Nemesio Rodrí[email protected]
Yokohama/Efe.-Pocas veces un Mundial tuvo a su favor tantas estrellas para atraer el interés de hinchas y simpatizantes del fútbol como el de Corea del Sur y Japón.
Pocas veces también hubo un desaguisado mayor que el creado en este Mundial por asistentes de árbitros de países que suenan a exóticos en el universo del fútbol.
La pasarela de estrellas era imponente: Zidane, Raúl, Batistuta, Verón, Hidetoshi Nakata, Michael Ballack, Miroslav Klose, Oliver Kahn, Michael Owen, Luis Figo, Samuel Eto’o, El-Hadji Diouf, Álvaro Recoba, David Beckham, Francesco Totti, Alessandro Del Piero, Alessandro Nesta, Ronaldo, Rivaldo, Roberto Carlos, por citar algunos.
La FIFA cuida mucho a estos ídolos, entre otras cosas porque son los que fomentan la afición y porque sus patrocinadores suelen ser los mismos de los Mundiales.
Sin embargo, para juzgar su actuación y la de sus selecciones en las jugadas que, por dudosas, necesitan de una mayor experiencia y preparación, la FIFA se ha traído a Corea y Japón a árbitros y asistentes de, entre otros países, Benin, Uganda, Trinidad y Tobago, Vanuatu, Islas Maldivas o Antigua y Barbuda.
Nadie discute el derecho de estos árbitros a cumplir su sueño de estar en un Mundial, pero la FIFA no puede pretender que estén preparados para decidir como lo están los árbitros acostumbrados a dirigir partidos en Maracaná o el Azteca, en los grandes estadios de Buenos Aires o en los de Madrid, Barcelona, Roma, Milán, Turín, Múnich o Manchester.
Muchas de las estrellas mencionadas tuvieron que abandonar el Mundial antes de lo que anticipaba la categoría de sus selecciones a consecuencia de errores graves cometidos por asistentes que la FIFA reconoció después que no estaban adecuadamente preparados.
No se trata de que estas estrellas tengan la consideración de intocables, ni mucho menos, pero su desaparición del Mundial por errores que han perjudicado a sus selecciones va en detrimento de la calidad y del espectáculo del fútbol.