Margarita G. de Matus
La Iglesia Católica ha sufrido ataques y persecución desde los primeros tiempos. Así es que no es nada extraño que hoy suceda igual. Tal vez lo que actualmente sorprende a sus detractores es que la voz de nuestros Pastores hoy se deja oír con valentía defendiéndose con derecho.
Lo bueno que hacen los sacerdotes, no se nota; en cambio si alguno de ellos comete un error se le da una publicidad exagerada con bombos y platillos, y esto también no es de extrañar, siendo que el bien es callado y en cambio el mal es ruidoso.
Cuesta creer que existan mentes tan pobres en personas que por ser profesionales se supone que deberían pensar con claridad, sin dejarse llevar por motivaciones ideológicas, por viejos resentimientos y en el mejor de los casos, por ignorancia; al punto de criticar estúpidamente el que un sacerdote vaya al extranjero a poner su cara en vergüenza, a pedir, a desgastarse físicamente con el único afán de traer diversos objetos que luego los vende en un bazar, no para su propio beneficio, sino para construir centros de salud, escuelas, templos dignos y decentes para adorar a Dios, etc.
Aquí cabe el refrán que dice: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Tal pareciera que no han salido del monte a la ciudad y jamás han visitado o disfrutado de una kermesse, donde siempre hay un bazar en el que se vende toda clase de objetos que los organizadores han conseguido pidiendo a las personas de buen corazón, y el producto de esta venta es destinado a los más necesitados.
Cuando comencé a escribir esta nota me sentía airada, más en este momento mi alma se siente triste al constatar cómo nos queremos destruir entre nosotros, siendo hijos de un mismo Padre. Destruir quizá sólo con el afán de aprovechar el momento o de no dar su brazo a torcer. Tengamos presente que Jesucristo estará con su Iglesia hasta el final de los tiempos como lo prometió. Y la Iglesia es una, nosotros los fieles en unidad con nuestros Pastores; y quien diga lo contrario no pertenece a la Iglesia Católica.
Cooperadora Salesiana de Masaya.