- Los cementerios, donde reposan los restos de los humildes e ilustres personajes que han forjado nuestra nación y cultura, resultan de un alto valor por la majestuosidad ornamental de sus obras y estructuras construidas en varios estilos: gótico, griego, morisco, egipcio, neoclásico, moderno y otros. Junto a esta profusión de formas, volúmenes y espacios, los camposantos sorprenden por el gran número de obras de excelente calidad, realizadas por diversos escultores , que convierten estos lugares de descanso para los difuntos, en verdaderos museos.
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La mayoría de las personas sienten repulsión hacia los cementerios, y sólo los visitan por necesidad: cuando fallece algún pariente, amigo o conocido; otros tienen la costumbre de visitar los camposantos únicamente el Día de Difuntos o en ocasión del aniversario del fallecimiento de alguna persona muy querida.
Son visitas breves (durante los funerales), en las que muchas veces casi ni se detienen a observar el entorno de la tumba abierta, preocupados más bien en cumplir con el rito, con la familia doliente, y salir lo más pronto del lugar.
Sin embargo, si se tiene la curiosidad de caminar por un cementerio y observar con atención, se pueden descubrir algunos detalles: tumbas, monumentos y mausoleos levantados para honrar la memoria de los allí enterrados, con la idea de perpetuar su recuerdo, pero sobre todo rendirle culto a la inmortalidad del espíritu y ejemplo de los que ya se fueron para siempre.
La creencia en la inmortalidad es tan antigua como el hombre mismo, y está basada en la esperanza de la continuidad de la vida, de vivir en el más allá o en la reencarnación, por eso en algunas culturas, sobre todo en la Edad Antigua, enterraban a los difuntos con propiedades personales como comida, agua, ropa, armas, juguetes y otros objetos, para que las usaran en la otra vida, incluso en algunos casos los enterraban con sus criados y esposas para que les sirvieran.
Grandes esculturas de mármol o cemento representando ángeles, arcángeles, cúpulas, cristos, retratos y bustos de personajes de todas las épocas, pueblan casi todos los cementerios de las principales ciudades de Nicaragua, y constituyen un reflejo claro de las diferentes clases sociales a las que pertenecían los difuntos, a decir por la forma en que sus familiares decidieron perpetuar su recuerdo.
Pero lo que conmueve hasta en lo más profundo de los sentimientos, no es el acabado artístico de las obras realizadas en las tumbas y mausoleos, sino la expresión escrita, versos nacidos del dolor, palabras del adiós para quien se fue sin retorno.
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