Muchas gracias

Edgard Rodríguez C. [email protected] El mundial ha concluido de una forma perfecta y poética. Sin puntos de contacto con un torneo que estuvo permanentemente bajo escrutinio por los árbitros o la ausencia de fantasías, de esas que generan la admiración masiva. Ha concluido, con un Brasil que no sólo demostró ser el mejor intérprete del […]

Edgard Rodríguez C. [email protected]

El mundial ha concluido de una forma perfecta y poética. Sin puntos de contacto con un torneo que estuvo permanentemente bajo escrutinio por los árbitros o la ausencia de fantasías, de esas que generan la admiración masiva.

Ha concluido, con un Brasil que no sólo demostró ser el mejor intérprete del fútbol, sino que a la vez, extrajo lo mejor de su profunda y febril cantera, para preservar su status y exhibir un club de enorme funcionalidad, articulado por Ronaldo.

Y Ronaldo, se comportó como el astro del mundial, como un representante de esta época, en la que los “cracks” no son de capa y espada, sino más bien, genios de un momento exacto, pero que a la vez, suelen alcanzar el imán de seducir a la colectividad.

Brasil le ha puesto el punto final a la Copa, saltando de la nada a la gloria. Superando a una Alemania eficiente y fuerte, y que por concentrarse tanto en la búsqueda del gol, para luego ir a defenderse, abandona cualquier tentación creativa.

Al final, Cafú estaba sobre el propio atril, alzando la quinta Copa para el fútbol brasileño, mientras estallaban miles de flashes y fuegos artificiales, con gente en todas las latitudes, de pie, abrazándose, delirando sobre un cielo salpicado de confetis en una jornada preciosa.

El telón ha caído, anegando de nostalgias el ánimo de los aficionados y el mundial se instalará ahora en el imaginario colectivo de una sociedad que ha mitificado a sus héroes, y varios de los brasileños como Ronaldo, Rivaldo, Cafú, Marcos y Kleberson, caben en esa categoría.

También ha concluido la gran fiesta para muchos países cuyos equipos sólo se asomaron, pero salieron rápido del Mundial. Sin embargo, estuvieron ahí. Muchas grandes tropas quedaron en el camino y un grupo de conjuntos, sin pedigrí, avanzó más allá de lo previsto.

Para nosotros aquí en LA PRENSA, también termina una jornada. Esta edición del suplemento Copa 2002, que usted tiene en sus manos, es la última.

Nacimos exactamente cuando inició la Copa, el 31 de mayo… Recuerdo que premonitoriamente titulamos “FRANCIA LLORA”. Nos referíamos a la salida de Zinedine Zidane por una lesión. Más tarde, comprobamos que efectivamente la otrora poderosa tropa europea lloró al tropezar ante Senegal, en el preludio de su penoso tránsito por el Mundial.

Ha sido una experiencia enriquecedora. Hemos aprendido y disfrutado de este deporte, el único de alcance planetario en esta era de la informática y la economía globalizada. Pero también hemos trabajado con amor, disciplina y dedicación.

En nombre del staff que lo elaboramos, tanto redactores como diseñadores y editores, no nos queda más que decirles muchas gracias, porque a través de sus mensajes, críticas y elogios, hemos llegado hasta el final con el mismo entusiasmo que iniciamos.

Todo proyecto es un cuchillo de doble filo. Funciona, o no funciona. Y de acuerdo a las comunicaciones que recibimos de ustedes, no nos queda la más mínima duda que no sólo funcionamos, sino lo que hicimos al tope.

Muchas gracias.

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