Casi 12 horas de trabajo no son suficientes para ajustar un metro de piedrín.

La dura tarea de los “Trituradores humanos”

María Antonia López M. [email protected] EL RAMA, RASS.- Hay trabajos de trabajos. La justicia no se practica pareja para todos. Pero cuando la necesidad es latente, no se puede obviar por motivo alguno, la posibilidad de tener algún tipo de ingresos de la forma que sea, aunque ésta lleve entre sí un nivel de rudeza […]

María Antonia López M. [email protected]

EL RAMA, RASS.- Hay trabajos de trabajos. La justicia no se practica pareja para todos. Pero cuando la necesidad es latente, no se puede obviar por motivo alguno, la posibilidad de tener algún tipo de ingresos de la forma que sea, aunque ésta lleve entre sí un nivel de rudeza que asombra.

Calixta Soza, no sólo carga con sus sesenta años, sino con el balde lleno de piedras que le ayudan a sobrevivir. Toda la familia vive del oficio: extraer el duro material de un cerro, ubicado a la salida del pueblo.

No se trata sólo de sacarlas porque sí, sino el convertirlas en pequeñas fracciones que las han dado en llamar “piedrín” un oficio que esclaviza, y cualquiera pudiera pensar que hace muchos años ya no se realiza.

La verdad está ahí, al menos unas 50 personas, salen desde antes de las seis de la mañana de sus casas, cargando sus herramientas, para trasladarse al cerro, recomponer las pequeñas champas de plástico y limpiar el suelo de molestos objetos donde deberán sentarse para iniciar el golpeteo entre el mazo y las piedras.

Calixta es de las primeras que llegó al sitio hace cuatro años, la meta es llenar siete baldes al día para poder cumplir con un metro de piedrín. No siempre se puede y así es cuando menos se gana.

Aunque el descanso es obligatorio, hacerlo significa atrasarse, por eso con avidez aprovechan la mayor parte del tiempo picando rápidamente, llenando y amontonando a un lado, donde cada quien espera la llegada de los compradores.

Ya registran desventuras. No tienen protección alguna, para sus ojos y manos. Según Calixta un abogado del pueblo consiguió una donación de guantes y lentes, pero los mismos ya se destruyeron. La ausencia de equipo de protección, ha dejado ciega de un ojo a una trabajadora cuando le salpicara el duro material un día de tantos.

Cristina Pérez, también trabaja en el sitio, tiene 58 años, ya sufrió un susto, cuando un día tratando de extraer piedras desde arriba resbaló, suerteramente no se golpeó, pero las consecuencias pudieron ser mayores.

BAJA PAGA

Antes este oficio era controlado por la Alcaldía Municipal, y un funcionario se encargaba de comprar la cantidad y poner el precio. Durante ese tiempo, solamente conseguían 2.50 córdobas por cada balde de piedra triturada.

El grupo decidió que era un precio muy bajo, y decidieron no venderle más a la municipalidad, sino a quien quisiera comprarles. Las diferencias, llevaron a la municipalidad cerrar el paso hacia el cerro, a quienes querían adquirir el material, o bien cobrando una tasa excesivamente alta.

Finalmente las personas que se dedican a la fabricación del piedrín lograron acordar con la Alcaldía que les dejara trabajar como ellos pedían.

Eso permitió que pudieran elevar un poco el precio del balde a cuatro córdobas cada uno, aunque el precio aún no compensa el esfuerzo que realizan.

Porque de ese ingreso no sólo depende la alimentación, sino las medicinas para tratar sus males por artritis y padecimientos renales causados por la posición incómoda en que deben trabajar durante todo el día.

Las seis de la tarde es hora de retirarse, pero para estas mujeres, el trabajo continúa, llegando a casa, tienen que cocinar y lavar ropa para el marido, las que tienen y para sus pequeños hijos, las abandonadas, que son la mayoría.  

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