Eberhard Balmaceda
Es lamentable enterarse de lo que ocurre en Nicaragua, donde cada vez más salen a luz las denuncias de actos de corrupción ocurridos en el gobierno del Dr. Arnoldo Alemán.
La última noticia es acerca de los gastos excesivos realizados con tarjetas de crédito, llegando a la inmensa suma de un millón 800 mil dólares.
Y uno se pregunta: ¿cuántas escuelas se pudieron mejorar?, ¿cuántas carreteras se pudieron mejorar?, ¿cuántas medicinas se pudieron comprar con este dinero?
Pero en Nicaragua todo sigue igual: los poderosos se escudan en inmunidad, otros salen huyendo por la fronteras con sus bolsillos llenos de dinero del pueblo nicaragüense. Y el pueblo está con las manos atadas, ya que los que tienen el poder para cambiar esto (políticos en la Asamblea, cortes de justicia, etc.) no hacen más que proteger a los poderosos y cambiar las leyes para que les favorezcan.
En el Editorial de LA PRENSA del 26 de junio se critica a los productores y sus tranques, pero yo pregunto: ¿qué alternativa tiene el pueblo para expresar su indignación, si todos los poderes del Estado que se supone están para protegerlos no lo hacen y al contrario manejan una serie de relaciones en la cual se protegen unos a otros?
El presidente Bolaños trató de comenzar una campaña para restablecer la credibilidad del gobierno, pero ya ésta se ha visto detenida e incluso la credibilidad del Sr. Presidente se ha visto manchada con el tema de su pensión vitalicia. Además, que no se hace nada para recuperar los bienes robados, sólo se enjuicia a algunos, de los cuales unos se encarcelan y otros huyen, pero el dinero no se recupera.