Esta vez el tributo no es para el deporte rey. Los honores tampoco son para la representación local. En esta ocasión, tal como ocurrió cuatro años atrás, los rituales son para el mundial de Fútbol.
Y es que como dice un adagio popular “lo que está a la vista no requiere anteojos”. Desde sus inicios el mundial captó la atención de ¡todo el mundo! Y los chavalos no se quedan atrás.
Láster Javier Mercado, de 17 años, estudiante del Experimental México, es uno de ellos. “Fíjese que estoy tan loco, loco por el mundial que hasta perdí la cuenta de las desveladas. Se lo juro en mi cabeza sólo ronda una pelota del balompié”, cuenta el muchacho quien dejó de comer tras la eliminación de su equipo preferido: Italia.
Mercado dice que por su fanatismo ha derramado sus buenas lágrimas. Y por el mismo dejó tres clases en los exámenes recién pasados, lo que le mereció regaños durante la semana.
“Eso no es todo. Al principio me peleaba hasta con la tele y después ya ni siquiera pude ver los partidos en la casa porque mi mamá me lo prohibió. Ahora tengo que pasar en vela donde el viejo Pedro (un amigo) para no perderme una jugada”, refiere.
Lofei Siu, un universitario de 18 años, tiene más suerte en sus aventuras futbolísticas. Él por lo menos tiene la opción de ver los partidos con un grupo de amigos en un bar, donde luego los comentan. Y cada vez que puede lleva puesta las camisetas de sus equipos favoritos, aunque no las intercambia.
Mientras su vecino Leonardo Chávez, de 14 años, estudiante del Colegio Bautista, ve los juegos en la casa de un amigo del colegio. “Porque el otro día pegué un alarido en la casa que despertó a mi sobrinito recién nacido y ni modo… ahora tengo que ver la final en otro lado”, relata.
“Eso queda corto para lo que yo hice — interrumpe Mercado— fíjese que cuando Italia ganó en su último partido, di un grito tan fuerte que mi mamá pensó que se había metido un ladrón”. Para que vean lo que son capaces de hacer los jovencitos en plena función.
Más locuras
Las mujeres, en cambio, en esta fiebre por el fútbol están demostrando que no sólo ven piernas en el mundial, ¡porque sí saben jugarlo! Paola Estrella, de 16 años, alumna del quinto año del Colegio Doris Morales, es del equipo de las que se “defiende” en los partidos que organizan en su barrio.
“Cuando podemos hacemos tipo liga y hay muchas mujeres que somos buenas. A mí por lo menos me fascina el fútbol desde los 12 años”, afirma con timidez la jovencita.
Por su parte Silvia Flores, de 17 años, estudiante del Colegio La Anunciación, aclara que en este mundial con un grupo de amigas ha llegado hasta competir contra los varones. “Y en el primer partido ¡les ganamos!”, exclama la fan de Argentina.
“Cómo no iban a ganar si iban diez mujeres contra cinco hombres”, le refuta su amigo Enrique Portocarrero, de 21 años, quien reside en la Colonia del Periodista.
“¡Ideay! Acordate que después hasta recibí una patada en la rodilla que me la lesionó y me mandó al hospital y a dos semanas de reposo”, le señala entre risas la muchachita.
Pero esta afición ya tiene su tiempo. Desde antes del Mundial los jovencitos iban al día con las estadísticas y las colecciones de sus preferidos, a través de las ligas europeas.
Inclusive la mayoría tenían listas las camisetas con los números de sus personajes favoritos como Ronaldo, Gabriel Batistuta, David Beckamn, Iker Casillas… junto al balón en pie.
“Para que tengas una idea, cuando todavía estaba Argentina en el mundial éramos de los que después de los partidos, en media madrugada, nos poníamos a jugar. Unos hacíamos de argentinos y los otros de brasileños”, detalla.
Las apuestas
Aparte de los desvelos, gritos y juegos improvisados los adolescentes suelen disfrutar del mundial con apuestas. Siu por ejemplo es de quienes se las juega con 100 a 500 córdobas.
“Primero aposté 500 pesos a que Francia llegaría a la final pero en la primera ronda de los juegos los perdí. Después, en una segunda oportunidad aposté 100 córdobas por Argentina y también me los ganaron”, dice decepcionado el chavalo quien ahora prefiere esperar antes de arriesgarse.
Tania Díaz, de 15 años, del Colegio Latinoamericano es más precavida. Ella mejor opta por las pintas para hacer notar su afición. “En los últimos días nos hemos pintado la cara con los colores de Brasil porque es el único en la final. Y bueno creo que así vamos esperar el gran juego”, expone.
