estima que unos 400,000 nicaragüenses viven ahora en Costa Rica. Mendigan trabajo en competencia con los costarricenses, a quienes no complace ser sus anfitriones. La crisis del café ha dado pie al planteamiento de soluciones extremas. En México, la estatal Petróleos Mexicanos ha estado mirando la posibilidad de usar excesos de café para absorber los derramamientos de petróleo.
Otras ideas incluyen usar café como alimento para animales o como combustible.
La respuesta para un puñado de haciendas bien administradas de Nicaragua es vender al llamado mercado de café de especialidad, que paga una prima por el grano de variedad de alta calidad.
Pero este mercado nicho es pequeño (cerca de 100 millones de dólares al año) y las marcas de calidad tienen dificultades a la hora de ganar espacio en los estantes de los supermercados cuando son enfrentados a comercializadores poderosos como Procter & Gamble.
La Asociación Nacional del Café de EE.UU. espera estimular más consumo concentrándose en “la investigación científica sobre los beneficios saludables del café”, dice Robert F. Nelson, presidente del grupo comercializador.