Clarissa AltamiranoCORRESPONSAL/ [email protected]
Después de cuatro días de fiesta, San Juan de Oriente despidió a su patrono: San Juan Bautista, siendo el mayor atractivo el baile de los chinegros, pero también se lució con las actividades religiosas.
El párroco Gerardo José Rodríguez refirió que las fiestas iniciaron en 1610, cuando la imagen de San Juan Bautista arribó al puerto de El Realejo y fue trasladado hacia el poblado.
Estas fiestas patronales conservan las costumbres religiosas y culturales. Parte de ese acervo cultural es la danza de los chinegros que al ritmo de los chicheros se retan a un doloroso duelo. El mismo simboliza a los guerreros del patrono.
José Antonio Salazar, de Niquinohomo, uno de los protagonistas del baile, manifiesta que el recibir los latigazos en su cuerpo representa parte de la emoción que produce también la música, mezclada con la fe y la devoción de los participantes de este pueblo.
MUESTRA DE LA IDENTIDAD
“Nuestras fiestas patronales representan nuestra identidad, es algo alegre que te llena como persona y solamente en nuestros pueblos la podemos vivir”, expresó Salazar.
Josefa Eulalia Gallego Gallego, de 98 años, relata que “antes los chinegros se pintaban todo el cuerpo de contil, sólo se miraba lo blanco de los ojos y los dientes. También había un mayordomo hombre que los buscaba, pero en la actualidad salen muchachas dándose cuerazos. En mis tiempos no era así. Antes de salir a darse chilillazos se arrodillaban ante el santo para salir bendecidos y recorrer las calles azotándose”, recordó.
A éstos los acompaña la yegüita, que desempeña el papel de mediadora entre ambos chinegros. La tradición de los chinegros data de unos 300 años. Se comenzó con una emigración de gente del pueblo hacia una comunidad de Diriomo llamada El Arroyo.