- Habló con ex militares vinculados a la inteligencia de EE.UU. durante invasión a Panamá
Tomado de El Tiempo de Colombia
Germán Castro Caycedo hace una radiografía de cómo operan las redes de traficantes de armas que desde El Salvador, Nicaragua y Panamá abastecen a la guerrilla y los “paras” en Colombia.
Centroamérica es el arsenal clandestino más grande del continente y Colombia una feria para medio millón de armas de guerra.
El país no lo había vislumbrado hasta cuando la prensa habló de la presencia de uno de mil buques piratas que se mueven en Urabá.
Primero fue una nota breve: la Policía de Nicaragua le vendió a la de Panamá tres mil fusiles de asalto Alexander Kaláshnikov (AK 47) y cinco millones de balas.
Segunda voz: la Policía panameña dice que no conoce el negocio.
Tercera: sí hubo transacción, pero no entre Estados, sino a través de cuatro judíos en Guatemala y Panamá.
Coro: las armas eran para los paramilitares.
El armamento fue trasladado al puerto nicaragüense de El Rama, y allí lo embarcaron en un buque con bandera panameña, casco azul, borde rojo y un nombre en el espejo: Otterloo.
El carguero había zarpado de Veracruz llevando a bordo contenedores con pelotas plásticas, pero cuando navegaba frente a costas nicaragüenses, su capitán apeló al truco más viejo de la navegación pirata: “Problemas en el cuarto de máquinas, pido autorización para recalar en puerto”.
De allí fue a Colón donde permaneció un día, y el 10 de noviembre de 2001, un sábado, se fondeó en el Golfo de Urabá, frente a Turbo. Una vez descargados fusiles, balas ¿y pelotas?, los “paras” hallaron menos armas y municiones de las anunciadas por los israelíes. Como en la operación Irán-Contras, ellos habían entregado kilo a kilo de cocaína a cambio de 7 mil fusiles y 15 millones de balas, pero en la travesía desaparecieron 4 mil fusiles y 10 millones de cartuchos.
Seis meses después se acabó el silencio de los gobiernos de Panamá y Nicaragua, cuando alguien filtró las primeras líneas a través de Colombia.
Indiferencia
En lo alto de un edificio de cristal, zona bancaria de Ciudad Panamá, un ex coronel de la Guardia Nacional comienza por lo que para él es el inicio: “Hablemos, pero no vaya a mencionar mi nombre”. Luego plantea: “Los panameños que se han metido al tráfico de armas, son ex militares vinculados a una brigada de inteligencia estadounidense durante la invasión a Panamá”.
“Esa brigada se hallaba en la Zona del Canal el 20 de diciembre de 1989; era uno de los tantos núcleos de inteligencia militar extranjera, y se movía al lado de la CIA y dentro del Comando Sur de los Estados Unidos. Entiéndame: panameños que se desempeñaban como piezas de confianza de las fuerzas de ocupación y que continúan siendo sus piezas de confianza”.
El Coronel presenta a un mayor panameño de la Brigada Cuatro Setenta estadounidense.
Nuevamente: “No publique mi nombre. Hablamos de tráfico de armas”.
“Luego de zarpar de Nicaragua”, dice el Mayor, “el buque de casco azul entra al puerto de Cristóbal, en Colón, dizque para abastecerse de combustible. Supuestamente ahí bajan armas que pasan a manos de una facción del bando arnulfista de Panamá, un partido que siempre ha tenido la línea de los partidos comunistas de América Latina: clandestinaje-espionaje-zarpazo. ¿Por qué? Porque algunos de ellos piensan que deben estar preparados para una eventualidad ¿Cuál? Pues que tumben al gobierno de Mireya Moscoso”.
El barco continúa su derrotero hacia Colombia, y a la secuencia del mayor le sigue otra a cargo de un teniente coronel, también Brigada Cuatro Setenta estadounidense, a quien presentan como “Cinco” (Operaciones psicológicas). Sus palabras: “Cuando dijeron en Colombia que faltaba tamaña cantidad, ¿qué hicimos? Filtrarle información a un periódico de Bogotá. Sin que el diario lo supiera, nosotros buscábamos generar presión fuera de Panamá con un escándalo, para hallar pistas de lo que faltaba”.
Tiempo recuperado: el guión retrocede al coronel: “Pasa el escándalo. Conclusión: alguien devolvió las armas perdidas; alguien se las entregó a Nicaragua, a los israelíes, a los paramilitares de Colombia, a “La mano que mueve la silla”, a quien sea, pero la Policía de Panamá aparece involucrada comprando lo que no compra y mordiendo lo que no debería haber mordido”. “La mano… Así le decimos en Panamá a un clan enquistado en el Estado. Su política es el dólar; manejan los grandes negocios del país. Ellos también están metidos en este trasiego de armas… En Panamá la gente sabe descifrar todas estas claves”.
El segundo acto comienza en el despacho del Procurador General de la Nación en Panamá. Un fiscal autorizado por él, dice: “Los paramilitares perdieron un gran arsenal en el Putumayo luchando contra las FARC por campos sembrados de coca, y para remplazarlo buscaron apoyo en gente de Miami, y los de Miami manejaron el negocio, pero pusieron como operadores a unos judíos allegados al Mosad, servicio de inteligencia israelí, metidos en el negocio de armas en Centroamérica.
“Algo que llama la atención en este caso es la indiferencia de los Estados Unidos, pues siempre que hay asuntos similares manifiestan en forma enérgica su inconformidad con las autoridades de los países donde ocurre el fenómeno. Esta vez no han dicho nada”.
Arsenal
Hoy Colombia es paraíso para los traficantes. Fin de la guerra en Nicaragua: el ejército sandinista tenía 120 mil hombres armados con AK-47 soviéticos. Después se redujo a 15 mil y los fusiles sobrantes se volvieron pelotas. Pero por otro lado, la Contra tenía 30 mil, algunos fueron inutilizados y la mayoría pasó a buzones clandestinos. Sin embargo, la cantidad más importante en Nicaragua, pertenecía a la guerrilla de El Salvador que dejó allí grandes depósitos.
No obstante, hoy el mayor movimiento viene de Honduras, a partir de muchos buzones con AK-47 que la CIA le proporcionó a la Contra nicaragüense. Allí el inventario de guerra está ligado a ex militares panameños vinculados con la inteligencia estadounidense. Su destino son los paramilitares colombianos, según un investigador de la Procuraduría en Panamá.
En este país, el general Noriega importó 40 mil AK-47 para las Fuerzas de Defensa (16 mil hombres). Estados Unidos decomisó una parte; el resto alimenta la guerra en Colombia.
Expertos consultados calculan que aún quedan en la región medio millón de armas. Su salida es por Panamá.
¿Quién es Germán?
Germán Castro Caycedo, uno de los pioneros del periodismo investigativo en Colombia, ya había colonizado ese mundo desde 1976, cuando se retiró de El Tiempo después de siete años de trabajo, y publicó el primero de sus nueve libros, “Colombia amarga”.
-Fiel a su idea de que “el buen periodismo es producto de la terquedad y la paciencia”, Castro reunió algunos de los mejores reportajes que había publicado en El Tiempo.
-Hoy, ese libro ha superado las veinte ediciones y es tal vez el título más vendido en el país después de Cien años de soledad. Además, es texto obligado de estudio en las academias militares dedicadas a la formación de oficiales en la Policía y el Ejército.
-Castro fue uno de los reporteros que decidió quedarse en su país para ver de cerca el duro momento que atravesaba.