Esta fotografía fue tomada el día de la liberación del campo. Éste fue el macabro hallazgo encontrado por las fuerzas aliadas en 1945 en las cercanías del crematorio.

Los Gritos del Holocausto todavía se escuchan

Durante ocho años, unas 250,000 personas sufrieron los peores vejámenes imaginados en el campo de concentración Buchenwald, Alemania. Aquí perecieron no menos de 50,000 personas. Con sólo entrar al ahora memorial, se despiertan las sensibilidades más escondidas provocadas por los horrores del holocausto Gustavo Ortega [email protected] Weimar, Turingia/Alemania.- “Catorce niños de entre siete y 14 […]

  • Durante ocho años, unas 250,000 personas sufrieron los peores vejámenes imaginados en el campo de concentración Buchenwald, Alemania. Aquí perecieron no menos de 50,000 personas. Con sólo entrar al ahora memorial, se despiertan las sensibilidades más escondidas provocadas por los horrores del holocausto

Gustavo Ortega [email protected]

Weimar, Turingia/Alemania.- “Catorce niños de entre siete y 14 años fueron sacados de sus barracas en el campo de concentración, la esperanza de la libertad aceleró sus frágiles y sufridos corazoncitos, los guardias nazis les ordenaron que corrieran hacia la salida, si llegaban al portón eran libres… y empezaron a correr pero les esperó lo peor: los guardias soltaron a su entrenada jauría, y uno a uno fueron atacados… se les lanzaban a matar sobre sus manos, piernas o cuellos, algunos canes eran más grandes que ellos… y uno a uno fueron cayendo. Sólo dos de ellos, tomados de la mano y corriendo con todas sus escuálidas fuerzas, estaban llegando a la preciada meta, ellos creían que sólo esos dos metros los separaban de la libertad, pero nunca lo lograron, fueron abatidos por disparos de los guardias”.

Esta aterradora historia arrancó más de una lágrima entre un grupo de periodistas centroamericanos que visitó el Memorial Buchenwald, ubicado a unos 10 kilómetros de la ciudad de Weimar, en el estado federado de Turingia en Alemania. El recorrido formó parte del programa de un seminario para periodistas jóvenes auspiciado por la Fundación Konrad Adenauer.

La historia fue narrada por la pedagoga Pamela Wachhdz-Wolff, en la misma calle donde hace siete décadas cayeron los cuerpos, mutilados en su mayoría, de estos infantes.

Ella se encargó durante casi tres horas de explicar con detalles la historia de este campo de concentración que mantuvo entre 1937 y 1945 hasta 45,000 “proscritos” del régimen nacional-socialista (nazismo) que dirigía el tristemente célebre Adolf Hittler.

Pamela, una chilena-alemana sentenció que esta primera historia era sólo uno de los tantos detalles que explicaría durante el recorrido, y ahí fue donde la sensibilidad y la impotencia, el desprecio y la furia, empezaban sus pruebas de fuego. Las caras compungidas de los 18 comunicadores fueron el común denominador en el recorrido.

El campo de concentración Buchenwald fue construido en julio de 1937 sobre la colina del Ettesberg en la cercanía de la ciudad de Weimar, cuna del orgullo de las letras clásicas alemanas, Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), creador de Fausto, quien jamás se imaginó que 105 años después de su muerte, la ciudad a la que enorgulleció, sería la guarida de decenas de “colaboradores” del nazismo que se encargaban de delatar a los judíos, gitanos, indigentes, testigos de Jehová, homosexuales y opositores al régimen, los “favoritos” para ser los “huéspedes” del horrendo campo.

Pero los “huéspedes” de Buchenwald no sólo eran de Weimar, llegaban de toda Alemania, es más, de toda Europa e incluso hasta de Latinoamérica, Estados Unidos, Asia y África, al punto que el día de la liberación, el 11 de abril de 1945, el 95 por ciento de los prisioneros eran extranjeros.

Desde 1943, los detenidos fueron explotados en trabajos para la industria bélica, tanto en Buchenwald como en sus 136 comandos exteriores, entre ellos, a partir de 1944, los campos de concentración femeninos.

Pese a que este campo no fue un lugar de exterminio masivo, acá se llevaron a cabo incontables asesinatos en masa a prisioneros de guerra, se efectuaron numerosos experimentos biológicos y químicos con los mismos prisioneros e incluso fueron “materia prima” para accesorios de los que se enorgullecía la casta del nazismo.

SI NO RENDÍAN… MORÍAN

La regla de oro en Buchenwald era que el prisionero que no rendía en las labores asignadas, debía morir. Y fue así como debieron enfrentar largas jornadas de trabajo, con harapos, remedos de zapatos, debían resistir fríos indescriptibles para un nicaragüense, donde el agua se hace hielo en segundos.

