Avellán

Edgard Delgadillo Peña Qué gran sorpresa tuvo el Sr. diputado Avellán al percatarse que andaba, como es costumbre en este paisito, “contra la vía, contra la realidad y por último, como si fuera poco, contra el pueblo que lo eligió”. Pero continúo pensando que en este paisito todo es de esperarse. Fue tanto lo del […]

Edgard Delgadillo Peña

Qué gran sorpresa tuvo el Sr. diputado Avellán al percatarse que andaba, como es costumbre en este paisito, “contra la vía, contra la realidad y por último, como si fuera poco, contra el pueblo que lo eligió”.

Pero continúo pensando que en este paisito todo es de esperarse. Fue tanto lo del Sr. Avellán, que causó espanto e ira en otro de nuestros flamantes diputados y fue nada menos que el representante de la tierra donde nació el burro Torcuato, y quien lleva el apellido de varias caudalosas avenidas (Ríos) quien, al mejor estilo cantinflesco, sacó otra pistola más grande y dijo: “por mis pistolas, a mí nadie me mata a garrotazos”.

Sería bueno averiguar de qué tamaño es la pistola del jefe de los diputados, pues ellos son su reflejo y están cargados de presión al estilo volcán que en cualquier momento hará explosión.

En esa entrada por vía equivocada que hizo el diputado Avellán, estaba no el pueblo sandinista que estoy seguro, no le hubiera dejado salir con vida de ese lugar. Estaba Fuente Ovejuna y ¿quién es Fuente Ovejuna? (¡Todos a una señor!).

Moraleja: Si en este paisito llegara a darse la desgracia de que hubiera una medio asonada, estos flamantes no quedarían ni en el mapa, ni en el Registro Público de las Personas como ciudadanos. Tengan cuidado y sepan enrumbar sus barcos.  

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