- Los aperos de pesca son muy caros y se compran en dólares; mientras los pescadores reciben córdobas por su producto
- Recursos financieros, exoneraciones y respeto a las leyes, son los requerimientos de los pescadores artesanales
Martha Danelia Corea [email protected]
Cinco de la mañana. Don Roberto Laínez, pescador artesanal de Poneloya —en el Occidente del país— parte con su lancha y equipo de pesca hacia mar adentro junto a otros marinos para iniciar la captura del día.
La actividad en mar adentro tarda entre cuatro y cinco horas, dependiendo de la captura, la que algunas veces llega a ser buena en el sentido que la producción es suficiente para cubrir los costos de operación; en otras ocasiones, hay días, como el que tuvo ayer don Roberto, donde no logran pescar “ni una sola escama” incurriendo en pérdidas para sus bolsillos pues los pescadores dijeron trabajar por cuenta propia, siendo la pesca artesanal más una actividad de sobrevivencia donde “cada quien se defiende como puede”.
Esto es el resultado, según manifestaron los marinos; de que este gremio no cuenta con fuentes de financiamiento y de no estar asociados a ninguna cooperativa.
“Nosotros no tenemos a nadie que nos financie, trabajamos por cuenta propia. El problema que tenemos es falta de financiamiento para adquirir nuestros equipos (redes, motores, lanchas)”, manifiesta don Roberto Laínez, quien pese a todo, posee una lancha.
Juan Ramón es más afortunado. Posee seis lanchas con sus motores. Lo encontramos en Miramar mientras recibía la cosecha que el mar le dio ese día. “Todos trabajamos por cuenta propia, aquí (no hay) nada de cooperativa, uno tiene que poner de su plata y comprar el equipo (lanchas, motores, redes combustible)”, apunta.
DEMANDAN RECURSOS
Julio Torres se dedica a la pesca artesanal en Poneloya. Él posee dos lanchas “una de fibra que me cuesta 5,300 dólares con su motor, y la otra, de madera, que me costó 25,000 córdobas sin motor”.
Para este pescador, lo que más demanda el gremio son recursos para adquirir equipos, pues “cada quien trabaja a como puede”.
“Lo que nosotros necesitamos sería un financiamiento grande, de equipo, si es posible más lanchas, las casas comerciales (que nos financien) con los motores”, expresó Torres.
Los pescadores están enfrentando una situación bastante difícil en cuanto a los bajos costos de los precios del producto y a los altos costos de los aperos (equipos) de pesca, manifestó Celso Guerrero, presidente de la Federación Nicaragüense de Pescadores Artesanales (Fenipesca).
“Los está ahogando la falta de financiamiento y el alto costo (de operación), porque un motor anda por los 4,500 dólares, y al pescador nadie le paga en dólares, todo mundo le paga en córdobas”, manifestó Guerrero.
Durante un recorrido que realizó un equipo de LA PRENSA por las localidades de Puerto Sandino, Poneloya y Miramar, ubicada en León al occidente del país, se observó que la principal fuente de ingresos para los pobladores de esta zona proviene de la pesca.
SIN RESPUESTA OFICIAL Y GREMIAL
Miguel Marenco, director de la Administración Nacional de la Pesca (Adpesca), sostiene que esta institución no puede darle solución a los problemas financieros que enfrentan los pescadores artesanales.
“Ése (la falta de financiamiento) es el primer problema (que tienen los pescadores) y Adpesca lamentablemente no puede hacer nada. Nosotros somos una entidad técnica, nosotros sugerimos las mejores estrategias de pesca: qué artes de pesca no son depredadoras, cuáles van en consonancia con el medio ambiente”, expresó Marenco.
Fenipesca también les cantó cero a los pescadores. “Como organización no contamos con ningún tipo de financiamiento, de esa manera no le podemos dar ninguna respuesta al sector, lo único que estamos haciendo es tratar de conseguir algunos financiamientos. Tal vez, vía gobierno o vía organismo, porque es la única alternativa”, alega su presidente.
Guerrero considera que los pescadores que trabajan de forma individual, sin estar organizados en ninguna asociación, enfrentan más problemas que quienes están organizados, al no tener quienes los representen. Empero, señaló que Fenipesca no tiene capacidad de representar a todos los pescadores, alegando falta de recursos.
SOLICITAN EXONERACIONES
Además del financiamiento los pescadores piden ser exonerados del Impuesto General al Valor (IGV) en la compra de instrumentos de pesca y del Impuesto Específico de Consumo (IEC), para el caso del combustible.
“Necesitamos la exoneración para nosotros los pescadores, porque lo que es el impuesto de estos motores es carísimo y a nosotros nos cuesta bastante el dinero, porque andar en el mar es un riesgo alto para nosotros”, expone el pescador Julio Torres.
Agrega que, en el combustible, “necesitamos exoneración. Nosotros estamos comprando el galón de gasolina a 28.29 córdobas, y yo compro, cuando la pesca está buena y hay que entrar dos veces por día al mar, 100 galones semanales”.
Celso Guerrero, de Fenipesca, sostuvo que los equipos de pesca entran exonerados, “pero de esas exoneraciones gozan únicamente las empresas exportadoras y no los pescadores. Entonces, directamente los pescadores no son beneficiados con ningún tipo de exoneración de sus herramientas de trabajo”.
La Ley 382 o Ley de Admisión Temporal para Perfeccionamiento Activo y de Facilitación de las Exportaciones, publicada en La Gaceta número 70 del 16 de abril del 2001, exonera del pago de derechos, impuestos de importación u otros tributos las mercancías que ingresen al país y que son utilizadas para la elaboración del bien a exportar, esto con el fin de promover las exportaciones.
La ley establece en su artículo cinco, párrafo tres, que “se exceptúan del derecho de suspensión o devolución los tributos que graven la gasolina y el diesel, salvo para las actividades comerciales pesqueras, incluyendo la pesca industrial, artesanal y la acuicultura”.
CADENA DE COMERCIALIZACIÓN
La cadena de comercialización para la producción obtenida vía artesanal inicia por el pescador, quien le vende al acopio y el dueño de éste a la planta exportadora.
“Esta producción se la vendemos a Expomar, lo que es langosta grande, que la paga a 155 córdobas la libra; la langosta pequeña se distribuye en los mercados, y el pescado que se le entrega a las paneras (vendedoras ambulantes)”, manifiesta Julio Torres de Poneloya.
“Yo le pago al pescador el pargo a 12 córdobas la libra. La empresa a la que le vendemos es Expomar, que paga la libra de pargo a 15 córdobas y la langosta a 155 córdobas la libra de la grande”, detalla por su parte Juan Román, pescador artesanal de Miramar.
Roberto Laínez, de Poneloya, dijo que el pescado blanco se lo venden a las paneras a seis córdobas la libra. “El más caro es el pargo que lo compran las empresas; por ejemplo, Expomar, la Nicanor; ahorita está a 15 (córdobas la libra)”, agrega Laínez.
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