Guus Hiddink no pudo conseguir el tercer lugar en el Mundial, pero consiguió gran prestigio.

El “holandés errante”

Hiddink se quedó sin el consuelo del tercer puesto Efe Daegu, Corea del Sur.- Guus Hiddink, el “holandés errante”, cerró ayer su singladura coreana sin el consuelo del tercer puesto, pero pasará a la historia como el entrenador que llevó al fútbol de este país y de Asia a la mejor clasificación jamás lograda en […]

  • Hiddink se quedó sin el consuelo del tercer puesto

Efe

Daegu, Corea del Sur.- Guus Hiddink, el “holandés errante”, cerró ayer su singladura coreana sin el consuelo del tercer puesto, pero pasará a la historia como el entrenador que llevó al fútbol de este país y de Asia a la mejor clasificación jamás lograda en un Mundial.

Corea, anfitriona del Mundial junto con Japón, se queda con el cuarto puesto después de perder en Daegu 2-3 frente a Turquía, sorprendente tercera en su segundo torneo después del de Suiza 1954.

El cuarto puesto llegó después de que el buque pilotado con mano maestra por Hiddink dejara en el camino hasta semifinales a selecciones de la talla de Portugal, Italia y España para caer ante Alemania.

Es la primera vez que un país del continente asiático alcanza el cuarto lugar en el Mundial. Con este éxito, Hiddink iguala el cuarto puesto que consiguió con Holanda en Francia 1998.

Hiddink, de 55 años, es un técnico con espíritu de aventura, tal y como ya demostró en su etapa de jugador, que transcurrió por equipos de Holanda en los albores del fútbol profesional de este país.

Como jugador, aquel defensa zurdo desarrolló una labor de menor calado que como técnico, ya que en la década de los ochenta vivió su primera gran experiencia internacional al llevar al PSV Eindhoven al título de campeón de Europa en 1988 (0-0 con el Benfica y victoria en los penaltis).

A pesar de que el equipo holandés fue campeón sin ganar un partido desde cuartos de final, aquel éxito le abrió las puertas del fútbol internacional y bien pronto inició su periplo por el extranjero en el Fenerbahce turco.

En España, conoció el éxito y el fracaso. En dos etapas cortas logró con el Real Madrid la Copa Intercontinental ante el Vasco de Gama y fue técnico del Betis durante algunas jornadas del año 2000, cuando el equipo sevillano descendió a segunda división.

Como seleccionador nacional destaca su periplo al frente de la selección holandesa entre 1995 y 1998.

EL DESEMPEÑO

Amante del fútbol ofensivo allí donde ha estado, Hiddink buscó siempre que el equipo surcoreano llevara la iniciativa ante los rivales a los que se enfrentó, sin olvidar la fuerza física, la rapidez y la tensión de los jugadores.

En la primera fase del Mundial, Corea del Sur se clasificó primera de su grupo después de ganar a Polonia (2-0), empatar con Estados Unidos (1-1) y vencer, contra todo pronóstico, a Portugal (1-0), en lo que supuso la eliminación de la llamada “generación de oro” del fútbol luso, capitaneada por Luis Figo.

En octavos puso en la calle con un “gol de oro” a la poderosa Italia, tres veces campeona Mundial, un “yate” de tripulantes multimillonarias que fue abordado y hundido por un “navío” de aguerridos marineros coreanos, a las órdenes del “holandés errante”.

Le ayudaron decisiones muy discutibles del árbitro del encuentro, como ocurrió luego con España, pero todo ello no resta valor al trabajo de Hiddink, que ha pilotado a un equipo inexperto al cuarto puesto en el Mundial, con el aliento incansable de la “marea roja”, como se conoce a la hinchada coreana.

El “holandés errante” cierra su contrato con el país asiático y se dispone a escuchar ofertas. En Corea del Sur se le admira tanto que en los partidos del Mundial no era raro ver pancartas con el lema: “Hiddink, for president” (Hiddink, presidente).  

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