Después de una jornada de pesca, Germán Dávila regresa con un par de deliciosos calwas.

Del volquete a la panga

Con los primeros rayos del sol, que brilla con intenso fulgor sobre el manto plateado de las quietas aguas de la entrada a la bella Laguna de Perlas, regresan a la costa, como guiados por una corriente de aire cálido, las pangas de motor y los pequeños botes de vela de los pescadores ribereños. En […]

Con los primeros rayos del sol, que brilla con intenso fulgor sobre el manto plateado de las quietas aguas de la entrada a la bella Laguna de Perlas, regresan a la costa, como guiados por una corriente de aire cálido, las pangas de motor y los pequeños botes de vela de los pescadores ribereños.

En un imaginario muelle compuesto solo por una vara enclavada a unos veinte metros dentro del agua, uno de los pescadores amarra su panga y saca con tranquilidad varios ejemplares de buen tamaño de róbalo y calwa, peces muy apetecidos por la población.

Hasta hace trece años, Germán Dávila andaba detrás del timón de un camión de volquete trasladando broza de los túneles a los molinos de las minas de oro de Bonanza.

Los malos salarios y el deseo de buscar nuevos horizontes lo trajeron a un mundo totalmente diferente y desconocido. De la pesca no conocía más que los pescados fritos que se comía en el comedor del plantel.

Fue hasta que vino a Laguna de Perlas que tuvo que mojarse las posaderas para poder saborear los ricos manjares que hay bajo sus aguas, pero como en este oficio no existe escuela, ya que el mejor maestro es la misma necesidad, Germán cuenta que como buen alumno, aprendió rápido, “primero miraba a los demás y detrás de ellos iba yo”, dice contento.

Ahora Germán es un veterano marinero de todas las aguas, pues lo mismo puede pescar en la Laguna como internarse en las crecidas olas del mar para ir en busca las tortugas tora y carey.

“Cuando vine no conocía nada de la pesca, ahora me voy solo a pescar, conozco el terreno apropiado, en las aguas hondas corre el pescado más grande, y aunque todo el años es bueno para la pesca, entre junio y agosto es la mejor época para sacar una buena producción, porque esta laguna tiene bastante róbalo, roncador, corvina, bagre, tortuga, mero, sábalo real, y manatí de hasta 600 libras”, asegura Germán.

La idea de regresar al camión ya la olvidó, pues como él mismo dice, en Laguna de Perlas ha encontrado un lugar sano y tranquilo, “además, aquí todos los días se saca la comida y se vende el resto a la empresa “Mar Caribe”, ¿qué más quiero?”, se preguntó.  

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