- Yokohama es una ciudad fría que no vive la pasión del fútbol
Oscar González
Yokohama/Efe.-Yokohama, que acogerá esta mañana la final del primer Mundial del siglo XXI, vive la víspera del enfrentamiento entre Brasil y Alemania sin pasión alguna, ajena a las emociones que despierta en el resto del mundo.
Nada hace imaginar que este domingo Yokohama vaya a vivir el mayor acontecimiento deportivo de su historia, un partido que será seguido en todo el mundo por millones de espectadores.
Esta ciudad de tres millones de habitantes ni ha variado su rutina, ni se ha engalanado para la ocasión ni, mucho menos, se ha visto desbordada por la invasión de aficionados de ambos conjuntos.
Ni cánticos, ni bufandas al aire, ni una riada de camisetas de la “canarinha” o la “Mannschaft”, los escasos aficionados que han seguido a ambas selecciones aún no se han hecho notar y por las calles no se ve más que a algún “despistado” que porta los colores de Inglaterra o España, selecciones que hace tiempo dejaron de ser protagonistas.
La selección de Rudi Voeller contará, oficialmente, con 2,300 seguidores, de acuerdo a las entradas que ha entregado la FIFA a la Federación Alemana de Fútbol.
De estos, tan sólo dos centenares de ellos son incondicionales que creyeron en las posibilidades del conjunto de Rudi Voeller desde su primer partido en Sapporo, frente a Arabia Saudí, y le han seguido tanto en Japón como en Corea.
Brasil arrastró sólo a un millar de seguidores en su periplo por ambos países, pero también estará apoyada en el estadio Internacional de Yokohama por los 3,221 aficionados que compraron las últimas entradas en Tokio.
Cuenta, además, con el apoyo de la amplia colonia de japoneses descendientes de brasileños y con la admiración que despierta su fútbol en un país que se empezó a interesar por este deporte, en franca minoría respecto al béisbol y al sumo, con la llegada de “estrellas” como Artur Antunes Coimbra “Zico”, en los años ochenta.
Frente a la locura que desató en Corea del Sur el Mundial, gracias a la clasificación de la selección de Guus Hiddink para la semifinal, Japón se desenganchó de la Copa del Mundo el pasado 18 de junio, cuando Turquía, acabó con las esperanzas del conjunto que dirigió el francés Phillipe Troussier.
De hecho, Yokohama no había vibrado más que con el triunfo de Japón sobre Rusia (1-0), en un partido que se disputó el 9 de junio en el escenario de la final.
Entonces, las calles se poblaron de aficionados y algunos hicieron sonar las bocinas de su vehículos para festejar la victoria que le abría las puertas de los octavos de final.
Tres semanas después, el Mundial es casi un recuerdo para la mayoría de habitantes de la ciudad. Ni en los campos de entrenamiento, ni en los hoteles de concentración de los dos finalistas, ni en los alrededores del estadio se percibe excitación alguna.
INDIFERENTE
-Mientras en Corea del Sur la disputa de la semifinal frente a Alemania echó a las calles a casi siete millones de personas, para presenciar el partido en alguna de las 223 pantallas gigantes, en Japón, la disputa de la final no congregará fuera de sus casas a más multitud que los 70,000 espectadores que acudan al estadio.
-De hecho, en Tokio no podrán ver el encuentro en la pantalla gigante del Estadio Nacional, porque los organizadores no han considerado la final de “interés general”. “El propósito original era reunir a la gente para que apoyase a la selección japonesa, así que una vez que fue eliminada, se cancelaron las transmisiones”, explicó un portavoz de los organizadores.
-A pocas horas del comienzo del último partido del Mundial más caro de la historia, Yokohama vive indiferente, bajo la lluvia, una final histórica, que enfrentará a los dos equipos que más veces han disputado el título, Brasil y Alemania.