- Los Indios ganaron el título de forma súbita y la fanaticada respondió
Wilder Pérez R. [email protected]
El amor no es el único lenguaje universal. También lo es el deporte. Ayer así lo demostró el Pacífico de Nicaragua luego que los Indios del Bóer derrotaran al Chinandega 4-3 en su propio estadio y se coronaran campeones del béisbol nacional.
Cientos de fanáticos capitalinos fueron a encontrar a su equipo preferido a lo largo de la Carretera Panamericana, para acompañarlo desde el trayecto Chinandega-León, hasta Metrocentro.
Ahí se improvisó una fiesta popular que ni siquiera un partido político en su cierre de campaña podría garantizar. Después de tres horas y media de viaje desde Chinandega, los “mimados de la capital” fueron recibidos en Ciudad Sandino por un mar de gente que celebró con juegos pirotécnicos la victoria.
CELEBRACIÓN ESPONTÁNEA
Para entonces la caravana que acompañaba al bus indígena se extendía por varios kilómetros sobre la carretera. Los autos sustituyeron sus rótulos de “Se vende” por “¡Viva el Bóer!”, en una victoria que a fin de cuentas no esperaban.
“No estamos pensando en ninguna celebración aún, vamos a ver qué pasa”, dijo a LA PRENSA el directivo del Bóer Joseph Mendoza justo antes del último out del partido, que se extendió hasta el décimo inning.
Pero los Indios ganaron arrebatándole “milagrosamente” el partido en el octavo episodio al Chinandega, que para entonces tenía la ventaja de 3-0, con un out, y Mario Holmann corriendo en primera base. Un error en fildeo de Jimmy González en ese mismo episodio, abrió las puertas de la victoria, porque después, Marlon Abea conectó un doble con bases llenas que empató el encuentro.
La presión de Sandy Moreno en el home plate antes de empujar la primera carrera del Bóer, fue antagónica a jolgorio de los boeristas, que desde distintos municipios occidentales se salieron a la carretera para ver pasar a los campeones.
Los cientos de vehículos que conformaron la caravana parecían más bien una masa de hormigas locas corriendo en la misma dirección, como si fuera competencia por ir más cerca del Bóer. Todos desde ahí parecían querer un trozo de Francisco Hernández por impulsar la carrera de la victoria en uno de los partidos más emocionantes de la serie final.
Antes de las 7:00 p.m. el equipo arribó a Las Piedrecitas y fue recibido por un océano de brazos en alto y gritos desordenados que se resumían en felicitaciones al Bóer y expresiones de felicidad. Ahí la fiesta se extendió sin preocupaciones de límites.
A pesar que el juego ganado se anotó a Martín Bojorge, toda Managua se sintió vencedora, y Chinandega quedó en silencio lamentando no haberle hecho el regalo al mentor Argelio Córdoba: un campeonato antes de morir.
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