Y halar vagones pesados, increíblemente pesados con piedras canteras, y si había amagos de debilidad les lanzaban agua fría en un entorno donde sólo había hielo o, en el mejor de los casos, nieve. Aquí no había enfermos, eso no era permitido, sólo vivos… y muertos, no había lugar a términos medios.

Pamela rememora que en 1943 se construyeron burdeles, las “ofertas” eran las mismas prisioneras de otros campos, claramente escogidas por tener alguna “gracia”, pues Buchenwald era un campo meramente masculino. Ir al burdel era una especie de premio, pero exclusivo para los prisioneros políticos que rendían constantemente en las jornadas laborales.

“Eran 20 mujeres, que frecuentemente abortaban, o padecían de hemorragias, o desgarros por las salvajes y constantes relaciones con los obligatoriamente abstemios prisioneros, y si se quejaban de las enfermedades, las mataban”, relata la guía.

JUDÍOS ERAN LO “PEOR”

Los prisioneros tenían su “jerarquía”, los prisioneros políticos estaban a la cabeza y gozaban de algunos “privilegios”: mejor vestimenta, mejor alimentación, mientras que los judíos estaban en lo último, eran los más despreciados y maltratados, muy de cerca le seguían los homosexuales, y en algunos casos, quizás la mayoría, sólo estaban ahí por meras sospechas de serlo, relata Pamela.

La “mejor” alimentación de los presos políticos consistía en 500 gramos de pan con margarina, y litro y medio de líquido (café, agua o sopa de papas), era la ración del día, para el resto lo que sobrara, si es que era posible.

LAS TORTURAS

En cada zona del amplio campo donde ahora sólo hay ruinas, hay fotografías de la época, el tiempo parece haberse detenido ahí dentro, y la sensibilidad hace que se imaginen los gritos, llantos y pesares de los prisioneros.

Las torturas eran variadas, iban desde castigos públicos, donde todos los prisioneros debían obligatoriamente cantar canciones alegóricas del nazismo, mientras observaban las torturas y asesinatos, muchas veces de sus hijos, padres o hermanos.

Si no, los llevaban a cuartos de dos metros cuadrados, donde les removían las uñas o el cabello a punta de tenazas o los encerraban por semanas sólo con agua salada y con dos centímetros de agua en el piso de las estrechas celdas.

Y quizás la peor de todas las torturas, era señalarles la chimenea siempre humeante del crematorio, donde eran calcinados los restos de los cuerpos usados en experimentos. Aquí “desfilaron” al menos 30,000 personas.

En el crematorio se creó un área de patología, donde se ha comprobado que al menos se hicieron 35 experimentos médicos, donde se buscaba la invención de vacunas o la determinación de los genes “homosexuales”. Esto provocó no menos de 1,300 muertes.

Estar ahí en esa sala provoca una impotencia única, ahí están las fotos, con los cuerpos inertes y desollados, que también eran usados como material pedagógico para los futuros médicos de la Alemania de Hitler.

EL ZOOLÓGICO

En las afueras del campo de concentración, en la zona establecida para la guarnición de los militares y la jefatura, exactamente frente al crematorio, fue construido un zoológico para la “sana diversión” de los nazis y sus familias.

Los animales aquí expuestos gozaban de un exquisito cuidado, con los mejores manjares. Se fabricó con el dinero que era incautado a los prisioneros cuando ingresaban al campo.

Osos, ciervos, simios, pavos reales y cisnes en un lago artificial, eran las especies que deleitaban los días de descanso de los militares y sus familias.

LA «SEGUNDA» época

-Buchenwald fue “liberado” por los aliados en abril de 1945. Cuando eso ocurrió había 21,000 personas, entre ellas 900 niños y adolescentes. En los ocho años que funcionó fueron detenidas 250,000 personas de las que perecieron 50,000.

-Desde 1945 a 1950 la fuerza de ocupación soviética utilizó el antiguo campo de concentración como campo de internación, en su mayoría estaban los ex miembros del partido nazi, pero igual se realizaron arrestos sin motivos, señalan los documentos informativos.

-Los archivos históricos indican que en este “campo especial” se detuvo a 28,000 prisioneros y murieron alrededor de 7,000 personas a consecuencia del abandono y la desnutrición.

-Los cadáveres fueron enterrados en fosas comunes.

LOS CODICIADOS TATUAJES

Los cuerpos tatuados eran los más codiciados, pues esa piel era la materia prima “exquisita” para la elaboración de carteras, billeteras y forros de libros. Éstos eran los “trofeos” más codiciados por los nazis y sus esposas. Eso era señal de un mejor estatus social  

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