- En medio de los tabúes, la depresión y las dificultades que conlleva la ceguera, los no videntes de Estelí y comunidades cercanas han logrado salir adelante. Alfabetizados, y con oficios que les permiten valerse por sí mismos, gozan de una vida normal, sin depender de los demás
Martha Marina GonzálezCOLABORADORA /ESTELÍ[email protected]
A los escasos nueve años, Nuria Castillo Miranda, ahora de 24, perdió la vista. “Nunca me imaginé que sin mi vista llegaría a superarme”, confesó. A los 11 años se integró a la Asociación de No videntes de Estelí, se capacitó en el sistema Braille, es maestra y ha enseñado a leer a otros no videntes. Castillo es madre de una niña y ha pasado serios problemas económicos, “pero he aprendido manualidades y voy a salir adelante”, dijo.
Igual que esta joven madre, muchos no videntes estelianos se esfuerzan y están alfabetizándose, a través del método Braille, en un centro de Educación reconocido y apoyado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD). Varios de ellos ya cursan el tercer nivel, lo que les ha permitido aprender nuevos oficios.
REFUGIO ENTRE LAS TINIEBLAS
La Asociación de No Videntes aglutina a 150 ciegos e implementa proyectos para dar respuesta a sus necesidades, sobre todo para que aprendan a desenvolverse en la vida y tengan una forma de subsistir, dijo la promotora Sonia Meza.
Indicó que cuentan con un taller para aprender oficios o manualidades, como hamacas, canastas en perfil plástico, portamaceteras y bolsos, en los que logran un buen acabado y venden obteniendo ganancias para su subsistencia.
La Asociación de No Videntes ha improvisado un albergue donde los ciegos de comunidades alejadas pasan la mayor parte del tiempo. Ahí reciben apoyo financiero de organismos no gubernamentales como la Asociación Danesa de Discapacitados, una organización de Finlandia, y otros países amigos como Austria y Bélgica.
“Ellos se sienten muy bien. Se están realizando como personas y han logrado elevar su autoestima, porque cuando iniciaron este proyecto no sabían cómo movilizarse”, comentó Meza.
INTEGRACIÓN DIFÍCIL, PERO NECESARIA Y BENEFICIOSA
Integrar a los no videntes a la escuela y al centro de capacitación de manualidades fue una tarea difícil, comentó Sonia Meza, promotora del centro.
“Tuvimos que luchar hasta con las familias. Ellos mismos no querían salir de sus hogares, pero se comenzó por darles la orientación y movilidad en el espacio”, explicó.
Indicó que para integrar a un ciego a la educación y a los proyectos, hay que sensibilizar a la familia y convencerlos de que no son personas incapaces, sino que pueden salir adelante y desenvolverse para llevar una vida completamente normal.
José Ramón Velásquez Lazo, quien perdió la vista en un accidente, dijo: “Me sentí bastante acobardado, pero después me di cuenta que podía aprender en una escuela e iniciar una nueva vida, por lo que comencé y me alfabeticé”.
Pedro José Machado Sosa, con ceguera congénita, también se integró a la escuela obteniendo buenos resultados. Aprendió el sistema Braille, aprendió a leer y cuenta con una máquina que le ayuda a desenvolverse mejor, además elabora hamacas, portamaceteras y realiza tejido de enjuncado.