Mayda Isabel Meléndez [email protected]
La “pinta” de un buen invierno ha llenado de esperanzas a los pequeños productores de La Concepción, quienes esperan sacar buenas cosechas de cítricos y granos básicos a punta de lluvias, pues no cuentan con financiamiento ni recursos propios para comprar los insumos de su producción.
Herminio Delgado es un pequeño productor de cítricos; tiene dos parcelas de media manzana de extensión cada una, donde siembra naranjas, mandarinas y aguacates. Él espera que, al igual que el año pasado, la cosecha sea abundante.
Asegura que en estos tiempos los cítricos están presentando buena florescencia, pero “para que un árbol mantenga esa buena cosecha se necesita abono completo y la sal de urea y nosotros carecemos de insumos. Los árboles mantienen sus frutas a la buena de Dios”, dice.
Pese a reconocer que con la ayuda del abono y la sal de urea las plantaciones producen más, Delgado lleva tres años sin utilizarlos, pues sus recursos no se lo permiten y los pequeños productores de La Concepción no cuentan con fuentes de financiamiento.
Aunque achaca su buena cosecha del año pasado a la fertilidad y humedad de las tierras de la región, asegura que “como pobres” los pequeños productores necesitan que sus cosechas sean abundantes.
La falta de financiamiento y consecuente carencia de insumos es un problema que también enfrentan los productores de granos básicos. Pero además señalan que, quizá si estuvieran organizados tendrían más oportunidades de salir adelante.
Sin embargo, ayer la alcaldesa de La Concepción, María Verónica González, firmó un acuerdo con el Instituto de Desarrollo Rural (IDR), en el cual éste, por medio del programa Polos de Desarrollo, facilitó 320 quintales de fertilizantes y bombas de mochila para ser entregados a unos 400 pequeños y medianos productores de los 800 que existen en el municipio.
Este hecho creó expectativa entre los posibles beneficiarios, que sin tener muy claras las reglas del juego, cimentaron sus esperanzas en esta ayuda.
Para José Eugenio Flores Téllez, ésta es una excelente oportunidad para buscar la organización que hasta el momento no ha existido. “Tal vez ahora logremos organizarnos para que trabajemos mejor; porque nosotros de eso pasamos, de lo poco que trabajamos”, dijo.
Con dos manzanas de tierra sembradas, la mitad de maíz y la mitad de frijoles, para sobrevivir, Flores y su familia trabajan tres días por cuenta propia y tres días en su parcela; él trabaja en albañilería, su esposa lavando ropa ajena y su hijo “sale a buscar cómo ganar en los campos”.