- Dos maestros españoles proponen hacer una prueba de ADN que debe revelar el destino final de los restos del navegante
- Santo Domingo, en República Dominicana; y Sevilla, en España, reclaman esa distinción
Daniel WoollsAP
MADRID.- Dos maestros españoles se aprestan a utilizar la tecnología de la ADN para resolver una vieja interrogante: dónde están sepultados los restos de Cristóbal Colón.
El honor se lo disputan Sevilla y Santo Domingo.
Durante más de 100 años, el tema es objeto de debate y la única forma de asegurarse de la verdad es mediante la comparación de tejidos de ADN, dice Marcial Castro, maestro de historia.
Usando esa tecnología, Castro espera poder usar tejido de los huesos que descansan en criptas en Sevilla y en Santo Domingo, para compararlo con una muestra de los restos de Hernando Colón, pues han sido sometidos a pruebas de autenticidad y son los únicos disponibles de alguien relacionado con Colón, dijo Castro.
Esos restos descansan en la Catedral de Sevilla, junto con los huesos de los que España dice son del Descubridor.
En Santo Domingo descansan los que las autoridades dominicanas dicen son los restos auténticos de Cristóbal Colón, en una cripta en el monumento llamado Faro de Colón.
Castro, aparte de ser maestro en una escuela secundaria de la provincia de Sevilla, es estudioso de genealogía y ha publicado varias obras sobre personajes históricos.
El gobierno regional andaluz aceptó mediar y pedir a las autoridades eclesiásticas de Sevilla que abran la tumba de Colón. Según Castro, es inminente una reunión con representantes de la Iglesia.
“El corazón me da saltos’’, dijo Castro, que emprendió su investigación junto a su colega Sergio Algarrada, maestro de biología en la secundaria Ostippo, en la población de Estepa.
Ambos pidieron la ayuda de José Antonio Lorente, director del Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada, para examinar el ADN de varias muestras procedentes de los restos.
Lorente practica la investigación de ADN en casos criminales aunque también ha ayudado a identificar gente muerta por regímenes militares en América Latina. Su laboratorio también hace trabajos para el FBI norteamericano.
Lo que no está claro es si la Iglesia católica de España permitirá que se tomen muestras o si el gobierno dominicano dejará que peritos abran la cripta para tomar muestras de los huesos en el Faro de Colón.
Luis Yaport, subdirector del monumento, dijo que la decisión final será tomada por el presidente Hipólito Mejía y las autoridades eclesiásticas.
Yaport afirma que “si de verdad se puede probar que éstos son los restos de Colón, o que no lo son, mucho mejor’’.
En España no parece haber renuencia a enterarse de si los huesos que descansan en Sevilla son o no de Colón.
CÓMO SE LLEGÓ A LA CONFUSIÓN
Colón murió en Valladolid el 20 de mayo de 1506. Había pedido que se le sepultara en las Américas, pero en ese momento no existía iglesia de calibre, así que fue enterrado en un monasterio de Valladolid.
Tres años después, sus restos fueron trasladados al monasterio de La Cartuja, en la isla La Cartuja de Sevilla. En 1537, se le permitió a María de Rojas y Toledo, viuda de Diego Colón, hijo del Descubridor, trasladar los huesos de su esposo y el padre de éste a la catedral de Santo Domingo. Allí descansaron hasta 1795, cuando España cedió La Española a Francia y decidió que los restos de Colón no debían quedar en manos de extranjeros.
Es así que los restos de lo que los españoles supusieron eran los de Colón fueron exhumados de detrás del altar mayor de la recién construida catedral y trasladados a la catedral de La Habana, allí descansaron hasta que comenzó la guerra hispano-norteamericana en 1898 y España los trasladó a Sevilla.
El ir y venir de los restos fue algo de profunda controversia.
En 1877, los obreros que cavaban en la catedral de Santo Domingo extrajeron una caja que tenía 13 grandes fragmentos de huesos y 28 más pequeños. Tenía la caja la inscripción “Varón ilustre y distinguido, don Cristóbal Colón’’.
Los dominicanos dicen que éstos eran los verdaderos restos de Colón y que los españoles debieron extraer un cadáver equivocado en 1795. Los restos que hallaron los dominicanos son los que descansan en el Faro.