Portocarrero, en tanto, señala que sus amigos están grabando los partidos y guardando las colecciones y los suplementos de Fútbol para tener memoria del mundial que más sorpresas ha dado. Sobre todo con Corea derrotando a veteranos como Francia, España e Italia.
Los pronósticos
Sin embargo no todo está perdido. En esta final los chavalos esperan que Brasil se lleve el cetro como el mejor del mundo. Ellos argumentan que por estadísticas y buena imagen la final queda en manos del equipo carioca.
“Con todo lo raro que ha sido este Mundial, uno puede esperar sorpresas como las de Senegal y Corea. Pero Brasil tiene agallas y las va a demostrar en la final”, indica Mercado.
Gane o no, parte de los jovencitos entrevistados por Aquí Entre Nos se deleitarán con la final en el mar con pintas verdes y amarillas. Otros en cambio mantendrán sus televisores miniaturas a todo dar. Y algunos con sus platillos favoritos al alcance, lo visualizarán en sus hogares.
Y si triunfa Brasil, la mayoría advierte que celebrarán la victoria con bailes y cervezas en cualquier discoteca de la ciudad capital. “Como si Nicaragua fuese el campeón”, garantiza uno de ellos.
Por la identidad
El psicólogo Vinicio Buitrago atribuye esta afición por el mundial del Fútbol a tres aspectos: es un deporte que en sí mismo atrae, tiene publicidad y marca la identidad de los países.
A lo anterior suma que es un juego donde se aprende, entre cosas, a enfrentar situaciones adversas. Ni más ni menos “es lo que el estudio es para los universitarios y lo que el trabajo es para los adultos”, ejemplifica.
“Lo único que aconsejo a los adolescentes es que tomen la final con calma y que estén claros que lo principal de esta competencia es participar. En este caso con Brasil y bueno, si gana ¡qué bien! Pero si no, por eso no se va acabar el mundo”, puntualiza.
Otras excentricidades
En el resto del mundo, la pasión por el Mundial es mayor. Alrededor de siete millones de surcoreanos, la mayoría jóvenes, durante el apogeo de su equipo local invadieron las principales calles de Seúl y siguieron palmo a palmo las jugadas a través de una pantalla gigante, todos vestidos de color rojo.
Y por si fuera poco, los fanáticos del resto del planeta han optado por celebrar los triunfos de sus equipos preferidos con cervezas. Un sondeo por The Korea Times revela que la Heinieken aumentó sus ventas en un 15 por ciento. Y en sólo 20 días vendió 576 mil botellas. Mientras la cerveza local tiene incrementos de un 30 a 40 por ciento.
A propósito de cervezas, uno de los más afortunados es el técnico de la selección coreana Guus Hiddink a quien un famoso hotel de la nación asiática le ofreció cervezas de por vida, luego que la selección pasara a octavos de final.
Pero los tailandeses no se quedan atrás, ya que ellos ya apostaron 107 millones de dólares en los partidos de las semifinales y finales. Pese a que está prohibido por las autoridades de aquel país.
En los otros continentes los aficionados, cuyos países están en las finales del mundial, esperan celebrar sus victorias con una fiesta nacional, con principio pero sin fin…
¿Tu mayor locura?
– Néstor Rugama, 16 años, estudiante del segundo año del Colegio de Fátima.
“Mi mayor locura en este Mundial ha sido ver los 61 partidos de la Copa. Y después de cada uno, irme a jugar fútbol. Y bueno creo que así voy a quedar en la final”.
– Gerald Aguirre, de 18 años, alumno del cuarto año en el Colegio Dinamarca.
“Aparte de desvelarme, la mayor locura ha sido jugar fútbol de siete a diez de la mañana, todos los días, desde que comenzó el Mundial. Ahora en la final pienso celebrarla con bacanal”.
– Clara Lampín, 17 años, estudiante del quinto año en el Miguel de Cervantes.
“Por no perderme el partido de Brasil contra Senegal terminé sin mi segundo pretendiente, al que dejé burlado por ver el juego. La final espero celebrarla a pura pachanga”.
– Teresa Sandoval, 12 años, estudiante del tercer año en el Bautista Belén
“Mirá, a causa de las desveladas no voy al colegio. Yo ya tengo varias faltas acumuladas y varios regaños. Pero no me pienso perder la final, que espero ver con mis amigas”.