Amo tu dulce tacto,
que prolonga hasta mi propia muerte,
y las estrellas en tus ojos
me dan más que lo suficiente.
Estoy rodeado por el fuego que te encierra,
más linda eres, que la luna llena,
lo veo en tus pupilas alumbradas,
que dan agua a mi vida seca.
Tu silencio me quiebra en dos,
mi corazón, palpitando en tu dulce ardor,
me dice que nada vale,
tanto como nuestro sereno amor.
La áspera sensación del perdimiento,
lo llevo contigo,
y mi pobre remordimiento,
para de ser continuo.