- La derrota del Francia en el Mundial
Cristina FradeEl Mundo
PARÍS.- En francés el azul es el color de los cuentos de hadas, pero también del miedo, de la cólera y de los cardenales en el cuerpo que en español vemos morados.
Los Azules, que así llama Francia a su selección de fútbol, añadieron el martes nuevas acepciones negativas al tinte de su camiseta, sobre todo decepción y vergüenza. La temprana eliminación de la campeona de Europa y del Mundo hirió en lo más profundo el chauvinismo galo, sumió al país en el abatimiento y tuvo incluso resonancias políticas y económicas.
Hasta el último momento del partido, Francia había conservado la esperanza, echando la culpa a otros de sus anteriores derrotas. Que si un mal de ojo, que si un árbitro en contra, y por supuesto, que si faltaba Zidane.
Algunos hablaban ya de un equipo aburguesado, estrella de los medios y de la publicidad, que se había quedado sin resuello en el campo, aunque la mayoría no quería escuchar, convencida de que aún era posible el milagro. Pasaban los minutos y los Azules corrían hacia la puerta de salida del Mundial sin haber marcado un sólo gol en tres partidos. La humillación fue primera noticia en todos los boletines y telediarios.
El presidente de la República, Jacques Chirac, se declaró “profundamente decepcionado” y se olvidó de la humildad al intentar dar ánimos: “Hay que superar este fracaso y trazar de nuevo un recorrido a la altura del fútbol francés, que debe seguir siendo una referencia mundial”. Un triunfo de la selección habría sido un buen augurio para su segundo mandato recién estrenado y un espaldarazo para las legislativas del próximo domingo.
Más filosófica fue la reacción del primer ministro, Jean-Pierre Raffarin: “El deporte es rico en incertidumbres, una ocasión para la fuerte movilización de un país, no para un exceso de nacionalismo. Hay que respetar al adversario y no quemar lo que ayer se adoraba”.
El número dos del Movimiento Nacional Republicano (MNR), un partido de la extrema derecha, hizo una lectura más política de la derrota. “El resultado ridículo y humillante del equipo de Francia acaba con la propaganda inmigracionista desencadenada en el Mundial de 1998”, aseguró Jean-Yves le Gallou, aludiendo a la composición de la selección, que fue erigida en su día como símbolo de una Francia multicultural.
GOLPE FINANCIERO
Para los patrocinadores de los Azules, llega el ajuste precipitado de sus multimillonarias campañas publicitarias.
Y en TF1, la cadena que adquirió los derechos televisivos en exclusiva por 168 millones de euros (incluidos 24 partidos del Mundial de Alemania), las caras estaban tan largas como en las calles de París y Marsella. La cadena tenía previsto cobrar 220,000 euros por cada anuncio durante un partido de la selección.