Este grupo de brasileños residentes, la mayoría de origen japonés protestan el bloqueo de la Policía que les impide presenciar los entrenamientos de la selección carioca en el campo de Myiakoda Honda en Hamamatsu.

Ni de aquí ni de allá

Francoise Kadri yNao KanekoAFP HAMAMATSU.- De los cientos de miles de brasileños ‘nikkei’ (de ascendencia nipona) que llegaron a Japón para trabajar, son cada vez más los que se establecen por largo tiempo, pero cuando de fútbol se trata su corazón tiene serios problemas para tomar partido. Rosana Shizuko Kawahara tiene unos 50 años y […]

Francoise Kadri yNao KanekoAFP

HAMAMATSU.- De los cientos de miles de brasileños ‘nikkei’ (de ascendencia nipona) que llegaron a Japón para trabajar, son cada vez más los que se establecen por largo tiempo, pero cuando de fútbol se trata su corazón tiene serios problemas para tomar partido.

Rosana Shizuko Kawahara tiene unos 50 años y atiende el restaurante

“Servitui”, cerca de la estación de Hamamatsu (sudoeste), ubicado en el piso de arriba de un local donde se alquilan videos en portugués, y se edita un diario en la misma lengua, Nova Visao.

“Vine a Japón para trabajar hace diez años. Pero nací en Brasil e hincho para la selección brasileña”, dijo.

Hamamatsu, donde están instaladas las fábricas de Honda, Suzuki, Yamaha y Sony, cuenta con 12.130 brasileños ‘nikkei’—la mayor concentración en Japón—la mayoría empleados en la industria automotriz y electrónica.

Entre 1990, fecha de la adopción de una ley especial que autoriza el empleo de mano de obra extranjera con la condición que sea de origen nipón, y el 2000, 252.000 ‘nikkei’ llegaron a Japón, muchos con toda su familia, conformando la tercera minoría del país tras los coreanos y los chinos.

Shizue Akioshi, de 52 años, llegó hace once junto con su marido, siendo ambos hijos de japoneses, tanto de padre como de madre. Son obreros de Yasuzu una fábrica autopartista en la cual sobre 1200 asalariados, 755 son ‘nikkei’.

“La mayor parte del tiempo me considero japonesa y en Brasil todos nos llamaban ‘japoneses’, pero desde que estoy aquí nos llaman ‘los brasileños’”, contó.

Sin embargo cuando se habla de fútbol, su corazón se hamaca de uno a otro amor: “Quería que Japón gane y también Brasil, si se hubieran enfrentado en semifinales habría sido una gran problema para mí”.

Pero pese a su reputación de leales y fuertes para el trabajo, los ‘nikkei’sólo logran contratos temporarios, son pagados por hora y no tienen derecho a primas ni bonos por antigüedad.

“Conozco uno que trabajó aquí 13 años pero no tiene ningún derecho a la jubilación porque nunca supo que debía hacer aportes”, explicó Etsuo Ishikawa, un japonés de segunda generación y consejero jurídico, que se estableció en Hamamatsu hace 13 años.

Las dificultades no terminan allí, ya que sus hijos tienen a menudo problemas para integrarse al sistema escolar.

“Sobre 1.450 alumnos de escuelas primarias y colegios secundarios, 800 van a una escuela japonesa, 300 a una escuela brasileña y 300, sobre todo brasileños-japoneses, no van a ninguna escuela por culpa de la ijime” (ceremonia de bautizo a los novatos, a veces rayana con el sadismo), destacó Ishikawa.

LA EXCLUSIÓN

Los ‘nikkei’ brasileños son los primeros en ser suspendidos o despedidos en caso de recesión y, según Yoshikuni Shirai, director administrativo del Jornal Nova Visao, “hay 10 o 15 ‘sin techo’ que viven alrededor de la estación de tren de Hamamatsu”.

Ultimo problema: la dificultad para obtener la ciudadanía y la discriminación.

“Mi hijo tiene 15 años. Parece un japonés, está perfectamente integrado. Pero quizás un día, si pretende una promoción, puede que sea discriminado porque no tiene pasaporte japonés”, dijo preocupado Ishikawa.  

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