- Visitar Laguna de Perlas es una experiencia inolvidable, no sólo por la belleza de los paisajes naturales que la rodean, sino porque en este lugar pareciera que el tiempo se detiene justo en el momento en que nace el sol y nos muestra los pequeños botes de vela y remos acercándose silenciosos a la orilla de una de las bahías que se forman frente a las últimas casas de la periferia
Orlando ValenzuelaTexto y [email protected]
En el escenario de Laguna de Perlas, se observan las diminutas embarcaciones de madera, sonrientes unos y resignados otros, van saltando al agua con sus pantalones remangados a las rodillas los veteranos pescadores de agua dulce con racimos de pescados recién liberados de la red.
Mientras tanto, en el muelle, esporádicamente arriban decenas de turistas extranjeros atraídos por relatos de amistades que antes han visitado Laguna de Perlas y han quedado enamorados de este lugar. Una de las cosas que más se aprecia en este bonito paraje de Nicaragua es la tranquilidad que se respira por todos lados, pues además de no tener vehículos, a excepción de un viejo jeep que funciona como taxi, la gente de Laguna de Perlas es muy tranquila y trabajadora, por eso en el pueblo siempre se nota una actividad febril, pues mientras unos secan chacalines al sol, otros cosen trasmallos o reparan sus botes con los que diario sacan de las aguas de la Laguna de Perlas los ricos pescados para el sustento de la familia.
Tal vez ésta es una de las cosas que más atrae a los visitantes, pues en esta población, uno se puede dar gusto saboreando toda la variedad de platillos con los ricos manjares que los pescadores sacan, tanto de la laguna como del mismo Mar Caribe. Con unas 5,000 personas que viven en 18 comunidades alrededor de esta impresionante laguna de 532 kilómetros cuadrados, Laguna de Perlas no sólo es una de las lagunas de agua dulce más grandes de América, sino también uno de los poblados más importantes de la Costa Caribe nicaragüense, basta decir que en un tiempo llegó a ser considerada como la segunda capital del reino de La Mosquitia, ya que a este pueblo se retiró el último rey mosco, Henry Clarence, con su consejo de gobierno, después de ser depuesto el 12 de febrero de 1894, en Bluefields.
En esa ocasión, Laguna de Perlas fue llamada por el reincorporador de la Costa Atlántica, general Rigoberto Cabezas: “La Granada de la Mosquitia”, por su belleza y fuerte movimiento de navegación interna.
De aquellos años de lucha, aún queda en una esquina de la calle principal, que corre paralela a la orilla de la costa, un viejo cañón de mecha del siglo XVIII que fue usado en varias guerras entre liberales y conservadores, que curiosamente empezaban en el Pacífico y venían a decidirse en este lejano y bello lugar.
¿CÓMO LLEGAR?
Para conocer esta paradisíaca laguna, primero hay que llegar a la ciudad de Bluefields, capital de la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS), ya sea por avión o por la ruta de tierra y agua de El Rama-Bluefields. Ya en esta última ciudad se puede tomar cualquiera de las pangas que salen del muelle municipal desde las 7:00 a.m. para la comunidad de Orinoco o la propia ciudad de Laguna de Perlas. El viaje sólo tarda una hora, y el valor del pasaje es 70.00 córdobas por persona.
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