Hay mausoleos y monumentos que reflejan los sentimientos de pesar, nostalgia y dolor por la ida de los seres queridos
Uno de los mausoleos más impresionantes del Cementerio Guadalupe de León, es el dedicado por doña Feliciana Sacasa a su esposo don Ramón Sarria, construido todo de mármol en 1888. En lo alto del mausoleo aparece la figura del difunto Sarria custodiado por cuatro ángeles tristes al pie de cada columna, y una mujer en una escalinata. En el epitafio se lee: “Breves son los días del hombre, y tienen fijado su término, mas la inmortalidad es el bálsamo de la fe, la esperanza y la misericordia”.
En el mismo monumento, en otra placa dedicada al doctor León Herdocia Ortega, 1924-1983, se lee lo siguiente: “Alto como sus ideales, Robusto como sus convicciones, Demoledor como sus principios, Claro como su sabiduría, Alegre como su esperanza, Humano como su vocación”.
Otro monumento que destaca por su altura, ornamentación y belleza artística es la imagen en mármol, con los brazos quebrados, de San Miguel Arcángel sobre un dragón de siete cabezas, que adorna la tumba de Pastora C. de Marín y demás miembros de su familia, construido en 1912.
En la misma fila, a menos de veinte metros de distancia se encuentra el busto al general Francisco Balladares Bone, nacido el 27 de abril de 1866 y muerto un 18 del mismo mes de abril, pero de 1896. Sin necesidad de leer la placa, al momento uno se da cuenta de que el difunto fue un alto militar, pues en la base de la escultura labrada en mármol, se destaca en alto relieve una espada cruzada con un fusil de chispa y una gorra de los ejércitos de aquella época. Como epitafio, se lee: “¡Duerme el eterno sueño cual tu padre!, si te cubre esta losa hijo querido… ¡No te cubre en el pecho de tu madre la losa del olvido!”
Con su diseño moderno, sin ostentación de decoraciones, se encuentra a un lado de la entrada principal, la tumba con lápida en cabecera a manera de cortinas, donde se destaca el rostro de Cristo en bajo relieve, que tiene la particularidad de que por cualquier lado que se mire da la impresión que él lo sigue a uno con la mirada. Esta obra pertenece a la familia Balladares Marín.
Otra obra que también impresiona por su belleza es la imagen de La Piedad que adorna el mausoleo de la familia Baca-Martínez. Es un conjunto que contiene dos relaciones simbólicas cristianas, la cruz con el manto que indica que Cristo bajó, y en la parte inferior, la Virgen María con su hijo muerto en brazos. Es una referencia neoclásica que sugiere la vida en el Más Allá a través de la escena de la muerte de Cristo.
Igualmente majestuoso es el monumento dedicado por la familia Aguado a sus deudos, donde aparece en la cúspide la imagen en cuerpo completo de una ninfa con un arco de flores en su mano derecha, mientras con la otra señala hacia el cielo. Es un conjunto neoclásico labrado todo en fino mármol blanco.